Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
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Un nuevo objetivo en la mira.
Narra Roxana:
¡Ya lo veía venir! Ese bueno para nada de Octavio no tenía la más mínima intención de convertirme en su esposa legal… así que no me queda más remedio que poner en marcha mi plan. Primero, averiguar exactamente qué día llegaba el novio de Nadia. Esa niña tonta no sabe ni lo que es ser una mujer de verdad, siempre viviendo en sus cuentos de hadas, con esa sonrisa tonta de satisfacción… jamás sería capaz de complacer a un hombre de la magnitud de ese extranjero.
Y yo, claro está, como la buena amiga y cuñada que soy, estaba dispuesta a sacrificarme para evitar que le rompan el corazón. ¡Alguien tiene que cuidar de ella, después de todo! Me puse manos a la obra, arreglé mi cabello hasta dejarlo impecable, me maquille con esmero y me vestí con el conjunto más seductor que tenía en mi guardarropa. Listo para la caza, salí rumbo a su casa.
Nadia me recibió con una sonrisa tan grande que parecía que se le iba a salir el alma por la boca.
—¡Cuñada! Qué maravilloso verte por aquí! —exclamó, abriéndome las puertas como si fuera una reina.
—Lo mismo digo, cariño… ¡pero qué alegría tienes en la cara! —dije, fingiendo sorpresa.
—¡Mi novio llega mañana! —gritó, dando saltitos de emoción— Dice que ya no puede aguantar la distancia ni un segundo más… y yo tampoco. Me dijo que tiene una sorpresa enorme para mí… estoy tan ilusionada y enamorada que no dejo de mirar el reloj, contando cada hora para verlo en persona.
Ahora que lo pienso bien… ¿cómo demonios hizo esta tonta para conocer a alguien así? Un hombre rico, extranjero… ¿de dónde salió eso?
—Nadia, cariño… ¿cómo es que terminaste siendo la novia de un australiano si nunca sales de la casa más que para ir al supermercado? —pregunté, fingiendo curiosidad inocente.
—¡Ah, cuñada! Fue hace unos años, cuando vino a hacer un intercambio estudiantil por aquí. Nos hicimos amigos en su corta estadía… y después se fue, pero nos mantuvimos en contacto por mensajes todos los días. Y poco a poco… bueno, los sentimientos simplemente aparecieron! ¿No es como de un cuento de hadas verdadero?
¡Ja, ja, ja! Allá va de nuevo con sus cursilerías de niña pequeña. Solo ella es capaz de creerse esas porquerías baratas. Pero bueno… ¿y si el tipo es feo? No importa un carajo, siempre y cuando tenga dinero para mantenerme en el lujo al que estoy acostumbrada. Luego, cuando me aburra, lo cambio por algo mejor y se lo devuelvo a esta tonta que solo sabe soñar.
—Me imagino que organizarás algo para presentarlo con toda la familia, ¿verdad?
—¡Claro que sí! Y por supuesto que tú estás invitada, junto con Rodo y mi hermano. No podría faltar la familia más importante para mí.
—¡Gracias, cielo! Eres tan linda conmigo.
Ahora sí que tengo que moverme rápido, agendar una cita urgente en el mejor salón de belleza de la ciudad para verme absolutamente increíble, ir de compras a las boutiques más exclusivas… ¡esta es una oportunidad única que no se repetirá nunca! Y yo, Roxana, no la voy a desperdiciar ni por asomo. Pero tengo un problema, Octavio cancelo todas mis tarjetas, tendré que pedir prestado y tiene que ser una enorme cantidad.
Narra Octavio:
Vi salir a Roxana muy temprano esta mañana… ni siquiera me molesté en preguntarle adónde iba. Preferí quedarme en silencio en mi despacho, revisando información sobre escuelas militares para Rodo.
Sé que cuando se entere la familia, pegarán el grito en el cielo. Sé que ese niño me odiará con todas sus fuerzas… pero si no hago algo ahora, antes de que sea demasiado tarde, Rodo se convertirá en un adulto pésimo, igual que su madre.
Yo no puedo permitir eso. Después de todo, lo vi crecer desde que era un bebé pequeño… lo considero mi hijo, con todo mi corazón. Pero eso no significa que lo dejaré andar como quiere después de lo que hizo, ser un abusivo que golpea e intimida a otros niños más pequeños… ¡eso jamás lo voy a permitir!
Pero antes que nada… tengo que encontrar a Briella. Tengo que hablar con ella cara a cara para saber qué fue lo que realmente pasó en aquella época. Roxana me ha dejado ver la clase de persona que es, con todas sus mentiras… y si acaso ella hizo algo en mi ausencia que provocó que Briella se fuera sin decirme nada, sin dejar rastro… ¡me las pagará con intereses!
Pero… ¿dónde está? No tengo ni la más mínima idea de dónde puede estar viviendo Briella ahora… y lo peor de todo ¿y si ese idiota que la acompañaba la última vez que la vi es su esposo? No me importa un ápice. Nosotros dos todavía tenemos un asunto pendiente, una verdad que tengo que conocer… y no la voy a olvidar ni aunque me muera.
Con ese objetivo firme en la mira, salí de casa y me dirigí al colegio donde estudia Leo… para descubrir su dirección y por fin saber qué pasó con ella y con nuestro matrimonio.
—Director, necesito saber dónde vive Briella Santilla y su hijo. Es importante.
—Señor Octavio, esa es información clasificada… mucho más después de lo sucedido con su hijo y el pequeño Leandro.
—Le juro por Dios que no es por hacer daño. Yo quiero disculparme de verdad con la madre y con el niño por el comportamiento de Rodo. Eso nunca debería haber pasado. _ suplique, pero la exprecion en ese tipo me dejó en claro que no me diría nada.
—Lo siento profundamente, pero no puedo darle esa información. Es una cuestión de privacidad y seguridad.
¡Maldición! No esperaba que fuera fácil, pero tampoco imaginé que sería tan imposible. Mientras camino por los pasillos del colegio, pensando cómo seguir adelante, veo a ese pequeño niño, Leandro, jugando con una amiga en un rincón del patio. Sin pensarlo dos veces, me acerco a él.
—Hola, pequeño.
Lo veo retroceder rápidamente, con los ojos llenos de miedo, mientras la niña se pone delante suyo como una escudo, lista para defenderlo.
—¡Aléjese de Leandro! Si no, llamo al profesor inmediatamente! —gritó la niña, con la mandíbula apretada.
—Tranquila, cariño… no quiero problemas. Solo me quiero disculpar por lo que hizo mi hijo.
—¡Mentira! Usted es el padre de Rodo y él es muy malo… así que usted también debe ser malo.
Escuchar esas palabras de la boca de un niño me parte el corazón. No solo le tienen miedo a Rodo, todos los niños están aterrados de su comportamiento agresivo. Comienzo a cuestionarme qué clase de persona soy, cómo pude dejar que esto pasara bajo mi guardia como tutor… cómo pude ser tan ciego.
—¿Te llamas Leandro, verdad? Mira, hijo… yo no sabía nada de lo que pasaba, pero aún así soy responsable. Por no educar bien a Rodo, por no darme cuenta de lo que hacía… te pido disculpas con todo mi corazón. También quiero disculparme con tu madre por todo lo sucedido.
Por fin lo veo asomar su pequeña cabeza detrás de su amiga, que sigue lista para atacar si es necesario.
—¿Lo dice de verdad? ¿No vamos a tener más problemas con Rodo?
—Te doy mi palabra de hombre. Haré todo lo posible para que eso no vuelva a pasar.
—Mamá viene a buscarme cuando termine la clase… pero ella me dijo que no puedo hablar con extraños.
—Eres un muy buen chico, Leandro. Entiendo perfectamente. Entonces… la esperaré afuera, a la salida del colegio.
Ese niño se parece tanto a Briella en sus ojos, en la forma en que mueve la boca cuando habla… pero a la vez, no tiene nada en común con ese hombre que la habia acompañando. De hecho, juraría que no es su hijo. ¿Cómo es posible?
Me quedo afuera, esperando como un acosador, mientras veo a los niños jugar y correr por el patio. En eso, suena mi celular: un mensaje de Nadia.
📩 Hermano mio, mañana en la noche ven a casa que te espero. Quiero que conozcas a mi novio, es muy importante para mí. Te quiero un montón.
Justo después llega una fotografía, Nadia sonriendo junto a Roxana en lo que parece ser un lujoso salón de belleza. ¿Cómo diablos está pagando eso si le cancelé todas sus tarjetas? ¡No me digas que está hablando con mi hermana para que le dé dinero! Esa mujer… cuando llegue a casa, me va a escuchar bien claro lo que pienso de sus mentiras y sus trucos.
Ya estoy más que cansado de todo esto y creo que ha llegado el momento de ponerle fin a una historia que se alargó demasiado.