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PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Mafia / Amor prohibido
Popularitas:46.1k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Adriánex Avila

Un golpe familiar, una traición lleva a Maya Velini a la quiebra, literal casi a la calle. Pero un hombre más que peligroso le propone un trato. Un matrimonio, la Joven rica de apellido aristocrático lavaría la sangre de un mafioso salido de la nada. Dante Caruso

¿Quien gana? ¿Quien pierde?

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 18 CARAS Y CARETAS

No era una mirada cualquiera. Era una mirada de evaluación, de curiosidad malsana, de placer apenas disimulado ante la caída de los Velini y su posterior "rescate" por parte del mafioso de moda.

—Maya, querida —dijo la señora Martínez de la Fuente, acercándose con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Qué sorpresa verte aquí. Y con… compañía.

Maya apretó el brazo de Dante.

—Señora Martínez, qué gusto verla. Le presento a mi esposo, Dante Carusso.

La señora Martínez extendió la mano con una reticencia apenas disimulada. Dante la tomó, la besó con una cortesía que bordeaba lo irónico.

—Encantado —dijo, con esa voz grave que parecía resonar en todo el salón.

—El gusto es mío —respondió la señora Martínez, retirando la mano tan rápido como pudo—. No sabíamos que Maya se había casado. Ha sido todo muy… discreto.

—Fue una ceremonia íntima —intervino Maya, con una dulzura que no sentía—. Solo familiares cercanos.

—Ya. Claro. Bueno, disfruten la velada.

La señora Martínez se retiró con la elegancia de quien huye de un incendio. En cuanto se alejó, otras personas se acercaron. Algunos por curiosidad, otros por obligación social, unos pocos por verdadero afecto hacia Maya.

Pero en todas las miradas había el mismo poso de escándalo, la misma pregunta no formulada: ¿Qué hace una Velini casada con un Carusso?

Dante se comportó con una corrección absoluta. Saludaba, sonreía (una sonrisa helada que nunca llegaba a sus ojos), respondía con educación y se movía entre los invitados como si hubiera nacido en ese mundo.

Y quizá, pensó Maya, en cierto modo había nacido en él. No por sangre, sino por necesidad. Había estudiado a esa gente, había aprendido sus códigos, sus debilidades, sus secretos. Y ahora los deslumbraba con su presencia.

—¿Sabías que iban a estar todos aquí? —le susurró Maya al oído, mientras fingían interés en la subasta silenciosa.

—Lo investigué —respondió él, sin mover los labios.

—¿Y no te da vergüenza?

—No. La vergüenza es un lujo que no puedo permitirme.

Maya lo miró de reojo. Su perfil era duro, como tallado en piedra. Pero había algo en la forma en que sostenía su brazo, en la presión de sus dedos sobre el antebrazo de ella, que delataba una tensión que no mostraba en el rostro.

—Estás nervioso —dijo Maya, sorprendida por su propia observación.

Dante giró la cabeza hacia ella. Sus ojos grises la miraron con una intensidad que le cortó la respiración.

—No estoy nervioso. Estoy alerta. En este salón hay al menos diez personas que me desprecian, cinco que me temen, tres que me deben dinero y una que probablemente tenga una orden de alejamiento. Cualquiera de ellas podría intentar algo.

Maya sintió un escalofrío.

—¿Intentar algo? ¿Aquí? ¿En una gala benéfica?

—La gente hace cosas estúpidas cuando cree que la justicia está de su lado.

Dante la guió hacia la mesa principal, donde tenían asignados los asientos. En el camino, una mujer joven, de pelo rojo y vestido verde esmeralda, se cruzó con ellos. Era Valentina, la amiga que había rechazado prestarle dinero.

—Maya —dijo Valentina, con una sonrisa congelada—. No sabía que venías.

—Valentina —respondió Maya, con la misma frialdad—. Te presento a mi esposo, Dante Carusso.

Valentina palideció visiblemente. Su mirada se posó en Dante, reconoció quién era, y retrocedió medio paso.

—Encantada —murmuró, con la voz temblorosa.

—El placer es mío —dijo Dante, y en su tono había algo tan cortante que Valentina dio media vuelta y desapareció entre la multitud.

Maya no pudo evitar una pequeña sonrisa de satisfacción.

—Eso ha sido cruel —dijo.

—Lo sé —respondió Dante, sin ningún remordimiento—. Pero divertido.

*_*

La cena transcurrió sin incidentes mayores. Maya conversó con viejos conocidos, evitó hábilmente las preguntas incómodas, y mantuvo la fachada de esposa feliz y realizada.

Dante, a su lado, fue el compañero perfecto: atento, educado, discreto. Nunca habló de negocios, nunca mencionó su pasado, nunca hizo nada que pudiera empañar la imagen de respetabilidad que tanto le costaba construir.

Pero cuando la velada terminó y subieron al coche de regreso a la mansión, la tensión que habían contenido durante horas estalló como un globo pinchado.

—Ha ido bien —dijo Maya, con la cabeza apoyada en el reposacabezas, los ojos cerrados—. Mejor de lo que esperaba.

—Sí —respondió Dante, mirando por la ventanilla—. Ha ido bien.

El silencio se instaló entre ellos. No era un silencio incómodo, como los de los primeros días. Era un silencio cansado, casi íntimo, como el de dos actores que bajan del escenario después de una función exitosa.

Fue Maya quien lo rompió.

—Dante.

—Dime.

—¿Por qué lo haces? No el matrimonio. Eso ya lo sé. Pero lo demás. Las flores. La ropa. El médico para mi madre. Defenderme delante de Valentina. ¿Por qué?

Dante tardó en responder. Tanto que Maya pensó que no iba a hacerlo.

—Porque no soy el monstruo que crees que soy —dijo al final, y su voz sonó extraña, casi vulnerable—. O quizá lo soy, pero no contigo. Contigo no quiero serlo.

Maya abrió los ojos y lo miró. Dante seguía mirando por la ventanilla, pero su perfil se veía diferente bajo la luz de las farolas. Más humano. Más real.

—Gracias —susurró ella.

Él no respondió. Pero su mano, la que descansaba en el asiento entre ellos, se giró ligeramente. Un gesto mínimo, casi imperceptible. Una invitación.

Maya tomó su mano.

Los dedos de Dante eran largos, fuertes, llenos de callos. Los de Maya eran suaves, fríos, temblorosos. Se entrelazaron en la penumbra del coche, y ninguno de los dos dijo nada.

*_*

Llegaron a la mansión pasada la medianoche.

Maya subió las escaleras con el corazón ligero, algo que no sentía desde antes de aquel domingo maldito. Había sobrevivido. Había enfrentado a la alta sociedad. Había salido airosa. Y Dante… Dante había estado a su lado. No como un mafioso, sino como un compañero.

Se detuvo frente a la puerta de su habitación. Dante, que subía detrás de ella, hizo lo mismo.

—Buenas noches, Maya —dijo.

—Buenas noches, Dante.

Él asintió y se giró para irse. Pero Maya lo detuvo.

—Dante.

—¿Sí?

Ella dudó. Quería decirle algo. Algo importante. Algo que llevaba semanas queriendo decir. Pero las palabras no salían.

—Gracias —repitió, porque era lo único que podía decir.

Dante la miró un largo momento. Luego, sin mediar palabra, se acercó a ella y le rozó la mejilla con el dorso de la mano. Fue un gesto suave, casi paternal, completamente fuera de lugar en un hombre como él.

—Duerme bien —dijo, y se fue.

Maya entró en su habitación y cerró la puerta. Se apoyó en la madera, con el corazón latiéndole a mil por hora. Su mejilla aún ardía donde él la había tocado.

No soy el monstruo que crees que soy, había dicho.

Y Maya empezaba a creerle.

1
Ana Elena Jiménez
de lejitos mejorcito no vaya a ser una trampa
Ana Elena Jiménez
🥰🥰🥰🥰🥰
MARCE MIRANDA
siento a valentina con algo entre manos
MARCE MIRANDA
pense que no estaba la chimenea encendida., pero lo voy a obviar pprque el capitulo esta lindo
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja y eso que no lo quería
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja se siente el mal tercio
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
siiii ya era hora
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
🤭🤭
Esther💞🥰
está como mosca en leche el señor 🤣🤣🤣🤣🤣
Esther💞🥰
ese desgraciado no merece ese título😤🤬😡
Esther💞🥰
por fin 😍😘🫰
Anya Forger
Yo digo que no la admitas de nuevo en tu vida... Aguas con ese cambio de actitud, a lo mejor quiere brincar hacia tu marido, 🤷🏼‍♀️
Elvira Fretes
Maya ahora no puede confiar en nadie
Guadalupe Aviles
y que aunque su guerra no termina va ganando pequeñas batallas llenas de satisfacción y eso pues algo verdad
Guadalupe Aviles
muy sabia la señora y muy cierto peri me da mucha pena que dante piense así pero creo que con los conocimientos de la señora y el potencial de dante podrá llegar ala cima de la sociedad que a sido bastante cruel con el y por supuesto con el amor y confianza que maya le brinde podrá conocer la felicidad y no solo l el sobrevivir juntos siempre lo e dicho la lucha de la vida es cuando ka amor filial honesto
Elvira Fretes
jajaja me encantó Alessandro,,dijo la verdad, Dante cada día demuestra su amor por Maya
Elvira Fretes
son tan lindos 😍, juntos pueden lograr cambiar sus destinos
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