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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.7k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16

Camila salió del Juzgado Familiar sintiéndose más ligera que en muchos años.

El divorcio era definitivo.

La vida anterior quedaba atrás. No tenía sentido seguir aferrándose a ella.

—Vamos. Te invito a comer algo bueno.

Se enlazó del brazo de Lucía y levantó la barbilla con orgullo.

—Yo pago. Ahora soy una mujer con dinero.

Lucía se echó a reír.

—Mira nada más, ya hasta presumes.

—No estoy presumiendo. Estoy gastando lo que me corresponde —corrigió Camila con seriedad fingida—. Después de divorciarme, no pienso negarme un solo gusto. Se llama vivir sin remordimientos.

Bajaron las escaleras entre risas.

Camila estaba a punto de pedir un auto cuando el celular vibró en su mano.

Al ver el nombre en la pantalla, se detuvo.

Gabriel Beltrán.

Lucía se inclinó para mirar y abrió la boca con exageración.

—¿El papá de Valeria? ¿Para qué te llama?

Camila se encogió de hombros.

Tampoco lo sabía. En teoría, las cuentas entre ambos habían quedado claras.

Contestó.

—Camila. La escritura del departamento en Residencial Los Encinos ya quedó registrada a tu nombre —dijo Gabriel con su habitual calma—. Necesito que vengas a Grupo Beltrán para recibir los documentos. ¿Puedes hoy a las tres?

Camila recordó la voz venenosa de Teresa diciéndole que buscara un viejo con quien casarse.

Reprimió una idea absurda.

—Señor Beltrán, lo de la propiedad… ¿usted ordenó que se hiciera?

Al otro lado hubo dos segundos de silencio.

—¿Quién más?

Un rastro de diversión se filtró en su voz.

—Mi equipo jurídico no tramita donaciones por iniciativa propia.

—Pero apenas hoy concluyó el divorcio. Si la transferencia se formaliza de inmediato, Mauricio podría acusarme de ocultar o mover bienes durante el matrimonio. ¿No sería mejor esperar unos días?

Camila frunció el ceño.

No quería dejar abierta ninguna posibilidad de que aquel hombre la señalara.

—No podrá hacerlo —respondió Gabriel sin vacilar—. Además de la escritura, mis abogados prepararon un contrato formal de donación. Quedó asentado que yo te entregué el inmueble, voluntariamente y sin contraprestación, después de la disolución del matrimonio. Todo se hizo ante notario y conforme a la ley.

Su seguridad consiguió tranquilizarla.

Gabriel no quería que Mauricio obtuviera aquel departamento y por eso se lo había dado a ella como compensación. Evidentemente, no dejaría ninguna grieta que Valeria o Mauricio pudieran aprovechar.

—Está bien.

—Daniela te esperará en el vestíbulo de Grupo Beltrán.

Colgó antes de que Camila pudiera añadir algo.

Lucía se acercó de inmediato, con los ojos llenos de curiosidad.

—Habla. ¿Qué quería? ¿La propiedad ya es tuya de verdad?

—Sí. Me citó a las tres para entregarme la escritura y los demás documentos.

—Espera.

Lucía la sujetó del brazo.

—Aquí hay algo raro. Gabriel Beltrán es uno de los empresarios más poderosos del país. Hay gente que espera meses para conseguir una reunión con él. Para entregarte unos papeles bastaba con mandar a cualquier abogado. ¿Por qué te llamó personalmente? ¿Y por qué se ocupó de que su asistente te recibiera?

—Porque se siente responsable por lo que hizo su hija. Nada más.

Camila le dio un golpecito en la frente.

—Deja de inventar historias. Primero vamos a comer. Esta tarde iré a firmar y mañana me mudaré. Quiero terminar de una vez con todo lo relacionado con los Zamora.

Lucía se frotó la frente.

—Qué violenta eres. No podré acompañarte en la tarde; tengo pendientes en la oficina y luego debo recoger a Nico. Pero mañana apartaré el día entero para ayudarte con la mudanza.

—De acuerdo.

Camila le acomodó un mechón de cabello con afecto.

—Cuando terminemos, los invito a comer. A ti y a Nico. Por cierto, ¿me acompañas la próxima semana a casa de mis padres?

Lucía volvió a enlazarse de su brazo.

—Claro. Solo dime a qué hora.

Ninguna de las dos notó de inmediato que Mauricio y Teresa las observaban desde unos metros atrás.

La madre de Mauricio contempló la sonrisa de Camila con una expresión llena de desprecio.

—Dios los hace y ellos se juntan —murmuró con suficiente volumen para que la oyeran—. Una divorciada abandonada solo puede juntarse con una mujer que tuvo un hijo sin casarse. Dos mujeres sin decencia. Ya veremos cuánto dura esa alegría cuando nadie quiera recoger lo que otro hombre desechó.

Mauricio no apartaba la mirada de la espalda de Camila.

Algo en ella había cambiado.

Ya no era la mujer que soportaba todo con la cabeza baja.

Camila se detuvo por un instante, pero no volvió la cara.

Lucía sí.

—¡Señora! —gritó desde lejos—. Nosotras podemos vivir perfectamente sin un hombre. Quien no sabe estar solo es su hijo, que engaña a su esposa como un perro desesperado. Cuídelo muy bien. Tiene el estómago delicado y necesita seguir comiendo a costa de una mujer rica. No vaya a disgustar a la señorita Beltrán y perder el plato.

Varias personas que salían del juzgado miraron a Mauricio.

Él abrió los ojos, furioso. El rostro se le encendió de vergüenza.

—¡Malcriada! —exclamó Teresa, avanzando hacia ellas.

—Mamá.

Mauricio la detuvo con una mirada impaciente.

Al ver que su hijo estaba molesto, Teresa se quedó quieta y no se atrevió a seguir gritando.

Camila no discutió.

Las palabras que antes la herían ya no tenían poder sobre ella.

Durante años soportó las humillaciones de Teresa y las traiciones de Mauricio para proteger la apariencia de su matrimonio.

Solo consiguió terminar llena de heridas.

Ya no era una mujer fácil de manipular.

—No les hagas caso —le dijo a Lucía—. Nos van a arruinar el apetito.

Pidieron un auto y dejaron atrás a la repugnante pareja de madre e hijo.

Durante la comida, Camila eligió todos los platillos que se le antojaron. No consultó los gustos de nadie ni calculó qué pediría Mauricio.

Rodeada de comida y de la compañía de su amiga, se convenció todavía más de que divorciarse había sido la decisión correcta.

Después de comer, Lucía miró la hora con pesar.

—Tengo que irme. Cuando termines en Grupo Beltrán, mándame un mensaje. No quiero quedarme preocupada.

—Sí, mamá. Ya entendí.

Camila la empujó suavemente.

Observó cómo Lucía corría sobre sus tacones para alcanzar un auto y se quedó un rato más en el restaurante.

Era la una cuarenta.

Tenía tiempo.

Pagó la cuenta y entró al centro comercial de al lado. Compró ropa nueva y se cambió antes de salir.

Durante su matrimonio, su guardarropa se volvió cada vez más discreto.

Teresa vigilaba cada prenda.

«Una mujer decente no se viste para llamar la atención».

«Ya estás casada. ¿A quién quieres seducir?»

«¿Tu madre nunca te enseñó a vestirte con modestia?»

Camila siempre bajaba la cabeza.

Cada vez que Teresa criticaba algo, ella lo cambiaba con la esperanza de complacerla.

Nunca lo consiguió y ahora aquel empeño le parecía ridículo.

Ni sus propios padres controlaban su ropa. ¿Con qué derecho lo había hecho Teresa?

Al verse en el espejo del centro comercial, sonrió satisfecha.

A las dos cuarenta llegó al edificio de Grupo Beltrán.

La torre de cristal se levantaba en una de las zonas financieras más exclusivas de Ciudad de México. El cielo de otoño se reflejaba en la fachada.

Camila llevaba un vestido tejido color marfil, una gabardina y zapatos beige de tacón bajo. El maquillaje era ligero; solo había añadido un poco de color a sus labios.

Quería verse presentable.

Aunque el hombre que iba a recibirla no necesitara aquella cortesía.

La recepcionista la atendió con una sonrisa profesional.

—Camila Sandoval. La asistente del señor Beltrán me citó a las tres.

La joven revisó el sistema y su actitud se volvió todavía más atenta.

—Señora Sandoval, permítame avisarle a Daniela Nava. Bajará por usted.

Menos de dos minutos después, una mujer joven de aspecto eficiente salió de los elevadores.

—Señora Sandoval, mucho gusto. Soy Daniela, asistente del señor Beltrán. Por favor, acompáñeme.

Subieron hasta el piso veintiocho.

Daniela la condujo a una sala de reuniones amplia y le dejó un vaso de agua.

—El señor Beltrán está terminando un asunto urgente. Vendrá enseguida.

—Gracias.

Camila bebió un poco de agua y observó el lugar.

Las obras de arte contemporáneo en las paredes eran elegantes y discretas.

La puerta se abrió.

Gabriel entró sin hacer ruido.

Llevaba una camisa blanca con las mangas dobladas hasta los antebrazos. No usaba corbata. El estilo informal resaltaba la firmeza de sus muñecas y lo hacía parecer más accesible, aunque su presencia seguía imponiendo.

Camila se puso de pie.

—Señor Beltrán.

La mirada de Gabriel se detuvo en ella durante un momento.

Se veía distinta.

Después del divorcio parecía haberse desprendido de una cubierta pesada. Los hombros estaban relajados, la espalda recta y sus ojos tenían una luz que antes permanecía oculta.

—Siéntate.

Gabriel ocupó la silla frente a ella y deslizó una carpeta sobre la mesa.

—Aquí está todo: la escritura, la constancia del Registro Público de la Propiedad, los comprobantes fiscales y el contrato de donación. Es el departamento 1604 de la torre cinco, en Residencial Los Encinos. Está amueblado y listo para habitarse.

Camila abrió la carpeta.

Leyó cada hoja con cuidado. Se detenía en las cláusulas que no conocía y volvía a repasarlas.

Los trámites estaban impecables.

Incluso el mantenimiento del condominio estaba pagado por un año.

Gabriel no la apresuró. Permaneció recargado en la silla, con una mano sobre el descansabrazos, observando de vez en cuando el perfil concentrado de Camila.

Diez minutos después, ella terminó.

—No encontré ningún problema. Todo está en orden.

—Me alegra. Entonces firma aquí.

Gabriel acercó una pluma.

Camila escribió su nombre en cada espacio marcado.

Antes de firmar la última página, levantó los ojos.

—Señor Beltrán, esta propiedad vale por lo menos treinta millones de pesos. ¿De verdad piensa entregármela solo porque Valeria desobedeció y usted ya no quiere dársela a ella?

Una sonrisa casi imperceptible apareció en los ojos de Gabriel.

—¿Qué otro motivo imaginas?

—No lo sé. Hay muchas maneras de compensar a alguien.

—Camila Sandoval.

La forma en que dijo su nombre la obligó a mirarlo.

—Sé lo que perdiste en ese matrimonio. Treinta millones están muy lejos de ser suficiente.

Camila bajó las pestañas y terminó de firmar.

—Listo.

Empujó los documentos hacia él y se levantó.

—Si no necesita nada más, me retiro.

—Me enteré de lo que ocurrió en el juzgado.

Camila se detuvo.

—Alguien grabó las cosas que dijo tu exsuegra en el vestíbulo.

El rostro de Camila cambió.

No imaginó que la discusión hubiera sido registrada ni que pudiera llegar a oídos de Gabriel.

—¿Cómo lo supo?

Su voz tembló ligeramente.

¿Acaso él había estado allí?

—Estaba en el edificio. Impedí que la persona publicara el video.

Camila contuvo el aliento.

Valeria era su hija. Era lógico que Gabriel quisiera saber cómo terminaba el divorcio o que enviara a alguien para evitar un escándalo que dañara el apellido Beltrán.

Entonces recordó todas las cosas que Lucía había gritado.

Había mencionado a Valeria, a Mauricio y la manera en que los encontraron sin pantalones.

Camila temió que Gabriel quisiera castigar a su amiga.

—Lucía solo intentaba defenderme. No quiso ofenderlo.

Gabriel se limitó a observarla.

Cuanto más callaba, más nerviosa se ponía Camila.

—Usted vio cómo se comportaron Teresa y Mauricio. Lucía se dejó llevar porque estaba tratando de ayudarme. Por favor, no haga nada contra ella.

Se enderezó.

—Me disculpo en su nombre.

Camila se inclinó profundamente.

En silencio, rogó que Gabriel no usara su poder para complicarle la vida a Lucía.

Él permaneció callado durante varios segundos.

—Teresa dijo que debías buscarte un viejo con quien casarte.

Camila alzó la cabeza. No estaba hablando de Lucía.

Gabriel sonrió apenas.

Se inclinó hacia ella, acortando la distancia entre los dos.

—Tengo cuarenta y cinco años —dijo con absoluta calma—. Supongo que cumplo con tu definición de un hombre mayor.

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Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
Pura loca 🤷🙄😁
Anabella Vanesa Spinato
noooo morí.....🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
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