Elena Vargas lo entregó todo por su familia.
Construyó un imperio desde cero, sacrificó sus sueños por su esposo y creyó que el amor podía superar cualquier obstáculo. Pero una noche descubre la verdad más cruel: Rodrigo, el hombre con quien compartió su vida, nunca la amó. Junto a su amante, ha pasado años robándole su empresa, manipulando a su hijo y convirtiéndola en la mujer desechable que ambos planean abandonar cuando ya no les sirva.
Humillada, traicionada y destrozada, Elena pierde la vida en un trágico accidente.
Pero el destino le concede un milagro imposible.
Despierta diez años en el pasado, justo antes de que todo se derrumbe.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
No pedirá explicaciones. No suplicará amor. No volverá a confiar.
Mientras Rodrigo y su amante creen seguir manipulando a la esposa perfecta, Ele
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Capítulo 18 Rodrigo Se Muestra
Elena entró a la sala de juntas con la espalda recta y el estómago hecho un nudo. La reunión de directivos era obligatoria. Todos sabían lo que había pasado la noche anterior en los servidores. Todos habían visto la rueda de prensa. El ambiente estaba cargado.
Rodrigo ya estaba sentado en la cabecera. Tenía los ojos rojos y la corbata torcida. No esperó ni a que todos se sentaran.
—Esto se acabó —soltó apenas Elena tomó asiento—. Elena está robando de la empresa. Ha desviado fondos, ha falsificado documentos y ahora se acuesta con un inversionista para cubrirse el culo.
El silencio cayó como una losa.
Elena no se movió. Solo lo miró.
Rodrigo se levantó de golpe y golpeó la mesa con las dos manos.
—¡¿Creen que soy idiota?! —gritó—. ¡Lleva semanas planeando esto! ¡Adulterio, fraude, todo! ¡Tiene un amante y quiere dejarme sin nada!
Su voz retumbaba en la sala. Los directivos se miraban entre sí, incómodos. Nadie se atrevía a hablar.
Rodrigo señaló a Elena con el dedo.
—Ella es la que está destruyendo todo. ¡Yo soy el que ha mantenido esta empresa a flote mientras ella se revolcaba con Moretti!
Felipe Andrade abrió la boca para decir algo, pero Rodrigo lo cortó.
—¡Cállate! ¡Todos saben que es verdad!
Elena seguía sentada. No había movido ni un músculo. Solo lo observaba perder el control frente a todos. Frente a testigos. Sin abogado. Sin filtro.
Rodrigo siguió gritando. Dijo cosas que no se podían borrar. Acusaciones graves. Insultos. Amenazas veladas. La cara se le puso roja y le temblaban las manos.
Cuando por fin se quedó sin aire, Elena se levantó con calma. Tomó su carpeta y la cerró.
—Gracias, Rodrigo —dijo con voz clara y serena.
Luego dio media vuelta y salió de la sala.
Felipe Andrade fue detrás de ella al pasillo. La alcanzó cuando ya estaba cerca del ascensor.
—¿Qué significa eso? —preguntó en voz baja.
Elena siguió caminando sin detenerse.
—Que acaba de destruirse a sí mismo frente a testigos —respondió sin mirarlo—. Sin que yo tuviera que hacer nada.
Felipe soltó un silbido bajo.
—Estás jugando muy fuerte.
—Él empezó primero —dijo ella.
Entró al ascensor y pulsó el botón. Cuando las puertas se cerraron, soltó el aire que había estado conteniendo. Tenía las manos frías y el corazón latiéndole con fuerza.
Rodrigo había perdido los papeles. Y lo había hecho delante de la gente equivocada.
Ahora solo era cuestión de tiempo.
Su teléfono vibró. Era Luciano.
“Acabo de enterarme. ¿Estás bien?”
Elena miró el mensaje un segundo y guardó el teléfono sin contestar.
No estaba bien.
Pero estaba ganando.
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Elena estaba revisando los daños en los servidores cuando Felipe Andrade entró a su oficina sin llamar. Traía cara de malas noticias.
—Luciano recibió presión de su junta —dijo sin preámbulos—. Le ofrecieron un trato. Se retira del conflicto, te deja colgada y se lleva las acciones prometidas sin el escándalo. Le dieron veinticuatro horas para decidir.
Elena se quedó quieta. Sintió un golpe seco en el pecho.
—¿Cómo te enteraste?
—Un contacto mío en su empresa —respondió Felipe—. No es secreto. Están nerviosos. La prensa los está matando.
Ella se recostó en la silla y se pasó la mano por la cara. Tenía la mandíbula tensa.
—Entiendo.
Felipe la miró con atención.
—¿Vas a hablar con él?
—No —dijo Elena—. Hoy no.
Se quedó sola en la oficina el resto del día. No llamó a Luciano. No le mandó mensajes. Solo esperó. Cada hora que pasaba sentía más peso en el estómago. ¿Iba a traicionarla? ¿Iba a elegir el camino fácil?
La noche cayó y ella seguía en la mansión, encerrada en la habitación de huéspedes. Rodrigo no había llegado. Mejor. No tenía cabeza para fingir.
A las doce en punto su teléfono vibró.
Mensaje de Luciano.
“Rechacé el trato.”
Elena lo leyó dos veces. Dejó el teléfono sobre la cama y esperó un minuto completo antes de responder.
“¿Por qué?”
Pasaron diez minutos. Diez minutos eternos. El corazón le latía con fuerza.
Finalmente llegó la respuesta.
“Ya sabe por qué.”
Elena dejó el teléfono boca abajo sobre la mesita de noche. Se quedó mirando la pared un buen rato. Tenía la garganta seca y un nudo en el pecho que no se iba.
Le estaba gustando ese hombre. Y eso la asustaba más que todas las amenazas de Rodrigo juntas.
Se levantó, caminó por la habitación y se detuvo frente a la ventana. La casa estaba en silencio. Rodrigo todavía no llegaba. Mejor. No quería verlo.
Pensó en todo lo que había pasado. Las grabaciones destruidas, la rueda de prensa, el plan B de Rodrigo. Y ahora esto. Luciano rechazando un trato limpio por ella.
Se sentó en el borde de la cama y se agarró las manos. Tenía las palmas frías.
No podía permitirse esto. No ahora. No con todo lo que estaba en juego.
Pero tampoco podía ignorarlo.
Su teléfono vibró otra vez. Otro mensaje de Luciano.
“¿Estás bien?”
Elena lo miró un buen rato. No contestó. Solo dejó el teléfono a un lado y se recostó en la cama.
Tenía miedo. Miedo de confiar. Miedo de equivocarse. Miedo de que ese hombre empezara a importarle más de lo que debía.
Y por primera vez en semanas, no sabía qué hacer.
Ojalá que encuentren a Adriana Ferreti y entre las dos hundan a ese engendro.
Un duro golpe para ese muchacho de 17 años que apenas está empezando la vida y tener que enfrentar eso.
Me imagino que Luciano tiene amigos mafiosos y no quiere deberles nada así que los utilizará por el amor que siente por Elena.
Luciano está babeando por Elena y ella ya le está gustando Luciano que hasta lo besó.