Ella puede morir en cualquier momento, pero la presencia del Alfa se convierte en su única ancla para sobrevivir. Kael ha encontrado a su Luna, y destruirá a quien sea necesario con tal de mantener latiendo el corazón de la mujer que ama.
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Capítulo 13
Camila guardó silencio por un momento, asimilando la intensa explicación sobre la marca. Sin embargo, su mente analítica —y su inevitable curiosidad— no se detuvo ahí. Dio medio paso hacia atrás, soltándose suavemente de su agarre, y cruzó los brazos. Un ligero rubor ascendió por sus pómulos, pero mantuvo la mirada firme y directa, decidida a no dejar ninguna duda en el aire.
—Hay algo más que deba saber de esto... —comenzó Camila, aclarando su garganta para disimular la repentina calidez en sus mejillas—. En caso de que yo... pues, quiera, no sé, tener una relación contigo. Y, ya sabes, llegamos a la intimidad... ¿Cómo sería eso? —preguntó, volviéndose sorprendentemente más directa, fijando sus ojos castaños en los de él.
Kael se congeló un instante, tomado por sorpresa por la franqueza quirúrgica de la cirujana. Luego, la comisura de sus labios se elevó en una sonrisa lenta, cargada de una sensualidad peligrosa y contenida. La observó de arriba abajo, fascinado por esa mezcla única de vulnerabilidad, intelecto y coraje.
—No te andas con rodeos, doctora —murmuró el Alfa, recortando la distancia de nuevo, esta vez con una lentitud calculada, hasta que el calor de sus cuerpos casi volvía a rozarse.
—Soy médica, Kael. Prefiero entender a qué me enfrento antes de dar un paso en falso —respondió Camila con la barbilla en alto, aunque su respiración se volvió un poco más agitada ante la aplastante cercanía del hombre.
Kael levantó una mano y, con la yema del pulgar, le rozó despacio la línea de la mandíbula, haciendo que un escalofrío eléctrico recorriera la espina dorsal de Camila.
—Para un humano común, la intimidad es solo física y emocional —dijo Kael con una voz baja, áspera y envolvente que vibró justo al lado de su oreja—. Pero para un Alfa y su Luna, es algo infinitamente más primitivo y profundo. Los sentidos se agudizan al límite. Mi lobo y mi parte humana reclaman cada centímetro de tu piel. Sentirás mi fuerza, mi energía fluir directamente en ti, y el lazo se volverá tan intenso que la barrera entre lo que tú sientes y lo que yo siento desaparecerá.
Camila tragó saliva. La forma en que él lo describía no sonaba a una simple unión, sino a un consumo absoluto.
—¿Y tu fuerza? —insistió ella en un susurro, sintiendo el latido de su propio corazón vibrar en sincronía con el de Kael—. Físicamente eres un hombre lobo, Kael. Tu resistencia y tu fuerza no son normales.
—En la cama con mi Luna, la fuerza de la bestia no se usa para dominar, sino para proteger y entregar placer —contestó Kael, sujetando su cintura con una firmeza impecable, sin presionar, pero dejando claro el control absoluto que tenía sobre sus propios instintos—. Mi lado Alfa sabrá exactamente hasta dónde llevarte sin lastimarte. No voy a negarte que será salvaje e intenso, porque el deseo entre dos compañeros destinados es insaciable... pero serás tú quien marque el ritmo, Camila. Siempre tú.
Camila sostuvo la mirada verde y ardiente del Alfa. La respuesta, lejos de asustarla, encendió una chispa desconocida en lo más profundo de su ser, terminando de derribar la última muralla de hielo que rodeaba su frágil corazón.