Lucía Belén Carpenter planeó su boda de ensueño con los gustos de su prometido, un futbolista reconocido, Mateo Ferreti.
Siete días antes de la boda, ella descubre de la peor manera la traición que no solamente la destruiría sentimentalmente, sino que afectaría su reputación.
En un acto cometido por la rabia y el dolor, ella cometió un grave error... destrozar algo que no le pertenecía a su prometido, sino a un futbolista inocente y desconocido para ella.
El odio y el deseo de venganza la unirá a un ese hombre.
¿Qué pasará cuando ellos deban atravesar una gran exposición como una pareja consolidada? ¿Su mutuo deseo de venganza podrá convertir su matrimonio en algo más que un acuerdo o la venganza los consumirá?
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TENEMOS TIEMPO
LUCÍA BELÉN CARPENTER
Cameron tiene su respiración totalmente descontrolada, mientras que sus manos se mantienen moviéndose con suavidad.
Todo esto me resulta muy extraño. No es tan incómodo como creí que sería estar en una situación así con él, teniendo en cuenta que no nos conocemos.
--¿Dormirás conmigo esta noche?-- Preguntó alejándose pocos centímetros de mi rostro, suficientes para poder mirarme a detalle
--Es lo correcto, ¿No?-- Debí aclarar mi garganta al ver qué arqueaba una ceja y sonreía, ¿Acaso había pensado que yo deseaba...?-- Ahora tengo pijamas que puedo usar
--Tienes razón
No digo nada más. De algún modo siento que esta conversación no se trataba solamente de dormir.
Me besó de nuevo. Esta vez sentí su mano llegar a mi cadera, sobre la delgada tirita de mi ropa interior.
Yo sabía lo que seguía, o al menos lo intuía. Tenía dos opciones para escoger: dejarlo continuar o posponer esto para otro día.
--¿Crees que te haré daño?-- Preguntó al romper el beso, sin apartar su mano
Su pulgar acariciándome despacio en esa zona sensible me estaba desconcentrando.
--No... espero que cuando pase no lo hagas tampoco
Él apartó su mano. Miré hacia abajo, el vestido revelaba más de lo que tendría que cubrir.
Si antes sentía mi rostro caliente, esa sensación solamente se intensificó.
--Vamos a la cama-- Se puso de pie y me ofreció su mano
Al poner mis pies sobre el suelo sentí algunas molestias por haber estado tanto tiempo con tacones altos.
--Te duelen los pies
--Si tuvieras que caminar con zapatos de al menos diez centímetros que inclinan tus pies y los sostienen por algo súper delgado me entenderías
Lo peor es que eran hermosos. Debería ser un crimen que algo tan lindo cause tantas molestias en pocas horas de uso.
--Si usara algo así mi cabeza rozaría la puerta o debería agacharme. Además, no creo que pueda conseguirlos en mi talla-- Miré hacia abajo
--No, no lo creo-- Afirmé
Al entrar en su habitación sentí su fragancia. No le había prestado atención antes porque estaba demasiado abrumada y rodeada de flores e invitados, pero ahora se hacía evidente. Podía identificar cuero, chocolate amargo y un sutil aroma frutal que no pude identificar. Jamás había sentido nada similar.
--Me gusta tu perfume. Es extraño, pero de alguna manera funciona-- Escuché su breve risa a mi espalda
--El tuyo también me gusta-- Se puso frente a mí y volvió a besarme
Sentí su mano por debajo de la abertura de mi vestido, otra vez, pero retrocedimos hasta que mi espalda estuvo apoyada en la puerta. Él no había encendido las luces, tan solo podía verlo por la luz de la luna que entraba a través de las cortinas.
Mi vestido fue levantado, una de sus manos llegó a mi abdomen y lo delineó.
--No creí descubrir esto-- Contuve el aliento ante sus suaves caricias
--¿Qué?
--Tienes el abdomen marcado. Hace que desee mirarte usando menos ropa-- Confesó
Tragué saliva. ¿Eso era una solicitud o un simple deseo?
--¿Es una indirecta?-- Él se rió suavemente
--Puede ser...
Noté que comenzaba a desprender su camisa, botón por botón. No me moví.
Después de quitarse la camisa desprendió su cinturón. No hizo más.
Me besó de nuevo y luego me apartó de la puerta. Sus dedos alcanzaron la cremallera de mi vestido y empezaron a deslizarla.
De nuevo tuve dos opciones. Podía sostener mi vestido o dejarlo caer. Al menos no había luz suficiente y eso lograba que este momento no fuera tan incómodo. Se que la confianza llegará con el tiempo y que más adelante este momento será mucho más fácil para los dos.
Él apartó sus manos cuando llegó al final de la cremallera.
Cameron desprendió su pantalón y se quitó los zapatos sin usar sus manos.
Su pantalón cayó y yo puse mis brazos detrás de su cuello cuando me besó de nuevo. En ese momento sentí el roce de la tela por mi piel al caer.
Cameron llevó las manos a mi espalda y luego a mi trasero para levantarme.
Mi espalda quedó sobre el colchón cuando me llevó a la cama. Sus caricias se convirtieron en roces al llegar a mi ropa interior.
Su boca fue a mi cuello y luego sentí mis senos libres. Fui consciente de ello en el momento en que su mano los recorrió por completo.
Dos sensaciones podían dominarme: la curiosidad de la nueva experiencia o detener esto por temor y vergüenza.
Cuando él comenzó a quitarme lo único que me quedaba, sentí todavía más nervios y dudas.
--¿Prefieres seguir adelante?
Debí cerrar los ojos.
--Estoy bien, solamente un poco nerviosa-- Asumí
--Tenemos tiempo
No sé si me lo dijo porque avanzaría con tanta tranquilidad cómo hasta ahora o porque no teníamos que llegar al final hoy, pero tomé la decisión de no detener lo que estaba pasando.
Sentí que él se desnudó por completo, no hizo falta que lo mirara. Podía sentir su piel contra la mía.
Sus manos me tocaron sin pudor alguno concentrándose en la zona que muy pronto tendría que recibirlo.
Me sentí inquieta y acabé mordiendo mis labios para contenerme.
Sentí que una ansiedad desconocida se apoderaba de mí solamente con la caricia de sus dedos y de pronto, él nos giró en la cama.
--Cameron...-- Pronuncié su nombre, desconcertada
--Quiero que bajes despacio, a tu ritmo. Toma el tiempo que necesites
Escuché su voz agitada. No pude comprender lo que intentaba decirme, hasta que me impulsó hacia arriba y se apoyó en mi entrada.
Contuve el aliento mientras empujaba hacia abajo con lentitud.
--Así, despacio-- Volvió a besarme
Una de sus manos acarició mi espalda con lentitud. Sentí que mis músculos se relajaban y que lo desconocido, al menos en gran parte dejó de asustarme.
Cameron apretó mis caderas cuando descendí un poco más. Creí que podría perder la paciencia y sentarme por completo sobre él, pero no lo hizo. Sería doloroso si lo hiciera porque mi cuerpo lucha desesperadamente por dejarlo entrar.
Lucía Carolina se va a arrepentir