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La Aguja Y El Conde

La Aguja Y El Conde

Status: Terminada
Genre:Amor en la madurez / Romance / Reencarnación / Completas
Popularitas:264.4k
Nilai: 5
nombre de autor: LunaDeMandala

Ella renace en un nuevo mundo. Decidida a cambiar su destino y a cumplir sus sueños.

*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**

NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Conde Attaway 1

El té terminó convirtiéndose en una conversación... bastante desigual.

Selene sostenía delicadamente la taza entre las manos.

El conde Oliver Dempster hacía exactamente lo mismo.

La diferencia era que uno de ellos hablaba.

Y el otro parecía haber decidido ahorrar palabras para el resto del año.

—Hoy hace mejor clima que la semana pasada.

—Sí.

—Aunque creo que pronto va a llover.

—Puede ser.

—A mí me gusta más el otoño.

—Mmm.

Selene sonrió.

[Qué conversador.]

Intentó otra vez.

—¿Le gustan los colores oscuros porque son más prácticos o porque simplemente le gustan?

Oliver levantó apenas la vista.

—Ambas.

—Entiendo.

Ella bebió otro sorbo de té.

—A mí me gustan casi todos.

Aunque el amarillo... depende del tono.

—Mmm.

[¡Va progresando!]

[Por lo menos respondio mas y dijo una palabra más que la vez anterior.]

Oliver observaba a la joven de reojo.

No entendía cómo podía mantener una conversación prácticamente sola.

Y, lo más extraño...

No parecía molesta por sus respuestas cortas.

Simplemente seguía hablando con absoluta naturalidad.

Como si el silencio no la incomodara.

Entonces..

Sono la puerta..

El mayordomo apareció en la puerta.

Hizo una profunda reverencia.

—Mi señor.

Oliver volvió inmediatamente a adoptar aquella expresión severa.

—¿Qué ocurre?

—El conde Attaway acaba de llegar.

Por primera vez desde que Selene lo conocía...

La expresión del conde cambió de forma evidente.

Sus hombros se tensaron.

La tranquilidad desapareció.

Y una seriedad aún mayor ocupó su rostro.

Selene dejó lentamente la taza sobre el platillo.

[¿Qué pasó?]

Oliver se volvió hacia ella.

Su voz era baja.

Directa.

—Señorita Drack.

—¿Sí?

—El conde Attaway no debe saber nada del traje.

Ella parpadeó.

—¿Nada?

—Nada.

Hizo una breve pausa.

—Ni de los compartimientos. Ni de las armas. Ni del verdadero propósito del diseño.

Selene asintió inmediatamente.

—Entendido.

Por fuera mantuvo una expresión completamente profesional.

Por dentro...

[¡Esto es increíble!]

[¡Estoy en medio de una película de espías!]

[¡Solo falta que alguien entre por la ventana!]

[¡Concéntrate, Selene!]

Oliver observó su rostro unos segundos.

Parecía tranquila.

No imaginaba el caótico torbellino de pensamientos que había detrás de aquella sonrisa educada.

—No se complique con explicaciones.

—No se preocupe. No diré nada.

El conde asintió.

—Hazlo pasar.

El mayordomo salió.

Pocos instantes después...

Un hombre alto cruzó la puerta.

Cabello rubio cuidadosamente peinado.

Ojos claros.

Una figura elegante.

Parecía algunos años más joven que Oliver.

Su presencia era refinada.

Pero la distancia con la que saludó dejaba claro que aquella visita no era precisamente amistosa.

—Conde Dempster.

Oliver respondió con una leve inclinación de cabeza.

—Conde Attaway.

Hubo un silencio breve.

Cargado de una tensión difícil de explicar.

Entonces el recién llegado reparó en Selene.

Sus cejas se elevaron apenas.

—Vaya...

Una sonrisa burlona apareció en sus labios.

—No sabía que Oliver Dempster recibía visitas tan agradables.

Selene sintió que se quedaba rígida.

[¿Qué respondo?]

[¿Lo niego?]

[¿Lo explico?]

[¿Finjo desmayarme?]

Antes de que pudiera decidirse...

Oliver habló con absoluta tranquilidad.

—Yo tampoco sabía que me visitarías hoy.

El conde Attaway soltó una risa.

—Qué frío como siempre.

Su mirada volvió hacia Selene.

—Así que interrumpí una cita.

Selene abrió la boca.

Pero volvió a quedarse sin oportunidad de responder.

Oliver tomó tranquilamente otra taza de té.

—No la molestes.

El tono fue tan seco que resultaba imposible discutir con él.

Attaway soltó otra pequeña risa.

—Bien. Bien, tranquilo.

Mientras hablaban, sus ojos recorrieron distraídamente el salón.

Hasta detenerse sobre varias telas cuidadosamente dobladas.

Y algunos bocetos.

—¿Eso?

Preguntó señalándolos.

Selene reaccionó enseguida.

Sonrió con naturalidad.

—Son míos.

El conde Attaway volvió la cabeza.

—¿Suyos?

—Sí. Diseño vestidos. Y estaba realizando unas modificaciones.

El hombre la observó con atención durante unos segundos.

Entonces pareció recordarla.

—Espere... ¿usted es? ¿La señorita Drack?

Ella asintió.

—Así es.

El rostro del conde cambió.

—Ahora la reconozco. Mi hermana menor compró uno de sus vestidos hace unos meses.

Selene sonrió de inmediato.

—¡Claro! Recuerdo haber visitado la mansión Attaway.

Los ojos del conde mostraron un leve interés.

—¿La recuerda?

—Sí. Me encantó su jardín.

Hubo un breve silencio.

—¿Mi jardín?

—Sí. Ese donde todas las flores son rosadas.

El conde Attaway abrió ligeramente los ojos.

—Pensé que nadie prestaba atención a eso.

Selene sonrió.

—Es imposible no hacerlo. Da la impresión de caminar entre nubes de color.

Por un instante, la conversación cambió por completo.

Attaway comenzó a hablar de las variedades de rosas.

De cómo su madre había diseñado aquel jardín.

De las dificultades para mantener siempre el mismo tono de color.

Selene escuchaba con interés.

Hacía preguntas.

Comentaba detalles.

Oliver permanecía completamente callado.

Observando la escena.

Y, poco a poco...

Comprendió algo.

El conde Attaway había entrado al salón con una actitud inquisitiva.

Había bromeado.

Y, sin embargo...

En apenas unos minutos...

Selene había desviado por completo la conversación hacia un jardín de flores rosadas.

Ni una sola pregunta sobre el traje.

Ni una sospecha sobre las telas.

Ni una mirada a los compartimientos ocultos.

Nada.

Oliver dirigió una breve mirada hacia la joven.

[Ella lo hizo a propósito.]

No parecía.

Porque Selene reía con total naturalidad mientras hablaba de flores.

Pero él acababa de darse cuenta.

Sin decir una mentira.

Sin ponerse nerviosa.

Y sin llamar la atención.

Había protegido su secreto con una facilidad que resultaba... sorprendente.

Por primera vez desde que la conocía, el severo conde Dempster dejó de verla únicamente como una talentosa diseñadora.

También comenzó a verla como una mujer extraordinariamente rápida para pensar bajo presión.

1
Sol patiño
Gracias por este hombre maravilloso, es el q toda mujer merece en su vida
ALMA ROSA RAFAELA RODRIGUEZ ROBLES
Uyy estoy en shock, va mejorando la calidad de los votos y los caballeros cada vez más comprometidos con las damas
Miri
Realmente es un libro excelente, es tan atrapante que no podés dejar de leerlo, asique si quieren reírse y pasar un tiempo lindo recomiendo que lo lean. 💫
Miri
JAJAJAJAJ ay son hermosos 😭🤭
Joy Pérez
creo que el golpeado fue él 🤣🤣
Irene Nievecita
Muy buena la historia, es como la vida misma, se es el gran talento que tienes de desarrollar personajes queribles como el conde Demster el hombre ideal para ella. Gracias autora por el tiempo que nos regalas, para darnos alegrías y muchas risas con tus personajes.
Shirley Quesada
realmente hermosa te felicito bendiciones
bea yordan
cada vezas historia son únicas y hermosas
Irene Nievecita
Son perfectos el uno para el otro, sin duda.
Irene Nievecita
Esa es una amiga de verdad, dándole un sabio consejo, haciendo que recordara cual era la importancia real de la ceremonia.
Irene Nievecita
Me gusta el conde siempre tiene la palabra precisa para sorprenderla
Irene Nievecita
Esa desgraciada clasista se merece eso y más aún, me parece bien que él la defienda y no permita que se le acerquen con malos modales 👏👏👏👏
Irene Nievecita
No se puede negar que tiene imaginación novelesca, ninguno de los 2 tiene idea de lo que piensan los nobles invitados, el conde se desmaya si lo supiera.
Irene Nievecita
Eso le pasa por no poder olvidar la canción y distraerse más de la cuenta, pero lo toqueteo a su gusto😂😂😂😂😂
Irene Nievecita
Me alegra tanto que su padre haya aceptado ser su administrador, el estaba convencido que solo era un pasatiempo y no un negocio rentable ♥️♥️♥️♥️
Irene Nievecita
Impresionante lo ya logrado, ahora invertir en un taller con más costureras y después en un local para ubicar los vestidos a la venta
Irene Nievecita
Que triste terminar así su vida, sin realmente vivir
Joy Pérez
puede ser maestra de etiqueta, pero la pregunta es que sabe hacer ella, si está criticando a selene?
Joy Pérez
yo tampoco me acuerdo xfis diganme el nombre de la novela
Esilda Munoz
está historia me parece graciosa me gusta
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