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La satisfacción de ser subestimada

La satisfacción de ser subestimada

Status: Terminada
Genre:Doctor / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:869
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Ariana Montero es, a los ojos de todos, una esposa insignificante.

Su suegra la humilla en cada cena. Su esposo, Simón Valverde, la exhibe como un adorno inútil mientras pasea a su amante del brazo frente a la familia. Nadie le pregunta adónde va por las noches. Nadie sospecha que debajo del vestido sencillo y el silencio calculado se esconde una de las cirujanas cardíacas más brillantes del país.

Cuando un misterioso inversionista llamado Santiago Guerrero la recluta para dirigir un ambicioso proyecto médico, los dos mundos de Ariana comienzan a colisionar. En el hospital es la "Doctora Genio", una leyenda anónima cuyos dedos han salvado vidas que otros daban por perdidas. En casa sigue siendo la mujer a la que nadie toma en serio.

Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

A medida que su identidad se resquebraja, Ariana descubre algo mucho más peligroso que un matrimonio roto: la muerte de sus padres —dos médicos célebres que perecieron en un supuesto accidente automovilístico— fue un asesinato orquestado por las mismas familias que hoy la rodean. Un hombre con el rostro marcado por cicatrices, un tío político con las manos sucias y una suegra cuya elegancia esconde complicidad van tejiendo un rompecabezas que lleva veinticinco años enterrado.

Entre conspiraciones familiares, traiciones inesperadas, bisturís y balas, Ariana deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para honrar la memoria de quienes le dieron la vida... y si el hombre que le ofrece protección merece también su confianza.

Porque en esta historia, ser subestimada no es una debilidad.

Es una ventaja.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Verónica apuró de un trago el vino que sostenía. El líquido rojo le supo amargo en la garganta.

A su alrededor, la fiesta seguía su curso: la música volvió a sonar y los invitados intentaban conversar como si nada. Pero era evidente que la atención de todos se había desplazado.

El único tema de conversación era Ariana.

Diversos comentarios de los invitados —la mayoría pertenecientes al ámbito médico— no dejaban de oírse en el salón.

—De verdad salvó una vida con un medicamento que ella misma formuló. Si eso es cierto… su nivel médico debe ser excepcional.

—¿Será realmente la Doctora Genio que tantos grandes hospitales llevan buscando?

Esos cuchicheos eran como agujas clavándose en los oídos de Verónica. Sus puños se cerraron. El plan que había preparado con tanto cuidado terminó convirtiéndose en el escenario perfecto para exhibir la brillantez de Ariana.

Mientras tanto, junto a la mesa de bebidas, Simón permanecía inmóvil. Sus ojos apuntaban hacia la salida del salón, por donde Ariana se había marchado con Santiago.

La mirada de Simón era indescifrable.

—Ariana… —susurró.

Verónica se acercó a él.

—Te ves muy afectado. ¿No sospechabas nada de tu esposa?

Simón volteó.

Verónica esbozó una sonrisa fina y lanzó una mirada hacia la salida del salón.

—La mujer que está a punto de convertirse en tu exesposa acaba de salvar una vida frente a todos los presentes. Y no es la primera vez: me contaron que algo parecido ocurrió durante la Gala.

Simón no contestó.

Verónica prosiguió con voz que sonaba despreocupada, aunque rebosaba intención.

—Me pregunto… qué se siente ver que alguien que alguna vez estuvo tan cerca de ti se convierte en una persona completamente fuera de tu alcance.

Simón frunció el ceño.

—¿Adónde quieres llegar?

Verónica hizo girar la copa de vino entre sus dedos con indolencia.

—Sabes perfectamente a qué me refiero. De todas las posibilidades… solo hay una identidad que encaja. Con una capacidad así, ¿quién crees que es en realidad?

Se acercó un poco más.

—Una mujer como Ariana… si realmente es la Doctora Genio, su futuro estará en la cima del mundo médico.

Los ojos de Simón se abrieron de golpe. Entonces sus sospechas eran ciertas: Ariana era la Doctora Genio que tantos llevaban buscando.

A su lado, Verónica lo contempló con una sonrisa ambigua, difícil de descifrar.

—¿Tú crees… que una mujer tan extraordinaria seguiría mirando a un hombre como tú? Sobre todo después de que la traicionaste.

La frase dio de lleno en el orgullo de Simón. Sus puños se cerraron lentamente.

Verónica advirtió la reacción y sonrió para sus adentros.

—Solo me parece una lástima.

Simón le clavó una mirada dura.

—Se veían tan bien juntos… pero parece que ahora la distancia entre ustedes es demasiado grande. —Verónica siguió provocándolo.

Simón enmudeció. Sus ojos volvieron a fijarse en la salida del salón.

Mientras tanto, fuera del edificio de la fiesta, el auto de Santiago avanzaba a toda velocidad hacia el hospital. Las luces de la ciudad destellaban a través de la ventanilla. En el asiento trasero, la madre de Santiago yacía débil pero ya consciente.

Ariana iba sentada a su lado, monitoreando su estado con el pequeño equipo médico que llevaba consigo.

Santiago se hallaba frente a ellas; su mirada no se apartaba de Ariana.

—¿La condición de mi mamá está estable? —preguntó al fin.

Ariana verificó una vez más el pulso de la mujer.

—Por el momento, sí.

Santiago soltó un largo suspiro.

—Si tú no hubieras estado ahí… —No terminó la frase.

Ariana guardó su equipo médico.

—La condición de su madre aún no está fuera de peligro.

Santiago la observó.

—¿Qué quieres decir?

—Una neurotoxina como esta no aparece por casualidad en una fiesta. —Ariana respondió con calma.

De pronto el auto pareció más silencioso. Santiago entrecerró los ojos.

—¿Crees que alguien lo hizo a propósito?

Ariana no contestó de inmediato. Su mirada se dirigió hacia la ventanilla. Las luces de la ciudad se reflejaban en sus ojos serenos.

—La pregunta no es si alguien lo hizo a propósito* —Se volvió lentamente hacia Santiago—, sino quién era el verdadero objetivo*.

Santiago captó el sentido al instante.

—¿Crees que… el objetivo era mi mamá?

Ariana negó levemente.

—No necesariamente.

Guardó silencio un momento.

—Podría haber sido otra persona.

Santiago la escrutó con más intensidad.

—¿Tú o yo?

Ariana no respondió.

Pero su silencio ya fue respuesta suficiente.

El auto se detuvo finalmente frente al Hospital Horizonte. La puerta se abrió y el equipo médico ya aguardaba con una camilla.

Cuando la madre de Santiago fue ingresada al hospital, Ariana caminaba junto a él. Pero sus pasos se detuvieron de golpe: el celular dentro de su bolso de mano vibró.

Ariana lo sacó.

Un mensaje de un número desconocido. Lo abrió.

Era una sola línea.

«Número desconocido: Un espectáculo muy impresionante esta noche, Doctora Genio.»

La mirada de Ariana se volvió gélida.

Santiago percibió el leve cambio en su rostro.

—¿Qué pasa?

Esa mujer casi siempre mantenía la calma. Su expresión rara vez se alteraba, ni siquiera en las circunstancias más críticas. Pero esta vez fue diferente: la mirada de Ariana se había endurecido.

—¿Qué pasa? —insistió Santiago.

Ariana no contestó de inmediato.

El celular vibró de nuevo.

Segundo mensaje.

«Número desconocido: ¿Todavía recuerdas aquel accidente de auto?»

Durante una fracción de segundo, los ojos de Ariana se congelaron. Recuerdos antiguos, sepultados con esmero, resurgieron en su mente. Aquella noche llovía; el auto en el que viajaba con sus padres perdió el control. Tenía apenas diez años entonces, y sin embargo cada instante de ese día permanecía grabado con nitidez en su memoria.

El estruendo del impacto, y las llamas. Aún recordaba el olor acre del humo mientras contemplaba, de pie, el auto en llamas. Aún recordaba cómo sacaron los cuerpos de sus padres del vehículo. Y a lo lejos, alguien observaba todo con una sonrisa apenas perceptible.

El celular vibró otra vez.

«Número desconocido: Creciste mucho más interesante de lo que imaginaba.»

La respiración de Ariana se volvió pesada de golpe. El hedor metálico de la sangre mezclado con humo pareció irrumpir de la nada, oprimiéndole el pecho.

Santiago, que estaba a su lado, advirtió de inmediato que algo andaba mal y la sujetó del hombro con un gesto brusco.

—¡Ariana! —la llamó, alarmado.

La mujer volvió en sí al fin y apagó la pantalla del celular de inmediato.

—No es nada.

Pero Santiago no se lo creyó fácilmente. Su mirada era afilada.

—Tu expresión dice lo contrario.

Ariana lo encaró; la mirada había recuperado su calma habitual.

—Solo un mensaje de broma. —Reanudó la marcha tras la camilla que llevaba a la madre de Santiago al interior del hospital.

Santiago se quedó de pie unos segundos antes de seguirla. Pero en lo más hondo de su ser, sabía una cosa con certeza: Ariana… estaba mintiendo.

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