Cristani por fin tenía una vida normal. O eso creía. Hasta que se dio cuenta de que el poder en su cuerpo empezaba destruirla por dentro.
Al mismo tiempo que los problemas volvieron con sus amigos. Primero fue esa espada. La querían para mantener bajo control a Cristani.
Luego supieron del ser que entró a su mundo, un peligro para su plano. Debían eliminarlo.
Entonces llegó Carl Rowen. Decía conocerla y que podía ayudarla a contener esa energía ancestral.
Y la búsqueda comenzó.
Después, Cristani supo que todas las vidas que trataban de recordarle, no eran suyas. Sino de un fragmento más. Uno que vivía en otro plano.
Y un encuentro con una mujer le hizo darse cuenta que sin ese fragmento podría morir.
Pero eso implicaba que Carl pudiera encontrarse con quien deseaba.
La decisión era suya.
Elegir su vida o elegir la felicidad de Carl.
¿Vivir para verlo desaparecer o morir para verlo encontrarse con ella?
¿Ser el monstruo que tanto temía o ser la heroína que Carl necesitaba?
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Capítulo 2: Llamada de Melanie...
—Todo va bien.
Fue lo que recibió. Sin emoción, con un toque de desinterés que no era cierto.
En ese momento, mis expresiones luchaban por no mostrar una sonrisa estúpida.
Porque la extrañaba. Porque su voz me recordaba a todo lo que había dejado atrás.
—Te extrañé.
Lo dijo sin darme tiempo de acostumbrarme al revoltijo que se hizo en mi cabeza por su llamada.
Solo alcancé a responder un “Ah”. Era consciente de que no era la mejor manera de empezar una conversación.
Un silencio se instaló entre las dos por varios segundos.
Segundos que me parecieron eternos, como si el mundo estuviera esperando que yo dijera algo que no sabía cómo decir.
Luego, una suave y baja risa se escuchó al otro lado de la línea. No supe si fue de alegría o de tristeza. Para mí, fue nostálgico volver a oírlo después de tanto tiempo.
— Ha pasado un tiempo.
Soltó eso después de reírse.
Suspiré suavemente, tratando de que no se atravesara en el micrófono y llegara hasta ella.
—Así es —aseguré, estando de acuerdo con sus palabras.
Esa tarde tan común, en la cual yo siempre atravesaba la calle llena de charcos y el frío viento cortándome la cara, por primera vez se sintió diferente.
Quizás por esa llamada repentina.
Quizás por mis pasos lentos, intentando que esa conversación durara un poco más, aunque no supiera cómo hacerlo.
—Es bueno volver a escuchar tu voz.
Su tono esta vez fue lleno de tristeza.
No lo admitiría en voz alta. Tampoco mentiría. Yo también la extrañaba. Extrañaba sus locuras, sus risas, su drama innecesario para todo.
Apenas unos meses habían pasado, y la necesidad de volver a verlos se hacía más fuerte con cada día.
—¿Me extrañaste?
Volvió a preguntar. Supe que estaba haciendo el esfuerzo de no llorar en ese momento.
Así que, en vez de admitir que también la extrañaba, respondí en un tono seco.
—No.
Otra risa escapó de ella. Más baja.
Pronto, esa risa se volvió un sollozo. Y estaba llorando.
—Sabes que no eres buena mintiendo.
Dijo entre los pequeños sollozos que intentaba suprimir.
—Lo siento, soy una llorona —admitió.
Pero no recibió ninguna respuesta mía esta vez. Lo sabía.
Yo no hablaría hasta que sus lágrimas dejaran de caer.
Otro silencio, que duró varios minutos, volvió a instalarse.
Mientras tanto, con el móvil todavía pegado a mi oído, llegué a casa.
Entré antes de cerrar la puerta con cuidado, para no llamar la atención de nadie. Luego me dirigí a mi habitación con pasos lentos, como si caminar más rápido fuera a cortar la llamada.
—¿Vendrás, verdad?
Trató de no quebrarse ante su nueva pregunta.
El suave sonido de la puerta de mi habitación al cerrarse llenó el silencio entre nosotras. Dejé mis cosas sobre el escritorio. Me quité los zapatos. Y por último, me dejé caer sobre la cama, mirando el techo que ya me sabía de memoria.
—¿A dónde? —Pregunté, aunque sabía la respuesta.
Ella tomó aire fuertemente antes de expulsarlo con un gran suspiro.
—A la fiesta de diciembre.
Y de nuevo volvía con el mismo tema de semanas atrás.
No es que no quisiera ir.
Simplemente me sentía incómoda con la idea. Ya ni siquiera sabía cómo comportarme al volver a verla.
Además, ni siquiera estaría nuestro grupo de amigos completo. Faltarían caras. Faltarían voces.
—Estarán. Solo si tú vienes —dijo después de recibir mi silencio como respuesta.
—No lo sé, Melanie. He estado un poco ocupada últimamente.
Mentí. Pero supongo que fue necesario. La verdad, la verdad completa, habría sido: tengo miedo de volver a verlos y darme cuenta de que ya no encajo.
—Ven, por favor. Nosotros también queremos verte.
La mención de ese “nosotros” creó, extrañamente, un calor en mi pecho.
Volver a escuchar que todavía existía un “nosotros” aliviaba mi mente.
Saber que nuestra amistad no se vería afectada, incluso con la distancia impuesta, era bueno. Muy bueno.
—¿Cuándo será?
Me atreví a preguntar, sin estar del todo segura de poder asistir a esa pequeña convivencia.
—La próxima semana. En mi casa, a las seis de la tarde. Aunque supongo que tardarán en llegar —respondió, volviendo a esa emoción anterior, a esa Melanie que organizaba todo y arrastraba al resto con ella.
—Lo pensaré.
—Tienes que venir —insistió, como siempre.
Cada respuesta suya, cada palabra, era un recuerdo nítido de que la conocía a la perfección. Sabía cuándo estaba rogando y cuándo estaba ordenando.
—¿Los llamaste? —Pregunté, cambiando de tema para no seguir hablando de lo mismo.
—Sí. ¿No viste los mensajes en nuestro grupo?
—No he tenido mucho tiempo de hacerlo. Además, el grupo ha estado muerto desde hace meses.
Y ella rió, conociendo mi personalidad desinteresada cuando se trataba de enviar mensajes. Aquello no era lo mío. Nunca lo fue.
—Puedes revisarlo. Los chicos intentaron convocarte y tú nunca respondiste.
Solté un pequeño suspiro, mostrando una leve sonrisa, y antes de poder decir algo más, la puerta de mi habitación se abrió sin permiso, dejando entrar a los demonios que estaban en casa.
—Dice mamá, que vengas a cenar.
Fue Albert quien habló, caminando hacia la cama y tumbándose sobre ella como si lo antes dicho fuera solo un comentario al aire.
Rose se sentó en mi escritorio, poniendo el pulgar en sus labios al saber que estaba en una llamada.
—¿Quién es? ¿Tu hermanito? —Preguntó Melanie después de un rato, con esa curiosidad que no podía controlar.
—Tengo que cenar. Hablamos más tarde.
—Bien. Hasta luego. Te quiero —se despidió.
Al saber que ya no diría nada más, colgué la llamada y apagué mi móvil.
Me quedé un segundo más mirando el techo, con el eco de su “te quiero” todavía en el oído.
Luego me levanté, dejé el teléfono sobre la cama, y salí en dirección al comedor, junto a los niños.
El olor de la cena llenaba la casa.
Y por primera vez en meses, el vacío en mi pecho se sintió un poco más pequeño.
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¡Hola! De nuevo.
Esta es una nueva historia escrita en primera persona.
Lo que sucedió después de Una Vida Llena de Misterios y Fantasías.
Narrada por Cristani la protagonista y un nuevo personaje que más adelante se dará a conocer.
Sin más que agregar, espero que alguien lea esto.
Y disfrutemos de Make It Right de BTS, y Flowers de Miley Cyrus.
💜🐨