NovelToon NovelToon
Nos Queríamos En Silencio

Nos Queríamos En Silencio

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia
Popularitas:499
Nilai: 5
nombre de autor: samuel luna

Es una historia sobre la amistad, los sentimientos callados y el miedo a cambiar lo que ya se tiene por decir la verdad.

NovelToon tiene autorización de samuel luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2: La persona equivocada

Durante los tres días siguientes intenté convencerme de que no debía pensar en la frase de Daniel.

“Creo que me gusta alguien.”

La repetía en mi cabeza mientras caminaba hacia la universidad, mientras esperaba el autobús, mientras hacía fila para comprar una empanada en la cafetería y hasta cuando intentaba estudiar.

La frase había encontrado un lugar propio dentro de mí, como una canción pegajosa que no te gusta, pero que no puedes dejar de tararear.

No sabía qué me dolía más: imaginarlo enamorado de otra persona o descubrir que, aunque fuera mi mejor amigo, quizá no me contaría nada.

Daniel y yo siempre habíamos sido así.

Inseparables, según los demás.

Ridículamente cercanos, según mi hermana.

Una pareja sin beso, según una amiga de la secundaria que había insistido en que solo era cuestión de tiempo.

Yo me había reído entonces.

Había sido más fácil reírme que admitir que, si Daniel me besaba, probablemente olvidaría cómo respirar.

El jueves, él me esperaba junto a la entrada de la biblioteca.

Llevaba una carpeta bajo el brazo y el cabello revuelto por el viento.

Cuando me vio, alzó la mano.

—Llegas tarde.

—Llegas temprano.

—Eso no responde.

—Entonces sí, llego tarde.

—Qué bueno que lo admitas.

Me acerqué y le quité la carpeta.

—¿Qué hiciste con mis apuntes?

—Los organicé.

—No te pedí que organizaras nada.

—Precisamente por eso lo hice.

Abrí la carpeta.

Mis hojas estaban separadas por colores y sujetas con pequeños clips.

Había incluso una lista de temas pendientes, escrita con la letra de Daniel, inclinada y desordenada.

—Eres insoportable.

—Y aun así viniste.

Le devolví la carpeta, tratando de ignorar la forma en que mi estómago se encogía cada vez que él sonreía.

Entramos a la biblioteca y ocupamos nuestra mesa habitual, junto a la estantería de literatura latinoamericana.

Estudiar con Daniel era una mezcla extraña de concentración y distracción.

Podía pasar una hora explicándome una teoría complicada y, de repente, señalar una frase absurda en un libro para hacerme reír.

Ese día, sin embargo, ninguno de los dos logró concentrarse.

Yo fingía leer.

Él fingía tomar notas.

—¿Vas a preguntarme? —dijo de pronto.

—¿Qué cosa?

—Lo de la persona que me gusta.

Sentí calor en las mejillas.

—No tengo por qué preguntarte.

—Llevas tres días preguntándome con la cara.

—Mi cara no pregunta nada.

—Tu cara grita.

Cerré el libro.

—Solo me dio curiosidad.

—¿Curiosidad o preocupación?

—¿Por qué estaría preocupada?

Daniel apoyó los codos sobre la mesa y se inclinó un poco hacia mí.

—Porque todo te preocupa cuando se trata de mí.

Quise reírme, pero él no estaba bromeando.

—Eso no es cierto.

—¿Ah, no?

—No.

—Te preocupas cuando llego tarde. Cuando no almuerzo. Cuando me duele la cabeza. Cuando tengo un examen. Cuando discuto con mi papá. Cuando…

—Ya entendí.

—No, no entiendes.

La forma en que dijo esas palabras me hizo bajar la mirada. Daniel hablaba más despacio cuando estaba a punto de decir algo importante. Lo conocía lo suficiente para saberlo.

—Entonces explícame, murmuré.

Durante unos segundos no dijo nada. Yo escuché el ruido de las páginas al pasar, el murmullo de los estudiantes y el zumbido constante del aire acondicionado.

—No sé cómo hacerlo —admitió.

—¿No sabes cómo explicarme quién te gusta?

—No sé cómo explicarte lo que siento.

Mi corazón empezó a latir demasiado fuerte.

—Eso es distinto.

—Sí.

—¿Te gusta de verdad?

Daniel sonrió, pero no con alegría.

—Creo que sí.

—¿La conoces desde hace mucho?

—Desde hace años.

La palabra “años” cayó sobre la mesa como una moneda pesada.

—¿Es de la universidad?

—Sí.

—¿De tu carrera?

—Más o menos.

—¿Más o menos?

—A veces coincidimos.

—Eso no ayuda.

—No estoy intentando ayudarte.

—Qué amable.

Daniel soltó una risa baja. Era una risa que yo había aprendido a reconocer incluso a la distancia. Una parte de mí se calmaba al escucharla. Otra parte se enamoraba un poco más.

—No te lo he dicho porque no sé si ella siente lo mismo —dijo.

—¿Y por qué no se lo preguntas?

—Porque si me dice que no, después todo cambia.

Mi primera reacción fue levantar la vista. Había algo dolorosamente familiar en esa frase. Yo también vivía aterrada de que todo cambiara. La diferencia era que Daniel no sabía que la persona que podía rechazarlo estaba sentada frente a él todos los días.

—A veces las cosas ya cambian aunque no digas nada —respondí.

—¿Eso significa que debería arriesgarme?

—Significa que no puedes esconderte para siempre.

Daniel me miró con atención.

—¿Tú te arriesgarías?

La pregunta me atravesó.

Podría haberle dicho que sí. Podría haber usado aquel momento para confesarle que me gustaba, que llevaba demasiado tiempo callándome, que cada vez que hablaba de otra chica sentía que algo dentro de mí se rompía despacio.

Pero en lugar de eso, sonreí.

—Depende de la persona.

—¿Y si fuera alguien importante?

—Entonces sería peor.

—¿Peor?

—Sí. Porque habría más que perder.

Daniel bajó la mirada. Durante un instante pensé que había entendido algo que yo no había dicho. Me imaginé que iba a preguntarme si hablaba de nosotros. Me imaginé que él también había estado guardando palabras.

No lo hizo.

—A veces creo que ella no me ve de esa manera —dijo.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

—¿Ella?

—Sí.

—¿Y cómo te ve?

Daniel se recostó en la silla.

—Como alguien en quien puede confiar.

La respuesta era tan parecida a la mía que tuve que apartar la mirada para no revelar nada.

—Eso no está tan mal —dije.

—No, pero tampoco es suficiente.

No supe qué contestar.

Daniel abrió su cuaderno y pasó varias páginas sin mirar realmente ninguna.

—Hay algo más —añadió.

—¿Qué?

—Creo que ella está interesada en otra persona.

Intenté que mi rostro no cambiara. Lo conseguí a medias.

—¿Y tú cómo lo sabes?

—No lo sé. Es una intuición.

—Las intuiciones suelen equivocarse.

—Las tuyas, tal vez.

—Las tuyas también.

Daniel sonrió.

—Entonces todavía tengo una oportunidad.

La frase me dolió y me alivió al mismo tiempo. Dolió porque él estaba pensando en otra persona. Alivió porque, al menos, no había decidido rendirse.

Esa tarde estudiamos durante horas.

Cuando salimos de la biblioteca, el cielo estaba anaranjado y el viento olía a lluvia. Daniel me acompañó hasta la parada del autobús.

—¿Vas a decirme quién es algún día? —pregunté.

—Tal vez.

—¿Tal vez?

—Cuando esté seguro.

—¿Y cuándo vas a estar seguro?

Daniel dio un paso hacia mí.

No era la primera vez que estaba tan cerca, pero esa tarde todo parecía distinto.

Sus ojos se detuvieron en mi boca por un segundo tan breve que quizá lo imaginé.

—Cuando deje de tener miedo —dijo.

El autobús apareció al final de la calle.

Yo quería pedirle que no subiera conmigo.

Quería quedarme allí hasta que oscureciera. Quería decirle que no necesitaba estar seguro de nada, que yo podía hacer que dejara de tener miedo.

En cambio, sonreí.

—Entonces te tocará esperar.

—¿Me esperarías?

La pregunta quedó suspendida entre los dos.

El autobús frenó junto a la acera. Las puertas se abrieron.

Yo subí el primer escalón y me volví hacia él.

—Siempre lo hago.

Daniel sostuvo mi mirada durante un momento largo.

Luego sonrió de esa manera que me hacía olvidar cualquier promesa que hubiera hecho de protegerme.

—Lo sé.

Las puertas se cerraron y el autobús comenzó a avanzar.

A través de la ventana, lo vi quedarse en la parada, con las manos en los bolsillos y la cabeza ligeramente inclinada.

Yo seguí mirándolo hasta que desapareció.

Después apoyé la frente contra el vidrio y cerré los ojos.

La persona equivocada no era la que él amaba.

La persona equivocada era yo, por seguir esperando que algún día pudiera quererme del mismo modo.

1
Julián
excelente
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play