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LAS LINEAS RECTAS DE TU HISTORIA

LAS LINEAS RECTAS DE TU HISTORIA

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Apoyo mutuo / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Tras la trágica muerte de sus padres, Tom llega destrozado al orfanato de Santa María. Allí encuentra una luz en la pequeña Alesandra. Unidos por la soledad, los niños se vuelven inseparables y sellan una promesa inquebrantable bajo el solsticio: un día se casarán. Sin embargo, las leyes separan sus caminos; él se marcha a los 18 años hacia la capital financiera y ella es adoptada por una familia en España.
Diez años después, Tom regresa convertido en el temido "especialista de los números" de Londres, un multimillonario implacable dispuesto a usar todo su poder para encontrarla. Cuando un peligroso sindicato criminal ataca a la familia de Alie en Madrid, los hilos del destino colisionan. En mitad de un peligro mortal y secretos de sangre, el hombre de piedra arriesgará su imperio para blindar la vida de su única constante. ¿Podrán los lienzos del pasado vencer las sombras del mañana?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 5. LA TEORIA DEL VALOR

El orfanato de Santa María se cubrió con el manto dorado de un nuevo otoño, marcando el inicio de una etapa crucial en la vida de los muchachos. Tom había alcanzado los dieciséis años. Su fisonomía había completado el cambio definitivo hacia la madurez temprana; sus hombros se habían ensanchado, su mandíbula lucía más marcada y sus ojos verdes poseían una intensidad fría y calculadora que infundía respeto tanto a sus compañeros como a los tutores. Alie, por su parte, sumaba ya doce años. Se había transformado en una jovencita de ademanes dulces pero firmes, cuya mirada azul conservaba esa desconcertante lucidez capaz de leer entre líneas el estado de ánimo de Tom con solo un parpadeo.

Para las autoridades académicas, Tom ya no era solo una promesa, sino una realidad extraordinaria. Aquel año, el muchacho completó la educación preparatoria con dos años de anticipación respecto a los jóvenes de su generación, obteniendo las calificaciones más altas registradas en el historial del distrito. Su especialización en el universo de las ciencias exactas y los números lo llevó a matricularse formalmente en la carrera de Economía, iniciando sus estudios universitarios a través de un riguroso programa de educación a distancia financiado por una beca al mérito.

Mientras los demás internos del orfanato dedicaban su tiempo libre al ocio o a los talleres de oficios manuales, Tom pasaba las noches en vela bajo la luz mortecina de un flexo, rodeado de manuales de derecho mercantil, balances de activos y sesudos tratados sobre la fluctuación de los mercados internacionales. El joven devoraba los contenidos a una velocidad pasmosa, procesando la información macroeconómica como si se tratara de un juego de lógica elemental. En su mente brillante ya no solo anidaba el deseo de sobrevivir, sino la ambición clara de construir un imperio financiero propio; una estructura tan sólida que nadie pudiera volver a arrebatarle el control de su destino.

Sin embargo, ese ritmo de vida tan frenético y la presión autoinpuesta por destacar comenzaron a pasarle factura en forma de un severo agotamiento físico y mental. Hubo tardes en las que el joven se sentía al borde del colapso, con la mente saturada de variables y proyecciones numéricas. El único bálsamo capaz de frenar ese torbellino intelectual seguía estando en el desván de las caballerizas, al lado de Alie.

Aquella tarde de noviembre, una lluvia fina y persistente repiqueteaba contra las tejas del desván, creando una atmósfera de absoluto aislamiento. Tom se encontraba recostado sobre la manta descolorida, con el brazo derecho sobre los ojos, tratando de aplacar una intensa jaqueca provocada por horas de estudio ininterrumpido. A su lado, Alie revisaba un grueso volumen de literatura que Sor Elena le había prestado de la biblioteca privada del convento.

—Estás forzando demasiado la máquina, Tom —comentó Alie en voz baja, cerrando el libro con delicadeza para no alterar el silencio del lugar—. Llevas tres días sin bajar al comedor a la hora del almuerzo. Sor Elena dice que si sigues así, vas a enfermar antes de que termine el primer semestre de la universidad.

Tom retiró el brazo de la cara de manera pausada, revelando unos ojos verdes inyectados en sangre por el cansancio. Dedicó a la jovencita una mirada cansada pero impregnada de una infinita ternura.

—No hay tiempo que perder, Alie —respondió con la voz ligeramente ronca—. El decano me insinuó la semana pasada que, si mantengo este promedio de calificaciones, la fundación podría tramitar una pasantía para mí en una de las firmas de consultoría más importantes de la capital en cuanto cumpla los diecisiete. Eso significa experiencia real. Significa empezar a ganar mi propio dinero antes de salir legalmente del orfanato.

Alie sintió un leve escalofrío al escuchar la palabra "capital". La distancia física y el futuro real empezaban a materializarse con una velocidad aterradora. Se deslizó por la alfombra hasta sentarse junto a la cabeza de Tom, permitiendo que el joven apoyara la nuca sobre sus piernas, un gesto de total confianza que solían repetir cuando el agotamiento lo vencía.

—Entiendo tu prisa, de verdad que la entiendo —susurró Alie, pasando sus dedos con suavidad por la frente del muchacho para masajear sus sienes y aliviarle la tensión—. Pero los números no lo son todo en la vida. En los libros que leo, los hombres más ricos y poderosos a menudo terminan solos en sus grandes palacios porque olvidaron cómo mirar el cielo o cómo escuchar una historia. No quiero que te conviertas en un hombre de piedra, Tom.

Tom cerró los ojos, disfrutando del tacto cálido y rítmico de las manos de Alie. El dolor de cabeza comenzó a remitir de forma paulatina, arrastrado por la serenidad que la presencia de la muchacha siempre le transmitía.

—La economía tiene un concepto llamado 'teoría del valor', Alie —explicó Tom con un tono de voz más pausado, casi arrullado por el sonido de la lluvia en el exterior—. Dice que las cosas no valen por lo que cuestan producirlas, sino por la importancia que las personas les dan y lo que están dispuestas a sacrificar por obtenerlas. Para el resto del mundo, yo puedo ser un huérfano con facilidad para los números. Pero para mí, el valor de todo lo que hago, de cada noche sin dormir y de cada libro que memorizo, reside en una sola meta.

El joven abrió los ojos y clavó su mirada verde directamente en el azul intenso de los ojos de Alie, eliminando cualquier rastro de duda.

—Trabajo para sacarte de aquí, Alie. Para que cuando salgas, no tengas que pedirle nada a nadie. Construiré esa empresa no por codicia, sino para tener un lugar seguro donde esperarte. Tú eres mi teoría del valor. Todo lo que sacrifico hoy es porque tú eres lo más valioso que tengo.

Alie contuvo el aliento, sintiendo que un nudo de profunda emoción se le instalaba en la garganta. A sus doce años, la madurez del discurso de Tom la desarmaba por completo. No era el cortejo superficial de los adolescentes del pueblo que a veces espiaban por las verjas del orfanato; era un compromiso de vida inquebrantable, forjado en el dolor compartido y la lealtad más pura.

—Entonces yo también tendré mi propia teoría —respondió Alie, forzando una sonrisa para contener las lágrimas de emoción—. Seguiré escribiendo, puliendo mis novelas de amor y aventuras. De esa forma, cuando tú tengas ese gran imperio financiero, tendrás historias que contar en tu palacio y no serás un hombre de piedra. Nos complementaremos, como siempre lo hemos hecho.

Tom asintió en silencio, volviendo a cerrar los ojos bajo el suave masaje de los dedos de Alie. En la penumbra de aquel desván, rodeados del aroma a madera vieja y lluvia, el tiempo pareció detenerse por unas horas, otorgándoles una tregua idílica frente a la madurez inminente y las inevitables despedidas que el destino ya comenzaba a tejer a sus espaldas.

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