«Mi sangre no pide compasión; exige ser devorada.»
El chasquido del cerrojo blindado nos dejó a oscuras en el laboratorio subterráneo. En el suelo, los vidrios de mi última ampolleta de supresor. En mis venas, el desastre.
Mi cuerpo es una trampa: libero un aroma a miel y jazmín tan violento que me dobla las rodillas, me asfixia la garganta y me humilla. La ventilación esparce la plaga de mi olor por el aire sellado, y la biología no perdona.
Tres aromas depredadores acorralan mi agonía en la penumbra. Sin medicina que me salve, sin aire para gritar y con la fiebre del celo quemándome la piel desde adentro.
La cacería empezó. Y la única duda es cuál de los tres clavará primero sus garras en mi nuca.
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CAPÍTULO 2: EL NIDO DE LAS FIERAS
El sonido de la carne chocando contra la carne retumbó en las cuatro paredes de cristal como un disparo.
-¡Quítale tus asquerosas manos de encima! -el rugido de Eren sacudió el metal del laboratorio cuando embestió a Valen, estampándolo contra una de las vitrinas de contención. El vidrio se agrietó en una telaraña gigante mientras varios frascos cayeron al suelo, haciéndose añicos.
El agarre sobre mi mandíbula se rompió de golpe. Caí sobre la baldosa helada, jadeando, buscando desesperadamente una bocanada de aire limpio que ya no existía en esa habitación.
El ambiente se había vuelto insostenible. La mezcla del humo de tabaco de Eren, el ozono quemado de Kaelen y la menta punzante de Valen creaban un sofoco denso, una tormenta de dominancia donde los tres Alfas luchaban por adueñarse de cada pulgada del oxígeno sellado.
-No eres más que un perro sarnoso, Eren -escupió Valen desde el suelo, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios con el dorso de la mano. Sus ojos azules resplandecían en la penumbra roja con una fijación demencial-. Este Omega es un activo del Consejo. Tu presencia aquí es una transgresión que se paga con la muerte.
-¡Me importa un carajo tu Consejo! -bramó Eren, volviendo a mostrar los colmillos, con el pecho subiendo y bajando en un ritmo acelerado por el avance imponente del Rut.
Mis codos temblaban mientras me arrastraba marcha atrás, alejándome del punto de choque. Mi nuca quemaba. Era un dolor ardiente, un pulso constante que me dictaba rendirme, acostarme de espaldas y exponer la garganta para que la tortura del celo cesara de una vez por todas. Mi biología traidora quería un dueño; quería la mordida que apagara el incendio de mi sangre.
«No... no voy a ser el trofeo de ninguno», me repetí en la mente, clavando los dientes en mi propio labio inferior hasta sentir el sabor metálico de mi sangre.
Kaelen ni siquiera miró la pelea entre los otros dos. Su atención permanecía clavada en mí. Avanzó tres pasos lentos, calculados, ignorando los cristales rotos que crujían bajo sus botas de cuero. Su aroma a cedro quemado era una sombra que se cerraba sobre mí como una jaula.
-Mírate... -murmuró Kaelen, agachándose de nuevo frente a mí mientras yo me topaba de espaldas contra la base de la mesa de operaciones-. Inhalas la rabia de tres Alfas y aun así intentas huir. Tu orgullo es patético, Lian.
-Aléjate... -conseguí articular, con la garganta raspada y seca-. Aléjate de mí...
-¿O qué? -sonrió con una crueldad serena, estirando la mano para atraparme del tobillo.
En ese milisegundo, la desesperación aplastó al miedo.
Si no podía luchar contra su fuerza, los obligaría a ahogarse en la mía.
Dejé de retener el aire. Abrí los pulmones de par en par y expulsé un gemido rasgado, liberando una ráfaga pura, concentrada y sin filtros de mi propio aroma. La miel de azahar y el jazmín no salieron como un vapor dulce; salieron como una bomba biológica de feromonas en estado puro.
El impacto en la habitación fue inmediato y devastador.
Kaelen se congeló a mitad del movimiento. La pupila de sus ojos ámbar se dilató hasta devorar casi todo el iris, y una mueca de dolor violento cruzó su rostro perfecto cuando su glándula de aroma reaccionó con un choque sordo.
Al fondo, la pelea entre Eren y Valen se detuvo en seco. Eren soltó a Valen y se llevó las dos manos al cuello, ahogándose, emitiendo un gruñido ronco y desgarrador mientras sus pupilas brillaban en un carmesí salvaje. Valen cayó sobre una rodilla, apoyando las manos en el piso, respirando a bocanadas rápidas, incapaz de procesar la sobrecarga sensorial que le destruyó la lógica en tres segundos.
-Maldito... -siseó Valen entre dientes, apretando los puños con rabia mientras la miel saturaba sus receptores de tal forma que sus propios músculos se negaban a obedecerle con precisión.
El aroma era tan denso que los volvió ciegos de instinto. Ya no peleaban por estrategia; peleaban por el derecho animal de respirarme a mí.
Aproveché el segundo de parálisis. Con las últimas fuerzas que me quedaban en las piernas, me impulsé hacia arriba utilizando el borde de la mesa metálica.
Mis rodillas chirriaron, pero me mantuve en pie, tambaleándome, apoyando el peso de mi cuerpo contra el panel de control del laboratorio.
Giré el rostro hacia ellos, respirando agitado, con lágrimas quemándome las mejillas y la piel de mi cara cubierta de sudor frío.
-Quieren mi sangre... -dije con la voz entrecortada por la fiebre, viéndolos luchar contra el sofoco de mi propio olor-. Quieren reclamar al "Sujeto Cero"... pero si me tocan... si uno solo de ustedes me toca sin mi permiso... me arranco la glándula con mis propias manos antes de dejar que me muerdan.
Los tres me miraron. La amenaza era ridícula viniendo de un Omega a punto de colapsar por el celo, pero la mirada de agonía y rabia pura en mis ojos les hizo saber que no estaba mintiendo.
Sin embargo, el destino de esa noche no estaba en nuestras manos.
Un chirrido metálico, agudo y ensordecedor, cortó la tensión en seco.
Las chispas comenzaron a saltar desde el marco del portón principal de titanio. Un cortador de plasma industrial estaba derritiendo el cerrojo desde el otro lado del pasillo.
El Consejo de Alfas había llegado a recuperar su activo.Y la tumba en la que estábamos encerrados estaba a punto de abrirse para iniciar una guerra.
— Nota de Lian —
"Si el Mando Central y esos tres Alfas creen que pueden acorralarme o dictar mis reglas, no entienden absolutamente nada de lo que soy. Yo no soy la presa de nadie. Si estás de este lado y quieres ver cómo rompo su control capítulo a capítulo, guarda esto en tu Biblioteca y deja tu Like. No te distraigas... porque esto apenas está comenzando."