Su primer destino fue servir a la corona. murió por ello. Ahora, con su segunda oportunidad, Auren cumplirá su sueño y conocerá lo que es el amor
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Capitulo 5
Al día siguiente volvió a hacer otra prueba.
Confeccionó un pequeño pañuelo blanco.
Cuando terminó, la tela parecía mucho más fina que antes.
Incluso el color resultaba ligeramente más brillante.
No era un cambio exagerado.
Pero sí evidente.
Su magia no destruía.
Transformaba.
Esa idea permaneció dando vueltas en su cabeza hasta que decidió hablar con su madre.
Esperó a que la panadería cerrara.
—Mamá.
La mujer levantó la vista desde la mesa donde organizaba algunas monedas.
—¿Sí?
Auren colocó dos trozos de tela frente a ella.
—¿Notas alguna diferencia?
Su madre los observó con atención.
Tocó uno.
Después el otro.
Frunció ligeramente el ceño.
—Este es mucho más resistente.
—¿Y el color?
—También parece mejor.
Miró a Auren con curiosidad.
—¿Qué hiciste?
La niña respiró hondo.
—Creo... que usé magia.
La mujer quedó completamente inmóvil.
No habló durante varios segundos.
Después tomó ambas manos de Auren.
—¿Puedes enseñarme?
Auren asintió.
Preparó otra aguja.
Comenzó a coser lentamente.
El brillo azul apareció otra vez alrededor de sus dedos.
Su madre abrió mucho los ojos.
—Lo vi...
Auren terminó la costura.
—No sé cómo ocurre.
Solo... sucede.
Su padre entró en ese momento.
—¿Qué pasa? Las escuché muy calladas.
Su esposa levantó el pequeño bolso.
—Nuestra hija tiene magia.
Él pestañeó dos veces.
—¿Perdón?
Cinco minutos después los tres estaban sentados alrededor de la mesa observando los distintos trabajos de Auren.
Su padre intentó romper una de las telas reforzadas.
No pudo.
Volvió a intentarlo con más fuerza.
Nada.
Terminó soltando una carcajada.
—Creo que podría cargar sacos de harina con esto.
Auren esperaba una reacción completamente distinta.
Había conocido demasiadas personas ambiciosas.
Pensó que preguntarían cuánto dinero podían ganar.
O cómo aprovechar aquel don.
Sin embargo, su padre solo la miró con orgullo.
—Es increíble.
Su madre asintió.
—Pero debemos ser prudentes.
Auren bajó la cabeza.
—¿Creen que debería ocultarlo?
Ambos intercambiaron una mirada.
Fue el padre quien respondió.
—Solo hasta que entendamos mejor qué clase de magia es.
—¿Está mal tener magia?
—Claro que no.
Su madre sonrió.
—Lo que nos preocupa son las personas.
Eso Auren lo entendía demasiado bien.
Guardó silencio unos segundos antes de hablar otra vez.
—Quiero seguir cosiendo.
—Entonces hazlo.
—Mucho.
Su padre soltó una risa.
—Mientras no nos dejes sin telas.
Ella negó rápidamente.
—Prometo que no.
Su madre observó el entusiasmo reflejado en el rostro de la niña.
Hacía semanas que Auren sonreía cada vez con más frecuencia.
Ya no despertaba sobresaltada todas las noches.
Tampoco caminaba con aquella rigidez que había mostrado al llegar.
Todavía conservaba cierta prudencia al hablar, pero comenzaba a comportarse como una niña de su edad.
Y aquello era suficiente para hacer felices a sus padres.
Esa noche, después de cenar, Auren regresó sola a su habitación.
Abrió el viejo costurero y pasó los dedos sobre los hilos de colores.
Su cabello azul comenzó a brillar muy levemente, igual que sus manos.
Esta vez no sintió miedo.
Sonrió mientras tomaba una pequeña tela entre sus dedos.
En su vida anterior la obligaron a estudiar para convertirse en una esposa perfecta, le enseñaron a obedecer, a sonreír cuando no quería hacerlo y a vivir para satisfacer los deseos de personas que jamás la apreciaron.
Ahora nadie decidía qué debía soñar.
Con cada puntada comprendía un poco más que aquella magia no había llegado para convertirla en un arma del reino. Había nacido para acompañar las manos que realmente deseaban crear, y mientras el hilo azul recorría silenciosamente la tela, Auren tomó una decisión que nadie volvería a arrebatarle: dedicaría esa nueva vida a confeccionar prendas capaces de llevar un poco de felicidad a quienes las vistieran, porque ese era el camino que siempre había querido recorrer y, esta vez, pensaba defenderlo con todas sus fuerzas.