Valeria solo quería encajar. Por eso aceptó ir a esa fiesta con sus compañeras de universidad, sin sospechar que su presencia molestaba más de lo que creía. Su brillante expediente académico y la atención involuntaria del chico más codiciado del campus la habían convertido en el blanco de una envidia silenciosa. Esa noche, una trampa meticulosamente diseñada destruyó su reputación en cuestión de horas y alteró el curso de su vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo XIII La tutela de Alejandro
Ignacio observó la escena con la mandíbula apretada y el ceño profundamente fruncido. Ver a Valeria refugiada en el pecho de aquel hombre desconocido, dejándose consolar con tanta familiaridad, le encendió una alarma de incomodidad y recelo en el pecho.
—Disculpa, pero… ¿quién eres tú y qué haces aquí? —interrumpió Ignacio, dando un paso al frente con actitud protectora—. Este es el área de cuidados intensivos y solo la familia o personas autorizadas tienen acceso a la paciente.
Dante alzó la mirada lentamente sin soltar a Valeria, envolviéndola con un brazo protector mientras sostenía la mirada del médico con una frialdad imponente.
—Soy Dante Salazar. El esposo de Valeria —sentenció con una voz grave que no admitía réplicas.
La revelación cayó como un balde de agua helada sobre Ignacio. El joven doctor parpadeó, incrédulo, mirando a Valeria en busca de una negación que jamás llegó. Ella solo mantuvo el rostro oculto contra la camisa de Dante, demasiado agotada y abrumada para dar explicaciones sobre la rapidez de su matrimonio.
—¿Esposo? —repitió Ignacio, masticando la palabra—. Valeria nunca me mencionó que estuviera casada, y mucho menos con un Salazar.
—No tiene por qué darte explicaciones de su vida privada —intervino Dante, acortando la distancia con un movimiento calculado que dejó en claro quién tenía el control—. A partir de este momento, cualquier asunto relacionado con la cuenta médica de mi cuñado, su tratamiento y su seguridad legal pasa directamente por mi equipo corporativo.
—Con todo respeto, señor Salazar, yo soy el médico tratante de Alejandro y su tutor legal ante la clínica sigue siendo la señora Esperanza —replicó Ignacio, intentando mantener su postura profesional—. Por ley, ni usted ni Valeria pueden pasar por encima de la firma de su madrastra a menos que exista una orden judicial.
Dante dejó escapar una risa corta, desprovista de cualquier calidez.
—¿Una orden judicial? Por favor, doctor. Le sugiero que no subestime el alcance del apellido Salazar.
Sin perder el tiempo, Dante sacó su teléfono privado y marcó un número en marcación rápida. Bastaron tres tonos para que su abogado principal respondiera.
—Miguel, necesito que muevas a todo el equipo legal ahora mismo —ordenó Dante con voz helada—. Quiero una medida cautelar de emergencia para suspender la tutela legal de la madrastra de Valeria sobre su hermano, Alejandro Hernández. Redacta una demanda por negligencia, intento de extorsión y maltrato. Si es necesario, compra al juez o moviliza a la fiscalía esta misma tarde. Quiero que esa mujer no vuelva a pisar a menos de un kilómetro de este hospital.
Tras colgar, Dante guardó el teléfono en el bolsillo de su saco y volvió a mirar al médico, cuya cara de asombro lo decía todo.
—La tutela temporal pasará a manos de Valeria antes de que caiga la noche. Mientras tanto, quiero que traigas al mejor equipo de oncólogos y cirujanos cardiovasculares de la ciudad para evaluar el caso de Alejandro. Si este centro no tiene la tecnología suficiente, ordenaré su traslado inmediato a una clínica privada en el extranjero.
—Dante… no es necesario tanto —susurró Valeria, alzando la mirada hacia él con los ojos húmedos. Sorprendida por la contundencia con la que estaba resolviendo en segundos el infierno que la había atormentado durante cinco años.
—Es más que necesario, Valeria —dijo él, sujetándole la cara con suavidad para obligarla a mirarlo—. Te prometí que nadie volvería a lastimarte ni a usar a tu hermano como chantaje. Yo cumplo mi palabra.
Ignacio apretó las manos en puños a sus costados. Aunque le dolía admitirlo y sentía punzadas de celos al ver cómo Valeria miraba a su esposo con una mezcla de conmoción y gratitud, sabía que el dinero y el poder de Dante Salazar eran la única salvación real para Alejandro.
—Haré los preparativos para la junta médica de inmediato —dijo Ignacio con voz seca, dando un paso atrás—. Si me disculpan, tengo que revisar las métricas de Alejandro.
Cuando el doctor se alejó por el pasillo, Valeria se dejó caer suavemente contra el pecho de Dante. El peso del dolor en sus costillas y el agotamiento acumulado de los últimos días finalmente le pasaron factura, haciéndola tambalearse ligeramente.
—Tranquila, te tengo —murmuró Dante, rodeándola con firmeza—. Nos vamos a casa. Enrique cuidará la puerta de la habitación de tu hermano con un equipo de seguridad armada. Esperanza no volverá a acercarse.
—Gracias… —alcanzó a susurrar ella, sintiendo por primera vez en años que no estaba sola en la batalla.
Al subir a la camioneta, Dante la acomodó a su lado. La miraba fijamente, luchando contra la culpa que aún le carcomía el pecho por haberla juzgado tan mal. Sabía que el contrato de matrimonio firmado días atrás ya no era un simple acuerdo de negocios; ahora estaba dispuesto a mover cielo y tierra para proteger a la mujer que, en medio de su fragilidad, le había demostrado tener más valentía que cualquier persona que hubiera conocido.
se me hizo tan corta y muy buena 👍😍