Durante ocho años, Shen Yuchen vivió bajo un nombre que no era el suyo.
Sin familia, sin poder, sin pasado y con una sola orden: no regresar hasta que terminara el plazo.
Pero la noche en que los ocho años llegan a su fin, alguien escribe su verdadero nombre en una calle olvidada de Lóngchéng.
Desde ese momento, todo comienza a derrumbarse.
Un falso heredero ocupa su lugar.
Un hombre con su mismo rostro asegura ser el verdadero Adrián Valerius.
Antiguas familias empiezan a perseguirlo.
Sus recuerdos esconden secretos que alguien borró deliberadamente.
Y dentro de su cuerpo despierta una fuerza relacionada con las misteriosas Nueve Puertas, un poder que incluso las familias más antiguas temen.
Mientras descubre la verdad sobre su origen, Shen Yuchen deberá construir su propio poder, enfrentarse a clanes, cultivadores, imperios empresariales y enemigos ocultos durante siglos.
Pero existe un problema todavía mayor:
Su identidad no fue simplemente robada.
Fue dividida.
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Sangre Shen
La noticia de que Adrián había visitado la Fundación Lin Yue tardó menos de una hora en llegar a la Casa Shen.
Zhaoling estaba entrenando cuando lo llamaron.
No utilizaba armas.
Golpeaba postes de madera.
Puños ensangrentados.
Su instructor, un hombre llamado Shen Bo, esperaba.
—La verificación será adelantada.
Zhaoling se detuvo.
—¿Cuándo?
—Tres días.
—Dijeron siete.
—Cambió.
—¿Por qué?
Shen Bo respondió:
—El otro candidato activó resonancia.
Zhaoling sintió rabia.
—Yo también.
—No oficialmente.
—He cultivado desde niño.
—Cultivar no es ser reconocido por una Puerta.
—¿Qué importa una reliquia antigua?
Shen Bo lo golpeó en el pecho.
Zhaoling cayó.
—Nunca digas eso dentro de la Casa.
Se levantó.
—¿Qué Puerta?
—No saben.
—¿Cómo pueden no saber?
—Porque alguien oculta la información.
—Gu.
—Tal vez.
Zhaoling limpió sangre.
—Quiero ir a Lóngchéng.
—No.
—Es mi posición.
—Precisamente.
—¿Tengo miedo?
Shen Bo lo miró.
—Deberías.
Adrián volvió a Qinghe.
Quería hablar con Qiu.
El mercado no apareció.
Siete campanas.
Nada.
La puerta no se abrió.
Meilin dijo:
—Solo aparece en determinadas horas.
—¿Cuándo?
—Depende.
—Todo depende.
Jian Mo sonrió.
—Te estás adaptando.
Adrián lo ignoró.
Recibió una llamada.
Luo Ming.
—Ven.
—¿Por qué?
—Encontraron el cadáver.
Han Qiren.
Lo hallaron sentado en una estación de autobús.
A plena luz del día.
Nadie vio quién lo dejó.
En la morgue, Adrián observó el cuerpo.
Rostro conocido.
Más viejo.
Pero real.
Luo levantó la sábana.
—Mira.
En el pecho había nueve marcas.
Una estaba quemada.
Otra congelada.
Adrián sintió las dos resonancias.
Meilin no había ido.
Jian esperaba afuera.
Luo preguntó:
—¿Qué significa?
—No sé.
—Mientes peor cada vez.
Adrián miró las manos.
Una seguía cerrada.
—¿La abrieron?
—No.
—¿Por qué?
—No podemos.
Los dedos estaban rígidos.
Adrián tocó la muñeca del cadáver.
La mano se abrió.
Dentro había jade blanco.
La pieza de la fotografía.
Luo levantó un arma.
—No la toques.
Demasiado tarde.
Adrián tomó el jade.
Una imagen explotó en su mente.
Han Qiren.
Vivo.
Hablándole.
Yuchen. Si ves esto, significa que fallé.
Adrián quedó inmóvil.
No era visión normal.
Memoria almacenada.
No busques la verdad de tu nacimiento primero.
Busca la verdad de tu sangre.
La Casa Shen tiene un registro que nadie puede falsificar.
El Pozo Ancestral.
Imagen.
Una montaña.
Templo.
Agua negra.
Tres días después del reconocimiento, los herederos serán convocados.
No permitas que Shen Zhaoling entre solo.
La visión terminó.
Adrián cayó contra la mesa.
Luo lo sostuvo.
—¿Qué pasó?
—Nada.
—Tus ojos se volvieron dorados.
Adrián se quedó quieto.
—¿Qué?
Luo señaló un espejo.
Normales.
—Un segundo.
Adrián guardó el jade.
—Necesito ir a la Casa Shen.
Luo rio.
—Pensé que querías evitarla.
—Cambió.
Afuera, Jian Mo escuchó.
—No.
—Han dejó un mensaje.
—¿Qué?
—Pozo Ancestral.
Jian Mo palideció.
—No.
—¿Por qué?
—Porque si entras, sabrán qué sangre llevas.
—Eso quiero saber.
—No entiendes.
—Explícame.
Jian Mo se acercó.
—Si eres hijo de Shen Jianhong, tienes derecho.
—¿Y si no?
—La Casa puede ejecutarte por usurpación.
Adrián sonrió.
—Entonces finalmente obtendré una respuesta.
—O una tumba.
—También es una respuesta.
Jian lo miró.
—Estás volviéndote como tu padre.
Adrián recordó la grabación.
No confíes en Shen Jianhong.
—Eso todavía no sé si es algo bueno.
Esa noche llegó una invitación.
No electrónica.
Papel.
Sello Shen.
Al señor Adrián Valerius:
Por solicitud de verificación de sangre, se le convoca al Santuario Shen de Lóngchéng dentro de cuarenta y ocho horas.
Debajo:
La negativa será considerada renuncia definitiva a cualquier reclamación de linaje.
Adrián dobló el papel.
Meilin dijo:
—Puedes renunciar.
—No.
—No sabes qué encontrarás.
—Por eso voy.
—Zhaoling estará allí.
—Perfecto.
—Puede ser más fuerte.
—Probablemente.
—Tiene cultivación formal.
—Bien.
Meilin frunció el ceño.
—¿Bien?
Adrián miró su muñeca.
—Necesito descubrir cuánto me falta.
Jian Mo rio.
—Ahora definitivamente eres Shen.
Adrián respondió:
—Todavía no.
Miró la invitación.
—Primero quiero que ellos me lo demuestren.