💕 Descripción
Esta historia comienza con dos jóvenes que jamás imaginaron que llegarían a cambiar sus vidas. Ella es una chica de buen corazón, alegre y soñadora, pero sus compañeros constantemente se burlan de ella por su cuerpo y la hacen sentir insegura. Cada comentario termina afectando su autoestima, hasta que aparece él, un joven que comienza a enamorarse sinceramente de ella. Para él, su apariencia no define su valor. Siempre busca recordarle lo bonita, especial y valiosa que es, animándola a creer más en sí misma. Poco a poco, ella descubrirá que merece ser querida, respetada y feliz, mientras ambos construyen una hermosa historia de amor.
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Capítulo 2: Un apodo que dolía
Al día siguiente me levanté temprano. Después de bañarme, abrí mi clóset y me quedé pensando qué ponerme. Finalmente escogí una blusa rosada de manga corta, un jean azul y mis tenis blancos. Me arreglé el cabello, me puse unos aretes pequeños y agarré mi bolso.
Antes de salir, mi tía me miró desde la cocina.
—¡Mi patico! Venga acá.
Me acerqué y ella me acomodó un mechón de cabello.
—Usted está bella, ¿oyó? No deje que nadie le dañe el día.
Sonreí un poquito.
—Gracias, tía.
—Y camine con la frente en alto, que usted vale muchísimo.
—Sí, señora.
Salí de la casa rumbo al instituto. El sol de Barranquilla ya estaba fuerte y el calor se sentía desde temprano. Mientras caminaba, intentaba convencerme de que ese día sería diferente.
Pero apenas llegué al instituto, escuché unas risas.
—¡Ajá, ahí viene el tanque de guerra!
Me quedé quieta.
Sentí que se me helaba el cuerpo.
No entendía por qué tenían que seguir molestándome.
—¡Tanque de guerra! —repitió otro.
Algunos comenzaron a reírse.
Miré mi celular y encontré varias publicaciones y mensajes donde habían usado una foto mía junto con ese apodo. Mi cara estaba ahí, acompañada de imágenes que se burlaban de mí.
Sentí una presión horrible en el pecho.
—¿Por qué hacen esto? —murmuré.
Guardé el celular rápidamente y caminé por el pasillo tratando de no llorar.
No quería que me vieran llorando.
No quería darles el gusto.
Pero cada paso que daba hacía que las lágrimas fueran más difíciles de contener.
Entré al baño, me encerré en uno de los cubículos y finalmente dejé que las lágrimas salieran.
—Yo no les he hecho nada... —dije entre sollozos.
Me limpié la cara con las manos.
Entonces escuché que alguien entraba.
—¿Valentina?
Reconocí aquella voz inmediatamente.
Era Chiquis, mi mejor amiga.
Salí del cubículo y, apenas me vio, abrió los brazos.
—¡Ay, mi niña!
Me abrazó fuerte.
Yo apoyé la cabeza en su hombro.
—Otra vez te molestaron, ¿verdad? —me preguntó.
Asentí.
—Me pusieron un apodo horrible.
—¿Cuál?
Me dio pena decirlo.
—Me dicen "tanque de guerra".
Chiquis abrió los ojos, indignada.
—¿Qué? ¡Ay, no, ombe! Esa gente sí tiene demasiado tiempo libre.
Me sequé las lágrimas.
—Hasta pusieron fotos mías en los pasillos y en el celular.
—¿En serio?
Asentí nuevamente.
Chiquis me tomó de los hombros.
—Escúchame bien, Vale. Tú no eres ese apodo. Tú eres Valentina. Mi mejor amiga. La pelaíta que se ríe conmigo por cualquier bobada y que siempre está ahí cuando la necesito.
Volví a llorar, pero esta vez no solamente de tristeza.
—Gracias, Chiquis.
—No me agradezcas nada. Para eso están las amigas, ¿oíste?
Me abrazó otra vez.
—Y si vuelven a molestarte, no te vas a quedar sola. Vamos a hablar con un profesor y con tu tía. Esto ya se pasó de la raya.
Respiré profundamente.
—Tengo miedo de salir del baño.
—Pues salimos juntas.
Me tomó de la mano y caminamos hacia la puerta.
Antes de salir, me miré al espejo.
Todavía tenía los ojos llorosos.
Pero Chiquis estaba a mi lado.
Y eso me hizo sentir un poquito más fuerte.
Lo que ninguna de las dos sabía era que, al salir del baño, iba a cruzarme por primera vez con aquel muchacho que había visto días atrás.
El mismo que, desde lejos, había observado todo sin reírse.
Y aquella vez, nuestros ojos se encontraron.