NovelToon NovelToon
El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El hombre que nunca apareció

El invierno nunca terminaba.

Al menos eso pensaba yo.

Cada vez que abría los ojos por la mañana, lo primero que veía era el mismo techo gris, las mismas paredes frías y la misma ventana cubierta por escarcha.

Nunca había visto un verano.

Nunca había visto flores.

Nunca había escuchado el canto de un pájaro.

Solo conocía el hielo.

El viento.

La nieve.

Y el dolor.

A veces me preguntaba si el mundo entero era como aquella mansión.

Quizás no existía nada más.

Quizás todo era frío.

Quizás todo era sufrimiento.

Era difícil saberlo cuando jamás te permitían salir.

Aquella mañana desperté antes que los demás.

Me incorporé lentamente sobre mi cama de madera.

Las mantas eran delgadas.

El frío atravesaba la tela con facilidad.

Mis brazos estaban llenos de pequeños moretones.

Mi espalda seguía ardiendo por el castigo recibido días atrás.

Sin embargo, ya casi no reaccionaba al dolor.

Era extraño.

Recordaba que antes quería llorar.

Antes quería gritar.

Antes quería escapar.

Pero ahora...

Ahora simplemente lo aceptaba.

Como si mi cuerpo hubiera aprendido que sufrir era parte de existir.

Escuché la campana.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

La señal para levantarse.

Los demás niños comenzaron a moverse.

Nadie hablaba.

Nadie sonreía.

Nadie bostezaba siquiera.

Era como observar pequeños soldados.

Pequeños soldados rotos.

Yo era uno de ellos.

Y lo sabía.

El desayuno consistía en una sopa aguada y un trozo de pan duro.

Algunos niños comían desesperadamente.

Otros apenas probaban la comida.

Yo simplemente observaba.

Había algo que me molestaba desde hacía días.

Una pregunta.

Una pregunta que no dejaba de perseguirme.

¿Quién era yo?

No me refería a mi nombre.

Ni siquiera tenía uno.

Me refería a otra cosa.

¿Por qué estaba aquí?

¿Por qué nosotros?

¿Por qué nos entrenaban?

¿Por qué nos castigaban?

¿Por qué nos hacían sufrir?

Mientras intentaba encontrar respuestas, escuché a dos hombres hablando cerca de una puerta.

Normalmente ignoraba sus conversaciones.

Pero aquella vez una palabra llamó mi atención.

—El jefe vendrá pronto.

Levanté ligeramente la cabeza.

—¿Cuándo?

—No lo sé. Dicen que quiere evaluar a los candidatos.

Mi corazón se aceleró.

No entendía completamente por qué.

Pero aquellas palabras despertaron algo dentro de mí.

El jefe.

Había escuchado hablar de él muchas veces.

Todos parecían temerle.

Todos parecían respetarlo.

Todos obedecían sus órdenes.

Sin excepción.

Era como un rey invisible.

Un fantasma.

Una sombra.

Y yo jamás lo había visto.

Durante el entrenamiento de aquella tarde ocurrió algo inesperado.

Los niños fueron reunidos en el gran salón principal.

Aquello era raro.

Muy raro.

Normalmente nos llevaban directamente a los campos de entrenamiento.

Sin embargo, esta vez todos permanecimos alineados frente a una enorme pintura colgada en la pared.

La pintura mostraba a un hombre.

Vestía ropa elegante.

Su mirada era fría.

Autoritaria.

Dominante.

Incluso desde el cuadro parecía alguien peligroso.

Uno de los instructores señaló la imagen.

—Inclinen la cabeza.

Todos obedecimos.

Yo también.

Aunque mi curiosidad era más fuerte.

Observé la pintura nuevamente.

—Ese hombre es el líder de esta familia.

Nadie habló.

—Es quien les da alimento.

—Es quien les da refugio.

—Es quien decide si merecen vivir.

Un silencio pesado cayó sobre la habitación.

Sentí algo extraño dentro de mi pecho.

Miedo.

No.

No exactamente.

Era otra cosa.

Rabia.

Una pequeña rabia.

Porque aquel hombre tenía todo el poder.

Y aun así jamás había aparecido.

Jamás había hablado con nosotros.

Jamás había visto nuestro sufrimiento.

O quizás sí.

Y simplemente no le importaba.

—Su objetivo es impresionarlo.

—Su objetivo es demostrar que son dignos.

—Los débiles serán eliminados.

Aquellas palabras quedaron grabadas en mi mente.

Los débiles serán eliminados.

No era una amenaza.

Era una realidad.

Ya había visto desaparecer a muchos niños.

Demasiados.

Aquella noche no pude dormir.

Me quedé observando el techo.

Pensando.

Pensando demasiado.

"¿Por qué quiero conocerlo?"

La pregunta apareció de repente.

Y no pude ignorarla.

¿Por qué?

¿Por qué quería ver a alguien que probablemente era responsable de todo aquello?

¿Por qué quería escuchar su voz?

¿Por qué quería saber quién era?

Cerré los ojos.

Intenté imaginar su rostro.

La pintura era lo único que tenía.

Pero algo me decía que era insuficiente.

Las pinturas podían mentir.

Las personas también.

Quizás era peor.

Quizás era mejor.

No lo sabía.

Lo único que sabía era que aquel hombre era mi única conexión con respuestas que nadie quería darme.

Y entonces recordé algo.

Algo que había escuchado meses atrás.

Una conversación.

Una conversación que no había entendido en aquel momento.

"El hijo del jefe sigue vivo."

Abrí los ojos inmediatamente.

Mi respiración se volvió más rápida.

Aquellas palabras regresaron con claridad.

El hijo del jefe.

Seguía vivo.

¿Por qué recordaba eso ahora?

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

No quería pensar en ello.

No quería hacerlo.

Pero la idea apareció igualmente.

Y una vez que apareció ya no pude detenerla.

¿Y si hablaban de mí?

Pasaron varias semanas.

Los entrenamientos se volvieron más duros.

Más crueles.

Más violentos.

Los instructores parecían estar preparando algo.

Cada error era castigado.

Cada debilidad era señalada.

Cada caída era una oportunidad para sufrir.

Un día nos llevaron a un patio cubierto de nieve.

Había obstáculos de madera.

Muros.

Cuerdas.

Zanjas.

Los instructores ordenaron comenzar.

Algunos niños corrieron inmediatamente.

Otros dudaron.

Yo avancé.

No porque quisiera.

Sino porque sabía lo que ocurría cuando uno se detenía.

El frío cortaba mi rostro.

Mis manos sangraban.

Mis piernas dolían.

Pero seguí avanzando.

Un niño cayó delante de mí.

Escuché su grito.

Vi sus lágrimas.

Y por un instante sentí deseos de ayudarlo.

Solo un instante.

Porque inmediatamente recordé las reglas.

Las emociones son debilidad.

Seguí avanzando.

Lo dejé atrás.

Y durante el resto del día no pude olvidar su rostro.

Esa noche comprendí algo aterrador.

Me estaba convirtiendo en lo que ellos querían.

Me senté sobre mi cama mientras los demás dormían.

Observé mis manos.

Pequeñas.

Lastimadas.

Temblorosas.

"Lo dejé atrás."

La frase resonó en mi cabeza.

"Lo dejé atrás."

No porque fuera malo.

No porque quisiera hacerlo.

Sino porque tenía miedo.

Miedo al castigo.

Miedo al dolor.

Miedo a desaparecer como tantos otros.

Apreté los puños.

Sentí rabia.

Mucha rabia.

Pero no sabía contra quién.

Contra los instructores.

Contra la mansión.

Contra el jefe.

Contra mí mismo.

Quizás contra todos.

Los meses siguieron avanzando.

Mi cuerpo crecía.

Mi mente también.

Y con ello llegaron nuevas preguntas.

Preguntas más peligrosas.

Una tarde encontré un pequeño espejo roto en uno de los almacenes.

Lo observé durante varios minutos.

Era la primera vez que veía claramente mi propio reflejo.

Cabello blanco.

Ojos fríos.

Rostro delgado.

Parecía un desconocido.

Me acerqué más.

Intenté encontrar algo.

Alguna respuesta.

Alguna pista.

Pero solo vi a un niño cansado.

Un niño que parecía mucho más viejo de lo que realmente era.

—¿Quién eres?

Susurré.

Nadie respondió.

Porque no había respuesta.

Todavía no.

Semanas después ocurrió algo que cambiaría todo.

La noticia se extendió rápidamente entre los instructores.

Incluso nosotros pudimos sentir la tensión.

Los pasillos estaban más activos.

Los guardias eran más numerosos.

Las órdenes se gritaban constantemente.

Algo importante estaba ocurriendo.

Finalmente llegó la confirmación.

El jefe regresaría a la mansión.

Por primera vez en años.

Aquella noche nadie durmió.

Ni siquiera los instructores.

El ambiente estaba cargado de nerviosismo.

Y por alguna razón...

Yo también estaba nervioso.

No debería importarme.

No debería sentir nada.

Sin embargo, sentía algo.

Algo difícil de explicar.

Una mezcla de odio.

Curiosidad.

Y esperanza.

Una esperanza absurda.

La esperanza de que al verlo pudiera entender quién era realmente.

De que al verlo encontrara respuestas.

De que al verlo descubriera por qué mi vida había sido condenada desde el momento de mi nacimiento.

Miré la ventana.

La tormenta rugía en el exterior.

Como siempre.

Como si el propio invierno estuviera observando.

Esperando.

Yo también esperaba.

Sin saber que el encuentro que había deseado durante tanto tiempo no traería respuestas.

Traería algo mucho peor.

Porque algunos monstruos son aterradores cuando permanecen ocultos.

Pero son infinitamente más aterradores cuando finalmente muestran su verdadero rostro.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play