5 PUERTAS
¿Y si tu destino hubiera sido elegido antes de nacer?
Cinco puertas. Cinco destinos. Un secreto capaz de cambiarlo todo.
Cuando varias personas comienzan a descubrir que sus vidas están unidas por un misterio imposible de explicar, entenderán que algunas puertas nunca debieron abrirse.
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capítulo 1- LA PUERTA NÚMERO 3
Solo era una silueta de luz frente a cinco puertas, a punto de decidir el destino de una nueva vida.
No había cielo.
No había suelo.
No existía el tiempo.
Tampoco el frío, el calor o el sonido del viento.
Solo una inmensa oscuridad que parecía extenderse hasta el infinito.
Sin embargo, aquella oscuridad no daba miedo. Era tranquila. Serena. Como el silencio que queda después de una tormenta.
En medio de aquel vacío flotaba una silueta de luz.
No tenía rostro.
No tenía nombre.
No tenía edad.
No era un hombre ni una mujer.
Su cuerpo estaba formado por una luz blanca y suave que brillaba sin deslumbrar, como si cada pequeño destello respirara lentamente.
Abrió los ojos.
O, al menos, sintió que los abría.
Miró a su alrededor.
Nada.
Solo oscuridad.
Permaneció inmóvil durante un largo instante, intentando comprender dónde estaba.
No recordaba quién era.
No recordaba haber vivido.
Ni siquiera recordaba haber nacido.
Lo único que sabía era que existía.
Entonces, a lo lejos, apareció un diminuto punto de luz.
Era tan pequeño como una estrella.
La silueta lo observó en silencio mientras aquella luz comenzaba a acercarse lentamente.
Con cada segundo aumentaba de tamaño.
Primero iluminó un pequeño espacio.
Después otro.
Hasta que toda la oscuridad comenzó a desaparecer frente a ella.
Ante sus ojos apareció un largo pasillo de piedra blanca.
No tenía paredes.
No tenía techo.
Parecía suspendido en medio del infinito.
Al final del pasillo había cinco enormes puertas.
Cada una era completamente diferente.
La primera estaba construida con una antigua madera oscura. Sobre ella podían verse extraños grabados que cambiaban de forma cuando la luz los tocaba.
La segunda era de metal plateado. Su superficie reflejaba destellos que parecían moverse como agua.
La tercera era azul.
A diferencia de las demás, no tenía adornos ni grabados. Era sencilla.
Pero había algo en ella que transmitía una inexplicable sensación de calma.
La cuarta parecía estar hecha completamente de cristal.
Brillaba con miles de colores distintos.
Y la quinta...
La quinta permanecía cubierta por una espesa niebla.
Era imposible distinguir su forma.
Cuanto más intentaba observarla, más parecía desaparecer entre la niebla.
La silueta permaneció inmóvil.
No entendía qué era aquel lugar.
Ni por qué estaba allí.
—¿Dónde estoy...? —preguntó con curiosidad.
Su voz sonó extraña.
No salió de una boca.
Parecía surgir directamente de la luz que formaba su cuerpo.
Durante unos segundos nadie respondió.
Hasta que una voz profunda resonó en todo el lugar.
No venía de ninguna parte.
Y, al mismo tiempo, parecía venir de todas.
—Has llegado al umbral.
La silueta giró lentamente.
No había nadie.
—¿Quién eres?
Silencio.
—Eso no es importante.
—¿Dónde estoy?
—En el lugar donde comienza toda vida.
La silueta observó nuevamente las puertas.
—¿Qué son?
—Cinco caminos.
—¿Cinco caminos hacia dónde?
—Hacia una vida.
La respuesta la dejó confundida.
—¿Voy a vivir?
—Sí.
—¿Y por qué debo elegir?
La voz respondió con absoluta tranquilidad.
—Porque toda vida comienza con una elección.
La silueta avanzó lentamente por el pasillo.
Cada paso producía un leve resplandor bajo sus pies.
Se detuvo frente a la primera puerta.
Apoyó la mano sobre la madera.
Estaba tibia.
Después caminó hasta la segunda.
El metal era frío.
La tercera transmitía una extraña paz.
La cuarta parecía vibrar como si estuviera viva.
Y la quinta...
Ni siquiera podía acercarse demasiado.
La niebla ocultaba todo.
—¿Qué hay detrás de cada una? —preguntó.
—Una vida diferente.
—¿Cuál es la mejor?
—No existe una mejor.
—Entonces... ¿cómo sé cuál elegir?
La voz permaneció en silencio.
La silueta sonrió por primera vez.
—Supongo que tampoco responderás eso.
No hubo respuesta.
Solo el silencio.
Observó nuevamente las cinco puertas.
La primera parecía fuerte.
La segunda, imponente.
La cuarta era hermosa.
La quinta despertaba una enorme curiosidad.
Pero había algo en la tercera.
Algo imposible de explicar.
Era como si aquella puerta la hubiera estado esperando desde siempre.
Se acercó lentamente.
Levantó la mano.
Rozó la pintura azul con la punta de los dedos.
Una agradable sensación recorrió todo su cuerpo de luz.
Sintió tranquilidad.
Confianza.
Como si, por primera vez desde que había despertado, estuviera exactamente donde debía estar.
—Creo... que elegiré esta.
La voz volvió a hablar.
—¿Por qué?
La silueta bajó lentamente la mirada.
—No lo sé.
Respiró hondo.
O al menos sintió que lo hacía.
Después levantó nuevamente la vista.
—Simplemente siento que es la correcta.
La voz tardó varios segundos en responder.
—¿Estás completamente seguro?
La silueta observó las otras cuatro puertas por última vez.
No sabía por qué.
Pero sintió una pequeña tristeza.
Como si al abrir aquella puerta estuviera despidiéndose de algo que jamás volvería a ver.
Sin entender esa sensación, respondió con firmeza.
—Sí.
Entonces la voz pronunció unas palabras que quedaron grabadas en el silencio.
—Toda elección abre un camino... y cierra los demás.
La silueta asintió.
Sujetó el picaporte.
Lo giró lentamente.
La puerta comenzó a abrirse.
Una intensa luz blanca inundó el pasillo.
Era tan brillante que las demás puertas desaparecieron.
La silueta dio un paso al frente.
Y la luz la envolvió por completo.
Todo desapareció.
...
—¡Señora, respire! ¡Ya casi nace!
El aire estaba lleno de voces.
Luces blancas iluminaban una sala de hospital.
Médicos y enfermeras corrían de un lado a otro.
Una mujer hacía un último esfuerzo mientras sostenía con fuerza la mano del hombre que estaba junto a ella.
Un segundo después...
El llanto de un bebé llenó toda la habitación.
—¡Es un varón! —exclamó una enfermera con una sonrisa.
La mujer, agotada, miró al pequeño entre sus brazos.
A su lado, un hombre sonrió con lágrimas en los ojos.
Miró al pequeño que acababa de llegar al mundo.
Era perfecto.
Con mucho cuidado lo tomó entre sus brazos.
El bebé abrió lentamente sus pequeños ojos.
Por un instante miró hacia el techo.
Como si buscara una luz que ya no estaba.
Pero no encontró nada.
Había olvidado el pasillo.
Las cinco puertas.
La voz.
Y la elección.
Todo había desaparecido de su memoria.
La mujer acarició la mejilla del bebé.
—Es hermoso...
El hombre acarició suavemente la pequeña mano de su hijo.
—Giovanni...
Ella levantó la mirada.
—¿Por qué ese nombre?
Él sonrió con dulzura.
—No lo sé...
Sentí que siempre fue su nombre.
Giovanni cerró lentamente su pequeña mano.
En el centro de su palma apareció una diminuta marca con forma de flecha.
Nadie la vio.
Pero estaba allí.
Esperando el día en que volviera a señalar el camino.