Alex siempre creyó que obedecer a su Alfa era su deber. Entregado al Clan Sabio para pagar una deuda, soportó humillaciones, desprecios y castigos, convencido de que algún día Fernando comprendería su valor. Pero después de recibir un golpe injusto, algo cambia.
Una voz aparece en su mente.
La Diosa Lectora conoce sus secretos, revela las mentiras del clan y le muestra futuros que podrían convertirse en realidad. Por primera vez, Alex descubre que su sufrimiento no fue casualidad y que su origen guarda un secreto capaz de cambiarlo todo.
Con cada verdad, el Omega deja atrás al joven sumiso que todos podían pisotear. Ya no obedecerá ciegamente, ni permitirá que otros decidan su destino.
Mientras Fernando descubre demasiado tarde lo que perdió y Alejandro le ofrece un camino diferente, Alex deberá elegir entre la venganza, el amor y la libertad.
Porque esta vez, el Omega elegirá su propio futuro.
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La fundación de la Casa de Jade
Las puertas de nogal barnizado del antiguo edificio mercantil de la avenida este se abrieron de par en par bajo el cielo despejado de la Gran Capital. La estructura de tres pisos, de arquitectura imponente y columnas de piedra blanca, lucía una flamante placa de bronce grabada con el nuevo emblema de Alex: una hoja de jade entrelazada con una pluma de contador. La "Casa de Jade" no era solo una botica de productos curativos puros, sino la primera institución comercial y financiera dirigida, administrada y resguardada exclusivamente por omegas.
En el vestíbulo principal, decenas de jóvenes omegas vestidos con túnicas pulcras de color verde oscuro organizaban los frascos de tónicos y revisaban los libros de inventario. Muchos de ellos habían sido despojados de sus derechos, marginados por sus familias o relegados a tareas serviles en las casas feudales de la Capital; ahora, bajo la tutela de Alex, recibían salario justo, educación contable y protección legal.
Alex descendía por las escaleras de piedra tallada con paso pausado y elegante. Llevaba una túnica de seda gris con bordados plateados y una capa corta sobre los hombros. A sus espaldas, el panel transparente del Sistema destellaba con cifras que aumentaban segundo a segundo.
«Análisis del Sistema: Establecimiento de la Casa de Jade», anunció la voz vibrante en la mente del anfitrión. «Capacidad operativa al 90%. Red de información urbana activada: 45 informantes desplegados en las casas comerciales de la Capital. Recompensa por hito alcanzado: Control de la distribución de medicamentos en el distrito central.»
—Señor Alex —se acercó rápidamente uno de los jóvenes administradores, inclinando la cabeza con profundo respeto—. Los representantes del mercado de telas y los dueños de los carruajes de suministro han llegado para firmar los acuerdos de abastecimiento. Sin embargo... el enviado del Clan Silva exige ser atendido de inmediato en la oficina superior.
Alex esbozó una sonrisa helada, ajustando la carpeta de cuero que llevaba bajo el brazo.
—Déjalo esperar diez minutos más —ordenó Alex en voz baja—. Que entienda desde el primer día que en esta casa las reglas no las dictan las viejas familias nobles.
Mientras el joven obedecía presuroso, en la sala de reuniones del tercer piso, el Consejero Valerio Silva caminaba de un lado a otro con impaciencia, golpeando el suelo con su bastón. Representaba a la rama principal del Clan Silva y durante décadas había controlado el monopolio de las boticas en la provincia central.
Cuando Alex ingresó a la estancia con absoluta parsimonia y se acomodó en el sillón de la presidencia, Valerio ni siquiera esperó a que se sirviera el té para expresar su indignación.
—Joven Alex —comenzó Valerio con tono áspero y condescendiente—, admito que la caída de Héctor Alba fue una maniobra astuta de su parte. Pero administrar una botica en la Capital no es lo mismo que revisar recibos de cocina en la Casa González. El Clan Silva maneja las licencias de transporte y los permisos de importación de hierbas medicinales. Si pretende operar sin nuestra aprobación, su negocio no durará ni un mes.
Alex se sirvió una taza de té de jazmín con ademanes pausados y perfectos antes de alzar la vista hacia el consejero.
—El Clan Silva parece olvidar un detalle fundamental, Señor Valerio —respondió Alex con una voz serena pero dotada de un peso aplastante—. Las licencias de transporte del distrito este dependen del Consejo Neutral, no de ustedes. Y los permisos de importación de la raíz de jade, la base de los tónicos más valiosos del imperio, me pertenecen en exclusiva tras la sentencia del Gran Alfa que confiscó los bienes del Clan Alba.
El rostro de Valerio se mudó de color, volviéndose ligeramente pálido.
«Desplegando análisis de vulnerabilidad del objetivo Valerio Silva», notificó la interfaz flotante del Sistema. «El Clan Silva padece un déficit del 40% en su suministro de medicina pura tras el embargo del norte. Se detecta un intento de extorsión comercial por desesperación financiera.»
—Ustedes no vienen a ofrecerme un acuerdo por benevolencia —continuó Alex, apoyando las manos sobre la mesa de caoba—. Vienen porque sin el jade de mis minas del norte, sus boticas no podrán cumplir con las entregas para la Guardia Imperial a fin de mes. Si el Clan Silva intenta bloquear mis carruajes en la entrada de la ciudad, cancelaré de inmediato todos los contratos de suministro de materia prima hacia sus talleres.
Valerio apretó los dientes con rabia contenida. Había venido dispuesto a intimidar a un omega sin respaldo familiar, pero se encontraba frente a un estratega impecable que conocía los puntos débiles de su economía mejor que él mismo.
—¿Qué es lo que exige entonces? —siseó el consejero, tragándose el orgullo.
—Un acuerdo de no interferencia firmado ante el Consejo Neutral —declaró Alex con voz de acero, deslizándole un pergamino redactado previamente—. La Casa de Jade operará de forma autónoma en toda la provincia. A cambio, les venderé un lote trimestral de jade bruto a precio de mercado. Es su única opción, Consejero.
Valerio, temblando de frustración ante la aplastante derrota, tomó la pluma de ave y estampó su sello familiar en el documento. Sabía que desafiar a Alex en ese momento significaba la ruina comercial de su clan.
Al salir el Consejero Silva con el rostro desencajado, el Embajador Julián Ramos entró a la estancia, contemplando la escena con admiración implacable.
—Has neutralizado al Clan Silva en su propio terreno sin necesidad de recurrir a la fuerza —comentó el diplomático con una leve inclinación—. La Capital entera habla ya de la Casa de Jade.
—Esto es solo el comienzo, Señor Ramos —respondió Alex mirándolo de frente—. Mañana abriremos el pabellón de atención médica gratuita para las familias de los soldados de la frontera. Demostraremos que un omega no necesita someterse a la marca ni al poder de un alfa para construir una fortaleza inquebrantable.
En la distancia del camino del norte, los carruajes de la Casa González continuaban su marcha de regreso. Fernando González, cabalgando al frente, recibió un informe de sus mensajeros sobre el triunfo de Alex en la Capital. Al leer cómo el joven omega había sometido al poderoso Clan Silva, el Marqués dejó caer la carta, sintiendo una mezcla de amargo orgullo y una tristeza profunda que jamás dejaría de acompañarlo. Alex ya no pertenecía al pasado de abusos ni al dominio de nadie; había alcanzado la cumbre por sus propios medios.