Liam un joven marcado por la traición y el alcohol presencia cómo un hombre (Dimitri) golpea y abandona en la nieve a una joven embarazada (Sasha). Al ver que ella sangra y entra en parto prematuro, la sube a su viejo sedán y conduce desesperadamente hacia el Hospital Central, logrando que sea ingresada a urgencias antes de caer inconsciente. Este acto desinteresado abrirá nuevas puertas en la vida de Liam, ya que no solo había salvado a alguien de una familia poderosa sino que entre el hermano de sasha y Liam comienza a crecer un magnetismo inevitable.
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Capítulo 5: Urgencias
El sedán frenó en seco sobre la rampa helada de la entrada de urgencias del hospital, dejando una marca negra sobre la nieve acumulada. Liam quitó su cinturón de seguridad, abrió la puerta del conductor y corrió a través de las puertas automáticas de cristal que se abrieron de par en par.
—¡Necesito ayuda médica ahora mismo! —gritó Liam con una voz desgarrada por el pánico, irrumpiendo en el pasillo principal de la recepción—. ¡Tengo a una mujer embarazada perdiendo el conocimiento en mi auto! ¡Está desangrándose!
Dos celadores y un médico residente que se encontraba cerca del mostrador reaccionaron de inmediato. Trajeron una camilla de traslado con ruedas y siguieron a Liam a toda prisa hacia la intemperie.
Al abrir la puerta del copiloto, los sanitarios evaluaron instantáneamente la gravedad de la situación. Con maniobras rápidas y coordinadas, sacaron a la chica del habitáculo del vehículo. Liam se quedó inmóvil, observando con el corazón en la garganta cómo colocaban el cuerpo inerte de la joven sobre la sábana blanca de la camilla. Su rostro presentaba una palidez cadavérica y la parte inferior de su vestido estaba teñida por una alarmante cantidad de sangre.
—¡La presión arterial está por los suelos! ¡Tiene signos claros de shock hipovolémico! —gritó el médico mientras comenzaban a empujar la camilla a gran velocidad por el pasillo interior—. ¡Llamen al equipo quirúrgico de guardia! ¡Preparen el quirófano tres para una cesárea de emergencia y una transfusión inmediata!
Liam caminó apresuradamente detrás del grupo, intentando no perder de vista la camilla, pero al llegar a las puertas dobles de acceso restringido, una enfermera se interpuso en su camino, colocándole una mano firme pero comprensiva sobre el pecho.
—Señor, no puede avanzar más allá de este punto —dijo la enfermera con tono profesional—. El equipo médico debe trabajar de inmediato. Por favor, permanezca en la sala de espera.
Las puertas de metal y cristal se cerraron bruscamente, aislando el sonido de las alarmas médicas y los pasos apresurados. Liam se quedó solo en el pasillo iluminado por luces fluorescentes que emitían un zumbido sordo.
Miró sus manos: estaba temblando de frío y agotamiento. Sus palmas y sus puños estaban manchados con una mezcla de nieve derretida, sudor frío y restos de la sangre de la joven. Miró sus pantalones empapados y sintió la punzada de su propia mejilla lastimada. Cayó pesadamente sobre una de las sillas de plástico azul de la sala de espera, apoyando los codos en las rodillas y hundiendo el rostro entre las manos.
Recién en ese momento de silencio absoluto se dio cuenta de la magnitud de lo que había sucedido en la última hora. Ni siquiera conocía el nombre de la chica a la que acababa de salvar de morir en medio de la nieve.
El tiempo en la sala de espera parecía haber tomado un ritmo agobiante. El reloj digital colgado en la pared marcaba las 02:15 de la madrugada. El único sonido presente era el zumbido monótono de los tubos de luz del techo y el goteo ocasional del agua que caía de su propio abrigo mojado sobre el suelo de vinilo.
Liam intentaba tranquilizar su mente. El trauma de la violencia vivida horas antes con Enrique parecía haber quedado sepultado bajo la urgencia de la vida que acababa de presenciar en el asiento de su automóvil. Se frotó los brazos para intentar entrar en calor.