Aylany, al cumplir quince años, comienza a descubrir su propio camino, enfrentando nuevos sueños, emociones y decisiones que marcarán el inicio de su propia historia.
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Capítulo 1: La despedida y la nueva vida
El viento frío del Cajón del Maipo se colaba por la ventana entreabierta de la habitación de Aylany, moviendo suavemente las cortinas moradas que ella misma había elegido años atrás.
Afuera, las montañas seguían en su lugar, inmóviles, como si nada hubiera cambiado.
Pero dentro de ella, todo se estaba rompiendo en silencio.
Ese lugar había sido su mundo entero.
Sus caminos de tierra, el sonido del río, las tardes de estudio con la ventana abierta y el olor a naturaleza entrando sin permiso.
Todo eso estaba a punto de quedar atrás.
Aylany estaba sentada sobre su cama, con una maleta abierta frente a ella.
No avanzaba.
Solo miraba su habitación como si al hacerlo pudiera detener el tiempo.
—Hija… ya hablamos de esto —la voz de Lois sonó desde la puerta.
Aylany no respondió de inmediato.
Su madre estaba ahí, con esa calma que intentaba no quebrarse.
—Tu papá terminó su clínica en Santiago… y mi centro de investigación ya está funcionando.
Es un cambio importante para todos —agregó suavemente.
—Un cambio para ustedes —respondió Aylany al fin, sin levantar la mirada—.
No para mí.
El silencio que siguió fue pesado.
Cris apareció detrás de Lois.
Alto, firme, pero con esa forma de mirar a su hija que siempre mezclaba orgullo y preocupación.
—No te estamos dejando atrás —dijo él—. Vamos juntos.
Es nuestra familia la que se está moviendo, no tú quedándote sola.
Pero Aylany ya no escuchaba del todo.
Su corazón estaba atrapado en todo lo que iba a perder: sus amigos, su colegio, su lugar en el mundo.
Horas más tarde, el auto familiar bajaba por la carretera hacia Santiago.
El paisaje cambiaba lentamente: las montañas quedaban atrás y las autopistas comenzaban a reemplazar el silencio del Cajón del Maipo.
Cuando llegaron, la nueva casa impresionaba.
Grande, moderna, rodeada de jardines perfectos y espacios amplios.
Todo era impecable. Demasiado.
Pero para Aylany, no había nada de hogar allí.
—Desde aquí están cerca tus abuelos —comentó Cris mientras bajaban las maletas—. Y también la familia.
No estás lejos de nadie.
Aylany solo asintió, sin decir nada.
El lunes llegó demasiado rápido.
Su nuevo colegio era enorme, elegante, lleno de pasillos brillantes y estudiantes que parecían conocerse de toda la vida.
Aylany caminaba con su uniforme impecable, sosteniendo sus cuadernos con fuerza.
Intentaba no llamar la atención. Pero fue imposible.
—Así que ella es la nueva —se escuchó una voz al fondo del pasillo.
Aylany levantó la mirada.
Tomás.
Estaba apoyado contra los casilleros, rodeado de otros estudiantes.
Tenía el cabello rubio algo desordenado y una expresión de superioridad que no intentaba ocultar.
—La nueva alumna del valle —añadió con una sonrisa torcida—.
Seguro viene a ser la mejor de la clase,
¿o no?
Algunos rieron.
Aylany apretó los labios.
—No vengo a competir con nadie —
respondió con calma—.
Solo a estudiar.
Tomás soltó una pequeña risa, como si eso fuera lo más absurdo que había escuchado.
—Claro… todos dicen eso al principio.
Y sin esperar respuesta, pasó a su lado chocándole el hombro con intención, lo suficientemente fuerte para hacerla tambalear un poco.
Ese fue el inicio.
Desde ese día, Tomás parecía buscar cualquier oportunidad para incomodarla.
No era solo una broma aislada, era constante.
En clases, cuestionaba sus respuestas aunque fueran correctas.
En trabajos grupales, se aseguraba de dejarla fuera o hacerla sentir incómoda.
En los pasillos, siempre tenía algún comentario irónico listo.
—¿La genia no necesita ayuda?
—decía a veces cuando la veía concentrada.
—Cuidado, no vaya a romperse una uña estudiando tanto —murmuraba en otras ocasiones.
Aylany no respondía con la misma energía. Aprendió rápido que reaccionar solo alimentaba el juego.
Pero por dentro, cada día era más difícil ignorarlo.
No todo era negativo.
Con el paso de las semanas, conoció a Valeria y Camila, dos chicas que no la miraron como “la nueva” ni como competencia.
Simplemente la trataron como alguien más.
—No le hagas caso a Tomás —
le dijo Valeria un día en el recreo—.
Es así con todos los nuevos… pero contigo se pasa más.
—No sé qué le hice —respondió Aylany mirando hacia el patio.
—No hiciste nada —intervino Camila—.
Así es él.
Siempre buscando molestar.
Aylany observó a lo lejos a Tomás.
Estaba riéndose con otros compañeros, como si no acabara de arruinarle el día a alguien una hora antes.
Era imposible no notarlo.
Imposible no sentir esa mezcla extraña entre enojo y desconcierto.
Pero todavía no había nada más.
Solo rivalidad.
Solo choques.
Solo dos mundos obligados a cruzarse en el mismo lugar.
Y aunque ninguno de los dos lo sabía todavía… esa era apenas la primera página de una historia que estaba lejos de ser simple.