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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:397k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

La cocina, que solía ser un lugar cálido y lleno de risas, ahora estaba cargada de tensión. Valentina se mantenía de pie frente a Andrés, conteniendo la rabia y la tristeza.

Estaba junto al fregadero con los brazos cruzados. El cabello todavía un poco húmedo de haberse bañado, pero su cara no tenía nada de fresca. Unas ojeras tenues le marcaban la piel debajo de los ojos, huellas de un insomnio que ya se había vuelto costumbre.

Andrés estaba del otro lado con la mandíbula tensa. La camisa de oficina impecable. Un reloj caro en la muñeca. El perfume de hombre inundando aquella cocina pequeña.

Pero toda esa imagen de pulcritud se derrumbó en cuanto sus ojos se encontraron con los de Valentina. Una mirada que normalmente era dulce, ahora cargada de heridas.

—Tú deberías entender por qué estoy enojada —dijo Valentina en voz baja, pero con peso en cada sílaba.

Andrés guardó silencio.

—Estoy dispuesta a cansarme. Dispuesta a no dormir bien. Dispuesta a no tener ni un momento para mí misma. ¿Y para qué? Por esta familia —la voz de Valentina empezó a quebrarse—. Pero tu familia me trata como si fuera una arrimada que no hace nada.

Esas palabras golpearon a Andrés en el centro del pecho. Tragó saliva. Por alguna razón, esa mañana miraba de verdad la cara de su esposa por primera vez en mucho tiempo. El rostro que siempre lo recibía con una sonrisa ahora lucía agotado. No era el cansancio de un día o dos de labores domésticas, sino un agotamiento acumulado durante años, sin que nadie le hubiera dado espacio siquiera para quejarse.

Andrés tomó aire, intentando contener sus propias emociones.

—Pero la realidad es que yo soy el único que trabaja y trae dinero.

Valentina soltó una risa corta. Una risa amarga que dejaba al descubierto la herida en su corazón.

—Y tú deberías ser capaz de administrar bien lo que te doy —insistió Andrés, bajando la voz. No tenía ganas de pelear tan temprano. La cabeza ya le punzaba de solo pensar en el trabajo acumulado que le esperaba en la oficina.

Valentina cerró los ojos un instante. Como si estuviera conteniendo algo para que no explotara. Después caminó hasta la mesa del comedor, tomó el sobre marrón que Andrés le había dado la noche anterior y se lo presionó contra el pecho.

—Adminístralo tú.

Andrés frunció el ceño.

Valentina lo miró directo a los ojos.

—Quinientos cincuenta dólares. Estoy segura de que en dos semanas ya se te habrían acabado —cada frase salía de su boca como una bofetada.

Andrés resopló con fuerza. Se llevó las manos a la cintura, la cara visiblemente hastiada de que Valentina no cediera un centímetro.

—Por eso quiero que tú también trabajes y me ayudes con los gastos de la familia.

La frase le salió así, como si no tuviera nada de malo.

Para Valentina fue como recibir un golpe en el centro del pecho. Se quedó inmóvil. Los dedos que un segundo antes acomodaban la mamila de Mateo dejaron de moverse. El aire se le apretó de golpe, como si algo la presionara desde adentro. Miró a Andrés sin poder creerlo.

¿Trabajar? ¿No había sido justamente Andrés quien más se opuso a que ella trabajara?

La memoria de Valentina saltó años atrás. Al principio de su matrimonio. Cuando todo todavía era tibio y lleno de amor.

Andrés había llegado con una sonrisa suave y una mirada llena de cariño. Le tomó las dos manos con fuerza y le dijo despacio:

Quiero que mi esposa se quede en la casa.

No quiero que nuestros hijos los cuide alguien más. Quiero que crezcan con el cariño de su propia madre.

Aquellas palabras simples le habían sonado hermosas a Valentina en aquel entonces. Se sintió amada, necesitada, valorada como esposa y futura madre.

Y por ese amor, Valentina renunció a todo. Lo dejó todo sin pensarlo demasiado. Porque en ese momento creía que su sacrificio sería reconocido.

Pero ahora le salía con:

—Para que no digan que eres una esposa que solo se gasta el dinero del marido —remató Andrés.

Algo dentro de Valentina se desmoronó despacio. Esa frase le atravesó el pecho. La humilló. Como si todo lo que había hecho en la casa durante años no valiera absolutamente nada.

Valentina lo miró largo rato. Los ojos empezaron a enrojecérsele, pero no de ganas de llorar. Era una decepción tan grande que hasta las lágrimas parecían haberse atorado.

Una sonrisa pequeña se le dibujó en los labios. Pero vacía. Sin calor alguno.

—Entonces, ¿cuál es la diferencia entre tener esposo y no tenerlo? —la voz de Valentina fue apenas un hilo, pero le cortó los oídos a Andrés.

Andrés se quedó mudo. La frase le clavó algo en el pecho.

Valentina se acercó otro paso. La distancia entre los dos era ya de nada.

—Si de todos modos tengo que ganarme la vida sola para mantener la casa, mientras mi esposo está más ocupado manteniendo a otra familia que a sus propios hijos y a su esposa... —su voz temblaba de emoción contenida. Soltó una risa corta. Una risa amarga que dolía de solo escucharla.

—¿Entonces para qué necesito un esposo?

Andrés se quedó clavado en su lugar. Sabía perfectamente lo que Valentina le estaba diciendo. Lo que durante años no se atrevió a decirle en la cara.

Valentina podía vivir sin él. Y por alguna razón, por primera vez desde que se casaron, Andrés tuvo miedo. Un miedo que apareció de la nada, que se le coló despacio hasta el pecho. Miedo de perderla. Miedo de que un día Valentina se cansara de verdad y se fuera.

Todo ese tiempo, Andrés había dado por sentado que su mujer siempre iba a aguantar. Siempre iba a ceder, siempre iba a quedarse callada.

Pero esa mañana era distinta. Valentina no estaba frente a él como la esposa obediente de siempre. Era una mujer que llevaba demasiado tiempo tragándose la decepción.

El corazón de Andrés se aceleró. Había muchas cosas que en realidad quería decirle. Pero el orgullo y el ego se las atoraron en la garganta. Al final, lo único que hizo fue agarrar su portafolio con brusquedad.

—Me voy al trabajo —dijo con frialdad. No porque no le doliera. Justamente porque no sabía qué hacer con lo que estaba sintiendo.

Valentina no contestó. Se quedó de pie, inmóvil, con la cara vuelta hacia otro lado.

Andrés caminó hacia la puerta con pasos pesados. Normalmente, Valentina lo acompañaba hasta la entrada, le llevaba la lonchera o al menos le recordaba que se cuidara en el camino. Sin faltarle nunca el abrazo y el beso de ánimo. Pero esa mañana nada de eso existió.

La puerta se cerró con fuerza. El golpe retumbó por toda la casa. Después, el silencio lo cubrió todo.

Valentina cerró los ojos despacio. Levantó la mano y se masajeó la sien, que le latía desde hacía rato. Apenas unos minutos de pelea, pero el cuerpo le pesaba como si hubiera cargado piedras.

Más que cuando lavaba montañas de ropa. Más que cuando se desvelaba toda la noche cuidando a un hijo enfermo. Porque resulta que enfrentarse al hombre al que siempre había respetado agotaba el alma mucho más que cualquier tarea doméstica.

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Gloria botero
Genial 🥰🥰🥰 me encanto la historia 👏👏
jacquelinne reyes
muy buena novela gracias a Dios no tuvo nada de mafia
anbell
una historia diferente de alegrías y desánimo.. de una reconciliación familiar con un final feliz ..con una lección de vida
Yoleyma Garcia
Ya me aburrió la novela, siempre lo mismo, una mujer con dinero, dueña de una empresa, imposible que aguante a un tipo sin personalidad propia, además que gastó los ahorros y no le dijo nada al esposo, ese mismo día lo mandó a dormir a casa de lis padres, es indignante
Ricardo Ramon Carrizo
excelente, felicitaciones 👏
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Guadalupe Mora Zetina
Andrés tu no tienes por qué estar cargando con problemas que no son tuyos que tú hermano se faje bien los pantalones y que se enseñe a de decir no que no siga siendo un pelele en manos de la familia de su esposa y tu hermano que les diga que ya no van a tener nada de el y si su esposa quiere irse que se valla que le pruebe a ver si es lo mismo ya estuvo suave de mantener a familias parásitos y vividoras ya estuvo por qué tú hermano sigue así de todos modos se acabará su matrimonio por qué el se va a cansar y a fastidiar que no sea tonto
Mirla Loyo
el problema de la familia de Andrés fue la mamá..y el padre por ser tan pasivo y tratar de participar en la destrucción de su hijo mayor, sin considerarlo, ni darle un hasta acá a la familia por comodidad de él mismo 😡
Dharahel
/Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Mirla Loyo
lo insólito es que la vieja aparentaba una vida de lujos que no se podía dar ya que eran unos patas en el suelo 🤷‍♀️🤣
Mirla Loyo
que descarada ésa HDP viendo lo que vive y sufre Gabriel y aún no ve lo que padeció su hijo mayor 😡
Mirla Loyo
pero que vaina, una cosa es ser solidaria con la familia de vez en cuando, pero otra es estar resolviendo los peos a diario, Andrés debe poner una raya para los límites 😡
Mirla Loyo
la Carmen es descarada, llamar a la familia de Rosario sinvergüenza 🤣🤣🤣
Mirla Loyo
le llegó el karma a ésa gentuza 🤣🤣🤣🤣
Mirla Loyo
en pocas palabras no han aprendido es na'.. nadie le a echado en cara a ésa vieja HDP que es la responsable de la infelicidad de sus hijos 😡
Mirla Loyo
coño pero Diego a debido poner reglas porque si la mapanare de la vieja sigue interviniendo, no van a llegar muy lejos 🤷‍♀️
Mirla Loyo
con razón la familia lo chupó por años..es más gafo y caído de la mata 🤦‍♀️🤣🤣
Mirla Loyo
no sé les escapó el idiota del marido prefería a la familia que a la propia 😡
Andrea Macedo
así de tontos algunos.
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