Durante diez años, Aurora Moretti renunció a su apellido, a su fortuna y al imperio mafioso más poderoso de Italia por el hombre que amaba. Lo apoyó cuando no tenía nada, creyó en él cuando todos le dieron la espalda y lo acompañó hasta convertirlo en el temido Rey de la Mafia.
Pero el día de su boda, Leonardo De Santis destruye su mundo al abandonarla por otra mujer, sin imaginar que la esposa a la que desprecia es, en realidad, la única heredera de la poderosa familia Moretti.
Humillada, traicionada y con el corazón hecho pedazos, Aurora regresa al lugar que juró abandonar para siempre. Allí dejará de ser la mujer enamorada para convertirse en la reina que nadie podrá volver a destruir.
Entre guerras entre las familias mafiosas italianas, alianzas inesperadas, traiciones, secretos y un amor capaz de renacer entre las cenizas, Aurora demostrará que la peor decisión que un rey puede tomar... es subestimar a su reina.
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CAPÍTULO 10 No vuelvas a tocarla
Aurora permaneció unos segundos inmóvil después de que Leonardo y Victoria abandonaran la cafetería.
El dolor en su abdomen era leve, pero suficiente para preocuparla.
Marco se acercó rápidamente.
—Señorita, tenemos que ir al médico.
Aurora negó con la cabeza.
—No... solo fue un empujón.
—Usted está embarazada. No podemos correr riesgos.
Aurora bajó la mirada hacia su vientre.
Acarició la tela de su vestido con una mezcla de miedo y ternura.
—Tenés razón.
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Una hora más tarde, un médico de confianza de la familia Moretti terminó de revisarla en la mansión.
Aurora permanecía acostada mientras esperaba el resultado.
Bianca le sostenía la mano.
Don Matteo caminaba de un lado a otro del despacho convertido en consultorio.
El médico cerró la carpeta y sonrió.
—El bebé está bien.
Pero necesita reposo absoluto durante algunos días.
No más situaciones de estrés.
Aurora soltó un profundo suspiro de alivio.
Las lágrimas inundaron sus ojos.
—Gracias a Dios...
Don Matteo respiró con tranquilidad por primera vez en todo el día.
Sin embargo, su expresión volvió a endurecerse.
—¿Quién la empujó?
Marco dio un paso al frente.
—Victoria Romano.
El silencio fue inmediato.
Don Matteo apretó los puños.
En toda la habitación podía sentirse la furia que intentaba contener.
—Si esa mujer vuelve a ponerle un dedo encima a mi hija...
Nadie terminó la frase.
No hacía falta.
Todos conocían las consecuencias de hacer enfurecer al jefe de los Moretti.
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Mientras tanto, Leonardo regresó a su mansión.
Victoria parecía feliz.
—¿Viste la cara que tenía?
Por fin entendió que perdió.
Leonardo no respondió.
Entró directamente a su despacho.
La imagen de Aurora sujetándose el abdomen no dejaba de repetirse en su cabeza.
Había algo extraño en su reacción.
Nunca antes la había visto protegerse de esa manera.
Unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos.
—Adelante.
Entró Enzo, uno de sus hombres de mayor confianza.
—Don, averiguamos algo sobre la mujer que estaba vigilando a Aurora.
Leonardo levantó la vista.
—¿Y?
—No era un simple guardaespaldas.
Es Marco Bianchi.
La mano derecha de Don Matteo Moretti.
Leonardo frunció el ceño.
—¿La mano derecha del Capo dei Capi cuidando a una mujer cualquiera?
Eso no tenía ningún sentido.
Cada nueva respuesta traía una pregunta aún más grande.
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Esa noche, Aurora salió al balcón de su habitación.
El aire fresco acariciaba su rostro.
Adriano Bellini apareció con dos tazas de té.
—Tu madre dijo que esto ayuda a relajarse.
Aurora sonrió por primera vez en el día.
—Gracias.
Se sentaron en silencio.
Después de unos minutos, Adriano habló.
—¿Lo seguís amando?
Aurora tardó en responder.
Miró el cielo oscuro antes de hacerlo.
—Extraño al hombre del que me enamoré.
Pero ese hombre ya no existe.
Adriano asintió.
—Entonces dejá de vivir para su recuerdo.
Empezá a vivir para vos.
Y para ese bebé.
Aurora apoyó una mano sobre su vientre y sonrió con dulzura.
—Eso voy a hacer.
No imaginaba que alguien la observaba desde la distancia.
A varios kilómetros de allí, un hombre escondido tomó varias fotografías de la mansión Moretti.
Entre ellas...
Una imagen donde Aurora acariciaba su vientre.
Sonrió con malicia.
—Así que era verdad...
Se dio media vuelta y subió a un automóvil negro.
Su destino era la mansión De Santis.
Y la información que llevaba estaba a punto de cambiarlo todo.
Continuará...