Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.
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Capítulo 12 _ Porque no le dije la verdad
Narra Cristian
No quería que Leidy se enterara de esa manera.
Me quedé parado frente al colegio viendo cómo se alejaba, con una rabia y una tristeza que no sabía ni cómo explicar. Quería ir detrás de ella, detenerla y decirle que las cosas no eran tan sencillas como parecían.
Pero ella ya me había dejado claro que necesitaba alejarse.
Así que terminé sentándome en la vereda del colegio.
Me quedé mirando el piso, con los brazos apoyados sobre las rodillas.
—Yo no quería que se enterara así —murmuré.
Mis amigos se quedaron cerca de mí.
—Gato, parce, dejala que se calme —dijo Kevin.
No respondí.
Tenía la cabeza llena de recuerdos.
La primera vez que había visto a Leidy.
La salida al cine.
Las conversaciones por chat.
Los tres meses saliendo.
El día que le pedí que fuera mi novia.
Todo eso me parecía lejano en ese momento.
—Yo la quiero —dije finalmente—. Yo no quería que esto terminara así.
Kevin me miró serio.
—Entonces ¿por qué nunca le dijiste la verdad?
No contesté.
Porque esa era precisamente la pregunta que yo tampoco podía responder.
Me había acostumbrado tanto a esconder esa parte de mi vida que terminé creyendo que podía mantenerla separada de todo lo demás.
Y con Leidy no había querido arriesgarme.
Había tenido miedo.
Miedo de que me rechazara.
Miedo de que me mirara diferente.
Miedo de que se fuera.
Pero al final había conseguido justamente lo que quería evitar.
Saqué el arma que llevaba conmigo, completamente alterado.
—¡Ey, parce! ¡Dejá la bobada! —gritó Kevin inmediatamente.
Los muchachos reaccionaron y me hicieron detenerme antes de que pudiera hacer algo peor.
—¡Gato, entregámela!
Me quedé quieto.
Uno de mis amigos consiguió quitármela y se apartó con ella.
—¿Qué te pasa, ome? —me reclamó Kevin—. ¿No ves que una bala perdida puede matar a alguien?
Bajé la cabeza.
—Ya sé.
—Entonces pensá, pues.
Me quedé en silencio.
Sabía que había actuado mal.
No tenía ninguna excusa.
—Sé que no estuvo bien hacer eso —dije finalmente.
Kevin negó con la cabeza.
—No, parce. Eso no estuvo bien.
El otro muchacho se sentó a mi lado.
—Gato, escuchá. Una cosa es estar triste por una pelada y otra muy diferente es poner en riesgo a la gente que está alrededor.
Respiré profundamente.
—Yo solo estaba emberracado.
—Pues controlá la rabia, hermano.
Volví a mirar hacia la entrada del colegio.
Leidy ya no estaba.
—No quería perderla.
Kevin soltó un suspiro.
—Pero parce, ¿por qué no le dijiste la verdad desde el principio?
Otra vez me quedé callado.
Esa pregunta me dolía más que cualquier otra.
—Porque pensé que si sabía quién era yo, se iba a ir.
—Y ahora se fue porque le mentiste.
Cerré los ojos por unos segundos.
—Sí.
—Entonces aprendé de eso.
Miré a mis amigos.
—¿Y qué hago ahora?
Kevin se encogió de hombros.
—Primero calmate. Después, si ella quiere hablar con vos, le contás toda la verdad. Pero no la presionés.
Asentí lentamente.
Sabía que tenía razón.
Yo había querido proteger una relación escondiendo una parte de mi vida, pero terminé destruyendo la confianza que Leidy tenía en mí.
Me levanté de la vereda.
—Vámonos.
Kevin me devolvió la mirada.
—¿Estás bien?
—No.
Hice una pausa.
—Pero voy a pensar antes de hacer otra estupidez.
Nos alejamos del colegio mientras yo miraba por última vez hacia la puerta.
Leidy se había ido.
Y por primera vez entendí que no podía solucionar lo ocurrido con rabia.
Si algún día ella volvía a hablar conmigo, tendría que escucharme.
Pero esta vez tendría que conocer al verdadero Cristian.
Al Gato.
Sin mentiras.