Él es el padre de su mejor amiga... Pero también el dueño de sus fantasías más prohibidas.
Cristóbal es un hombre maduro, exitoso y comprometido con su familia, alguien a quien todos ven como un ejemplo de responsabilidad. Pero desde el día que conoció a Julieta, la joven compañera de su hija, nada ha sido igual. Cada encuentro la hace más irresistible, cada mirada profundiza una conexión que no debería existir.
Ella es joven, dulce e "inocente" ... Y él lucha por no caer en la tentación.
Julieta siempre ha visto en Cristóbal algo más que el padre de su mejor amiga: un hombre que despierta en ella emociones que nunca imaginó sentir. A pesar de saber que está jugando con fuego, no puede evitar buscarlo, soñarlo, desearlo con una intensidad que la abruma.
Un amor que desafía los límites, un deseo que no sabe de reglas.
Entre secretos, mentiras por omisión y el miedo a destruir vidas enteras, Cristóbal y Julieta se ven envueltos en una pasión que amenaza con consumirlos...
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Capítulo 21.
Julieta.♥️
Han pasado cuatro semanas desde aquella primera noche con Cristóbal.
Un mes entero de secretos, de encuentros robados, de excusas improvisadas para escaparme. Y cada vez que vuelvo a su lado, me convenzo de que esto no es simple deseo: me estoy enamorando cada día más de él.
Lo peor es que la culpa crece conmigo. Cada vez que hablo con Jessica, cada vez que me mira a los ojos confiada, siento que la traiciono. Y sin embargo, cuando pienso en detenerme, recuerdo sus labios, sus manos, su forma de hacerme perder la cabeza, y me es imposible decir que no.
Una tarde de martes, después del trabajo, invento que debo quedarme unas horas más . En realidad, tomo un taxi hasta su apartamento, ese que se a vuelto nuestro nido. Cuando abre la puerta, me encuentro con Cristóbal en jeans, sin camisa, con el cabello aún húmedo de la ducha.
—Dios mío, Julieta… —me dice con esa voz ronca que me derrite—. ¿Sabes lo peligrosa que te ves entrando así, mordiéndote el labio?
—El peligro eres tú —respondo riendo nerviosa, aunque ya me arde la piel solo de mirarlo.
Él me toma de la cintura, me empuja contra la pared y me besa con una urgencia brutal. Mis piernas se enredan en su cadera, y antes de darme cuenta, ya me carga hacia la mesa del comedor. Entre papeles y copas de vino, me arranca la blusa y me hace suya con tanta intensidad que olvido respirar.
Cuando al fin termino recostada sobre la mesa, jadeando, él me besa la frente.
—Cada día me tienes más loco, Julieta.
—Y yo debería estar huyendo de ti… —le digo con una sonrisa tímida.
—Pero no lo haces.
Tiene razón. No lo hago.
Ese mismo fin de semana inventa un viaje de negocios, pero en realidad me lleva a un hotel en las afueras de la ciudad. La habitación es un lujo: un ventanal que da a las montañas y una cama enorme con sábanas suaves como seda. Esa noche no fue solo fogoso, fue tierno, lento, un amante que parecía adorar cada parte de mí.
—Eres perfecta —susurra mientras acaricia mi espalda desnuda.
—No lo soy… —respondo insegura, ocultando el rostro contra su pecho.
—Para mí lo eres. —Me levanta el mentón y me besa con calma, como si quisiera grabar el momento en su memoria—. Julieta, eres mía.
Las palabras me estremecen.
—Soy tuya… —confieso sin pensarlo, entre jadeos, mientras él me guía en un vaivén lento y delicioso.
Me asusta lo fácil que me salen esas palabras, pero cuando lo veo sonreír satisfecho, sé que son verdad.
Un domingo en la mañana, cuando Jessica salió a correr, él me llevó a su habitación. Sentía que el corazón iba a estallar en cualquier momento.
—Estamos locos… —le susurro, mientras él me recuesta contra el sofá frente a su cama.
—Sí, locos por desearnos tanto. —Su sonrisa traviesa me enciende aún más.
Ese sofá, en el que algunas veces me senté al lado de Jessica mientras le preguntábamos algo a él, se convierte en escenario de un encuentro ardiente y prohibido. Entre gemidos y besos desesperados, no dejo de pensar que si ella entrara en ese instante, el mundo se nos vendría abajo. Pero la tensión, el peligro, me hacen vibrar aún más fuerte.
—No deberíamos… —le digo entrecortada, con la respiración agitada.
—Lo sé… —responde besándome el cuello—. Pero no puedo parar. Y tú tampoco quieres hacerlo.
Y no, no quiero.
Los días siguientes se convirtieron en un juego peligroso. A veces me buscaba a escondidas en mi trabajo, esperándome en el carro. Otras veces yo inventaba excusas para pasarme por su apartamento. Cada encuentro era distinto: a veces salvaje, a veces romántico, siempre intenso.
Una noche me dejó exhausta, cayendo dormida entre sus brazos después de que me llevara al límite una y otra vez. Otra madrugada, fui yo quien tomó el control.
—¿Vas a resistir? —le pregunté mordiéndome el labio, mientras lo montaba con lentitud tortuosa.
—Julieta… —gruñó con los ojos cerrados, conteniéndose.
—Dime que me deseas.
—Te deseo más de lo que debería —susurró antes de rendirse completamente a mí.
Esa confesión quedó grabada en mi piel.
Pero después, cuando me vestía de prisa con el cabello revuelto y los labios hinchados, la culpa regresaba.
Una noche, tumbada en su cama aún desnuda, lo miré a los ojos.
—¿Hasta cuándo vamos a poder ocultarle esto a Jessica?
Él acarició mi mejilla con suavidad.
—Julieta… si quieres, podemos hablar con ella. Es adulta, tiene que entenderlo.
Mi corazón se encogió.
—¿Y si no lo entiende? ¿Y si me odia? Ella es mi amiga, Cristóbal. No quiero perderla.
Él suspiró, me besó la frente.
—Lo que siento por ti es demasiado fuerte para fingir. Pero si prefieres esperar… lo haremos a tu manera.
Asentí, con lágrimas contenidas.
—Por ahora, mejor en secreto. Necesito tiempo…
—Está bien. —Me abrazó fuerte—. Pero que te quede claro: Te quiero conmigo, Julieta, en todos los sentidos.
Lo dice con tanta firmeza que me estremezco. Y aunque sé que tiene razón, no puedo dejar de pensar en lo difícil que será seguir ocultándolo por más tiempo.
Cada día que pasa, cada caricia, cada beso, me ata más a él. Y cada vez que sonrío frente a Jessica, me siento más culpable.
Porque ya no puedo negarlo: no es solo atracción. Estoy completamente enamorada de Cristóbal.
Y ese es el verdadero peligro.
Que te mejores pronto te mando un abrazo de oso.