Perdí cinco años de mi vida en una prisión de máxima seguridad, acusada de un crimen que jamás cometí. Me arrebataron mi libertad, mi nombre y mi futuro... pero no pudieron romperme. Hoy he vuelto. Aquellos que conspiraron para hundirme, que sonrieron mientras me juzgaban, pagarán cada día de mi encierro. No vengo a pedir justicia; vengo a cobrar la deuda. Me llamo Esther Vane, y su pesadilla acaba de comenzar.
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Capítulo VII Sin sentimientos
Punto de vista de Esther
Tras volver a la casa que compartiría con Felipe, él dejó las reglas del juego bastante claras, algo que me trajo cierta tranquilidad. No pensaba cumplir con deberes matrimoniales con un hombre al que apenas estaba conociendo.
Subí a la que sería mi habitación. Necesitaba descansar después de haber tenido que fingir durante horas un matrimonio perfecto y feliz; sin embargo, me fue casi imposible conciliar el sueño. Aún sentía el calor de los labios de Felipe sobre los míos y una chispa extraña se instalaba en mi pecho cada vez que lo recordaba.
Traté de ahogar esa sensación de inmediato. No podía permitirme sentir nada por él. No podía confiar en nadie. Debía mantener mi corazón cerrado para cualquier sentimiento. La última vez que abrí mi corazón y confié ciegamente en un hombre, terminé arrastrada al infierno de la cárcel, pagando por un crimen que jamás cometí.
Hace cinco años...
—¿Quieres ser mi novia, Esther? —preguntó Gabriel, regalándome una hermosa rosa roja con una sonrisa encantadora que me hizo sonrojar.
—Sí, claro que sí —respondí con alegría, llevándome las manos a la boca por la emoción.
Gabriel se acercó y me besó dulcemente para sellar nuestro noviazgo, justo después de una romántica cena a la luz de las velas. Pero en cuestión de segundos, la ternura se esfumó. El beso empezó a volverse agresivo, desesperado. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo con brusquedad por debajo de la ropa. Sentí una incomodidad aterradora y le pedí que se detuviera, pero él parecía no escucharme. Mis súplicas solo parecieron alimentarlo, llenarlo más de deseo.
En ese preciso momento, la puerta se abrió de golpe. Victoria entró hecha una furia, con los ojos fuera de sí. Al vernos, en lugar de reclamarle a él, empezó a gritarme e insultarme con rabia ciega. Sin darme tiempo a reaccionar, se abalanzó sobre mí para golpearme. Pensé que acabaría conmigo.
Traté de defenderme entre el pánico y el forcejeo. Para quitarla de encima, la empujé con todas mis fuerzas.
El impacto fue espantoso. Victoria perdió el equilibrio, trastabilló hacia atrás y golpeó la esquina del mueble antes de caer pesadamente al suelo. Un sonido sordo retumbó en la habitación, seguido de un silencio sepulcral.
Su cabeza golpeó con violencia contra el borde de la mesa de centro y quedó tendida e inmóvil sobre la alfombra. Un hilo de sangre espesa comenzó a brotar de su frente.
—¡Victoria! —grité aterrorizada, intentando acercarme para ayudarla.
Pero Gabriel me sujetó con fuerza por los brazos, frenándome en seco. Su mirada había cambiado en un segundo: la lujuria y la sorpresa habían dado paso a una frialdad maquiavélica.
En lugar de llamar a una ambulancia para salvar a su prometida, Gabriel vio en esa tragedia la oportunidad perfecta para salvar su propio cuello. Si la verdad salía a la luz, él quedaría expuesto como el agresor que intentó abusar de mí; pero si jugaba bien sus cartas, yo me convertiría en la villana.
—¡Tú la mataste! —gritó Gabriel con una actuación fría y calculadora, mientras usaba su fuerza para someterme contra el suelo—. ¡Intentaste matarla porque descubrió lo que eras!
—¡No! ¡Gabriel, déjame! ¡Fue un accidente, ella me atacó y tú estabas sobre mí! —supliqué entre lágrimas, luchando desesperadamente por liberarme.
—Nadie te va a creer, Esther. Mírate... la humilde muchacha de servicio de la casa de Victoria que intentó deshacerse de la heredera Herrera para quedarse con su dinero y su prometido.
—Su… su prometido —tartamude por la sorpresa —. Yo… yo no sabía que ustedes estaban comprometidos, si lo hubiera sabido nunca me acercaría a ti.
Mis palabras fueron ignoradas. Esa misma noche, mientras Victoria ingresaba en estado crítico al hospital por el traumatismo craneal, Gabriel se encargó de moldear la escena a su antojo. Borró cualquier rastro de su intento de abuso y le vendió a la policía y a los medios la mentira perfecta: Esther Martínez, una mujer ambiciosa y peligrosa, había intentado quitarle la vida a la heredera de los Herrera por celos y codicia.
Presente...
Apreté las sábanas con fuerza en medio de la oscuridad de mi habitación mientras las lágrimas de rabia se secaban en mis mejillas. La herida en la cabeza de Victoria fue el boleto directo que me mantuvo encerrada en una celda fría durante cinco largos años.
Ese recuerdo me devolvió a mi dura realidad. No había espacio para la debilidad ni para los sentimientos hacia Felipe. Ya una vez me habían destruido la vida y eso no volvería a pasar, ahora que era mi turno de ver caer a mis verdugos no me detendría por nada ni nadie.
no soporto esto
Llegan a la cabaña y lo primero que soltó Felipe fue a Melisa si algo está ocultando Esther es la atracción que siente y Felipe se dió cuenta y quiere enmendar su error veremos qué pasará allí y como saldrán.
Que astuto el viejo quiere tener ojos en la casa de Felipe y Esther como dijo Erika tienen química se atraen pero no lo reconocen 🤣😂🤣😂
y los e melissa tienes que pi er todo claro con ella Felipe si no quieres perder a Esther
por que que otra cosa
Si escarban el pasado encontrarán más pruebas de la que no imagina Felipe con la muerte de Melisa.
Veremos con que artimañas salen los Linares 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓