Aún siento el frío del metal desgarrando mi piel y el dolor punzante en mi corazón; un dolor que no era por el acero, sino por algo más que aún no logro descifrar. En este limbo, donde no sé si estoy viva o muerta, mi único objetivo es salvar a mi hija y lograr que llegue a este mundo. Soy Amanda Leal, y esta es mi historia... una que apenas comienza con mi final.
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Capítulo XVII: Desesperación
Punto de vista de Miguel
No recuerdo cómo logré salir del salón sin arrancarles la cabeza a los fotógrafos que se agolpaban a mi alrededor. El aire acondicionado del lugar me quemaba la piel y cada murmullo que escuchaba a mis espaldas sonaba como una burla directa a mi nombre. ¿Victoria Arismendi? ¡Mentira! Esa mujer tiene cada rasgo, cada gesto, incluso esa forma arrogante de levantar la barbilla que solo ella poseía.
Arrastré a Elisa hacia la salida de emergencia del hotel, ignorando sus súplicas y sus quejas sobre el qué dirán. La metí en el auto blindado a empujones y le ordené al conductor que se largara de allí a toda velocidad.
—¡Miguel, me estás haciendo daño! —gritó Elisa, masajeándose el brazo una vez que el vehículo se puso en marcha—. ¡Es una locura! ¿Cómo vas a decir que es ella? ¡Tú mismo me dijiste que ella no se atrevería a volver!
—¡Cállate! —bramé, golpeando el vidrio divisor del asiento delantero. La rabia me quemaba el pecho, una rabia que no era solo por el engaño, sino por la humillación pública—. ¿No viste su mirada? Ella me conoce, Elisa. Sabe quién soy. Y Andrés Ferrer la tiene protegida bajo un nombre falso y una fortuna que ni siquiera sé de dónde salió.
Al llegar a la mansión, subí directamente a mi despacho, negándole la entrada a cualquiera. Estaba desencajado. Mis manos temblaban mientras encendía mi computadora personal y llamaba a Esteban.
—Escúchame bien —le dije a través del teléfono, con la voz distorsionada por la furia—. No me importa cuánto dinero cueste, no me importa si tienes que sobornar a medio gobierno de Nueva York. Quiero el historial completo de esa mujer. Quiero saber en qué hospital nació, quiénes fueron sus padres, qué escuela cursó. Y quiero el informe de ADN si es necesario. ¡Quiero pruebas de que ella no es quien yo creo que es!
—Señor, eso tomará tiempo. La gente de Ferrer está moviendo todos sus recursos para bloquear nuestros accesos... —balbuceó Esteban desde el otro lado.
—¡Me importa un carajo el tiempo! —grité, tirando el teléfono contra la pared de madera—. Si ella es Amanda, entonces mi padre y yo hemos vivido en una mentira durante cinco años. Y si ella se atrevió a burlarse de mí de esta manera, se va a arrepentir de haber regresado.
Me serví un trago de whisky, sintiendo cómo el alcohol quemaba mi garganta sin calmar la ansiedad. Me acerqué al ventanal del despacho, viendo las luces de la ciudad que antes controlaba, y que ahora se sentían más distantes que nunca.
Me juré a mí mismo que no pararía hasta demostrar que ella era mi exesposa. No era una cuestión de amor; era una cuestión de orgullo, de control y de supervivencia. Si ella tenía una vida nueva con Andrés Ferrer, yo me encargaría de que esa vida se convirtiera en cenizas. Porque nadie, absolutamente nadie, engaña a un Maldonado dos veces.
Punto de vista de Elisa
Estaba en mi habitación asimilando lo que había sucedido esta noche. Esa mujer no podía ser Amanda Leal; era imposible que la muy bastarda regresara después de tanto tiempo.
Aquella noche, Don Francisco, el padre de Miguel, me aseguró que ella no volvería si sabía lo que le convenía. Nos encargamos de dejarle claro que su vida correría peligro si se atrevía a cruzarse en nuestro camino. Pero ahora estaba aquí, en esta misma ciudad, usando un nombre distinto y del brazo de Andrés Ferrer, un hombre imponente y con un poder capaz de aplastarnos.
—Estamos acabados —susurré a mi reflejo en el espejo, sintiendo un frío helado recorrer mi espalda.
Estaba angustiada. Si mi secreto salía a la luz, todo se acabaría para mí y para los Maldonado. Mi posición, mi dinero, el estatus que tanto me costó conseguir... todo se derrumbaría.
Debía acabar con Amanda o Victoria, como realmente se llamara esa mujer, y para eso necesitaba la ayuda de mi suegro. Ese viejo piensa que el apellido y el honor de la familia son lo más importante en el mundo, y nunca permitirá que una recién aparecida se lo arruine. Entre los dos la sacamos una vez; podíamos hacerlo de nuevo.
Fui en busca de Miguel, necesitada de saber qué pensaba hacer, pero la escena que encontré al abrir la puerta de su despacho me dejó sin palabras. Él estaba ahí, tirado en el suelo junto a los restos de la botella de whisky rota. Era obvio que no podía con la frustración y la paranoia que lo agobiaban. Verlo así, tan vulnerable y derrotado por el fantasma de su exesposa, me dio asco, pero al mismo tiempo me encendió las alarmas.
Yo le daría una solución. No iba a permitir que nada ni nadie arruinara mis planes de quedarme con todo el imperio Maldonado. Si Miguel no tenía los pantalones para destruir a Amanda de una vez por todas, yo misma me encargaría de mover las piezas en la sombra.
Andrés debes hablarle más directo
te quiero te amo seamos una familia y un matrimonio real, necesita palabras más directas porque ella solo ve tu venganza y ella siendo una pieza 🤦🤦
ya va siendo hora 🫣🫣🫣
dos meses
que perro traidor 😡😡😡
espero que cuando te quites la venda de los ojos solo sea para ver la felicidad de Amanda