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La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Completas
Popularitas:71
Nilai: 5
nombre de autor: Afrodite 18

Andreia lo tenía todo: el amor de un futuro Rey Alfa, la promesa de un destino compartido y la certeza de que la luna los había elegido. Hasta la noche en que Máximo la rechazó frente a toda la manada para presentar a otra mujer como su Luna.

Humillada y con un secreto creciendo en su vientre, Andreia huyó. Lejos de las manadas, lejos de los tronos, construyó una vida en el silencio: una confitería pequeña, una casa rodeada de árboles y una hija llamada Kim que lo era todo para ella.

Pero Kim no es una niña común. A los cuatro años ya se transforma en loba, sus ojos brillan con un poder que no debería existir en alguien tan pequeña, y la luna parece responder cada vez que ella ríe o llora. Porque Kim es la verdadera heredera de una profecía que todos creyeron pertenecía a otra.

Cuando el pasado toca a la puerta y Máximo descubre lo que perdió, nada volverá a ser igual. Entre secretos de sangre, conspiraciones familiares y un poder ancestral que despierta con cada latido, Andreia deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para proteger a su hija.

Porque en el mundo de las manadas, el amor puede ser la fuerza más peligrosa de todas.

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capítulo 2

CINCO AÑOS ATRÁS...

La música aún resonaba cuando el recuerdo volvía. Siempre volvía.

El salón de la manada principal estaba iluminado como nunca. Linternas colgaban de los árboles alrededor, la luna llena brillaba en lo alto, bendiciendo la noche que debía cambiar la vida de Andreia para siempre.

Ella recordaba cada detalle: el vestido sencillo pero elegante, de un azul grisáceo, elegido para honrar a la luna. Esperaba su bendición para la unión. El corazón acelerado, las manos ligeramente temblorosas mientras aguardaba.

Aquella era la noche. La noche en que Máximo, hijo del Rey Alfa, la presentaría oficialmente como su futura Luna. Ya llevaban años juntos.

Un amor construido en secreto al principio, después aceptado, celebrado entre sonrisas y promesas susurradas en la madrugada.

Máximo siempre le decía que el destino de ambos era inevitable, que la luna los había elegido. Andreia le creyó. Contra el miedo, contra las advertencias de su padre, contra todo. Le creyó a él.

— Se va a atrasar un poco —dijo una de las lobas mayores, sonriendo—. Es normal, querida. A los Alfas les gusta hacer entradas dramáticas.

Andreia le devolvió la sonrisa, nerviosa, intentando alejar la opresión extraña en su pecho. Aun así, sus ojos buscaban a Máximo entre los invitados. Cada segundo, la expectativa crecía, y junto con ella, una sensación incómoda, casi un presagio.

Entonces el murmullo comenzó. Primero, cuchicheos. Después, silencios incómodos. Por fin, todas las miradas se volvieron hacia la entrada del salón. Andreia sintió que el corazón se le detenía.

Máximo entró con pasos firmes, postura impecable, el rostro serio como siempre. Pero no estaba solo. Su brazo rodeaba la cintura de otra mujer: alta, cabello claro, sonrisa demasiado segura para alguien que estuviera fuera de lugar.

El mundo pareció perder el sonido. Andreia sintió que las piernas le flaqueaban mientras la comprensión se negaba a formarse.

Aquello no tenía sentido. No podía tenerlo. Habían planeado aquella noche juntos. Él lo había prometido. Lo había jurado ante la luna.

ANDREIA— ¿Máximo…? —susurró, pero su voz se perdió en el vacío.

El Rey Alfa se levantó de su trono ceremonial, analizando la escena con atención calculada. Una sonrisa satisfecha apareció en sus labios.

REY ALFA— ¡Atención! —anunció, con la voz retumbando por todo el salón—. Esta noche celebramos una unión importante para el futuro de nuestra manada.

Andreia sintió que el estómago se le revolvía. No estaba hablando de ella. Máximo condujo a la mujer unos pasos al frente, soltándola solo cuando todos pudieron verla con claridad.

MÁXIMO— Les presento a Helena —dijo, con firmeza—. Mi compañera elegida por la luna… y futura Luna de esta manada.

El impacto fue físico. Andreia sintió que le faltaba el aire, como si algo le hubiera aplastado el pecho. Las voces a su alrededor estallaron en murmullos: algunos sorprendidos, otros curiosos, otros crueles, satisfechos.

Buscó la mirada de Máximo, desesperada por una explicación, por cualquier señal de que aquello era un error. Cuando sus ojos finalmente se encontraron, lo supo.

No había arrepentimiento allí. Solo frialdad… y algo que se parecía mucho a una culpa mal disimulada.

ANDREIA— ¿Qué…? —alcanzó a decir, dando un paso al frente—. Máximo, esto no tiene gracia. Basta ya.

El silencio cayó pesado. Helena la observó con curiosidad, como quien evalúa algo que ya no importa.

MÁXIMO— Lamento que te hayas enterado así —dijo finalmente—. Pero fue una decisión necesaria.

ANDREIA— ¿Necesaria? —rio, un sonido quebrado, casi histérico—. ¡Me lo prometiste! ¡Dijiste que yo era tu compañera!

El Rey Alfa descendió los escalones lentamente, imponiendo su presencia.

REY ALFA— Las promesas hechas sin aprobación no tienen valor —declaró—. Andreia, tú no eres adecuada para ser la Luna de esta manada.

Cada palabra fue una cuchilla.

ANDREIA— Mi padre… —comenzó, pero la voz le falló—. Usted me conoce. Sabe quién soy.

REY ALFA— Justamente por eso —respondió, sin emoción—. Y por saber quién eres, sé que tu lugar no es al lado de mi hijo.

Máximo desvió la mirada. Ese fue el golpe final.

ANDREIA— ¿Entonces es esto? —susurró, sintiendo que las lágrimas le quemaban los ojos—. Años… todo lo que vivimos… ¿no significó nada?

Máximo respiró profundo.

MÁXIMO— Significó —dijo—. Pero no fue suficiente.

Algo dentro de ella se rompió en ese instante. No fue solo el corazón. Fue la fe, la confianza, el amor que había creído eterno.

Sin decir nada más, Andreia se quitó el collar que Máximo le había regalado, símbolo de la promesa entre ambos, y lo dejó caer al suelo, a sus pies.

ANDREIA— Que la luna te juzgue —dijo, con la voz firme a pesar del dolor—. Porque yo ya no lo haré.

Dio la espalda bajo miradas atentas, susurros y juicios. Cada paso fuera de aquel salón era una despedida: de la manada, del amor, del futuro que le habían robado. Clamó fuerzas a su madre para poder seguir adelante.

Aquella noche, Andreia dejó de ser solo la hija de un Alfa poderoso. Se convirtió en la loba rechazada.

Y Máximo, sin saberlo, acababa de perder mucho más que una Luna. Perdió el futuro que ella llevaba en su vientre.

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