El silencio en la Catedral no era de devoción, sino de asfixia. Frente al altar, dos herederos de familias rivales se miraban, no con amor, sino con el frío reconocimiento de quienes han sido convertidos en peones. Mientras el sacerdote iniciaba los votos, el peso del deber familiar sellaba un destino que ninguno de los dos eligió, transformando el día de su boda en el inicio de su mutuo cautiverio.
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¿Qué traes en mente, amiga?
Natasha llegó de la Universidad muy contenta porque su proyecto fue aceptado por la mayoría de los maestros.
Era hija única de un prominente hombre de negocios, y una mujer de una familia acomodada.
Ella iba acompañada de Greysi, su mejor amiga, la que la ayudaba con todos los proyectos de la escuela. Su amistad era inquebrantable.
Jamás imaginó lo que estaba a punto de suceder.
Hola, mamá, dijo al entrar a su casa.
Pasa, te estamos esperando, dijo Inés Salcedo, su madre.
En cuanto vio a toda esa gente reunida se dio cuenta de que algo no marchaba bien.
Herson Belmonte de la Fuente se adelantó hasta su hija y la tomó del brazo, ignorando a Greysi que se quedó parada a medio camino.
El guardaespaldas se llevó a Greysi hasta la puerta, y la "invitó" a irse.
Ella no hizo problema y se fue de inmediato. No sin antes voltear y ver a su amiga.
Luego, la puerta se cerró a sus espaldas.
Entonces, Herson inició las presentaciones.
Mira, hija, él es Damián Izaguirre Peñalver, Octavio Izaguirre Montellano y Antonella Peñalver de Izaguirre, los padres de Damián.
Nati (así le decían los más allegados a ella) no dijo nada, solo inclinó la cabeza.
Gusto en conocerlos, me voy a mi habitación.
No tan rápido, dijo Herson.
Papá, tengo un trabajo muy importante que hacer, eso va a contar como examen.
Ya no te preocupes por eso, a partir de mañana ya no irás a la universidad, dijo Herson con la autoridad que lo caracterizaba.
¿Eso qué significa, papá?, preguntó Natasha, estaba muy confundida.
Justo lo que estoy diciendo, que ya no irás a la universidad.
Pero papá, me falta poco para terminar el semestre.
He dicho que no irás y punto. Damián ha venido a pedir tu mano, y ya se cerró el compromiso.
Nati abrió mucho los ojos, ni siquiera conocía a ese hombre, ¿por qué su padre quería casarla con él? ¿Y qué hay de los sentimientos?
¿Ca... casarme has dicho?, pero si no lo conozco.
Eso no importa, te casarás de todos modos, dijo Inés, apoyando a su esposo.
Mamá, no quiero casarme, al menos no todavía. Quiero terminar de estudiar, realizarme en mi carrera, y después, casarme, pero no ahora.
Damián no decía nada, él siempre hacía lo que sus padres le dijeran, aunque esta vez habían llegado demasiado lejos. Él estaba acostumbrado a que todo se lo dieran en las manos. Nunca había trabajado, aunque sí se graduó de Licenciado en administración de empresas y contabilidad.
Su padre tenía la esperanza de que siguiera sus pasos y se convirtiera en el CEO, de su empresa, pero Damián había descubierto los negocios turbios de su padre y prefirió mantenerse al margen.
¡Basta ya!, Damián, dale el anillo de compromiso, la voz de Octavio se escuchó más autoritaria que la de Herson.
Damián sacó el anillo de su bolsa del saco, puso una rodilla en el suelo y luego, con toda solemnidad le dijo: ¿Quieres ser mi esposa?
Nati rodó los ojos, todo esto se me hace una farsa, ¿acaso no tienes sentimientos?, ¿por qué quieres casarte conmigo?
Vamos, hija, acepta ya, la urgió Herson.
Nati pasó la vista por todos los ahí reunidos, y sintió que no le quedaba más remedio y aceptó.
Está bien, sí quiero casarme contigo.
Muy bien, la muchacha llevó vino y varias copas.
Brindemos por el matrimonio de nuestros hijos.
Nati se sintió mareada por tanta desfachatez, a nadie le importaba lo que ella estaba sintiendo en ese momento.
Luego, sin poderlo evitar, en cuanto se levantó cayó de bruces, desmayada.
Inés corrió a auxiliar a su hija. Damián la levantó en vilo y la acomodó en el sillón de la sala. María, trae alcohol y algodón, rápido, ordenó Inés.
Cuando volvió en sí, ya se habían ido todos, solo Inés estaba ahí, poniéndole alcohol en la nariz.
Ella le dio un manotazo para que quitara el alcohol.
¿Qué me pasó?, preguntó.
Te desmayaste por la impresión de tu boda.
Nati se vio la mano, en el dedo anular llevaba el anillo de diamantes que le diera Damián.
Ah, yo pensé que lo había soñado, entonces, ¿es verdad que me voy a casar?
Claro, hija, ve haciéndote a la idea, tu boda fue programada para dentro de dos meses.
¡¿Dos meses?!, ¿por qué tan pronto?
Porque así lo han decidido ellos.
Mamá, ¿alguna vez has hecho valer tu opinión, tu voz y tus pensamientos?
Eso no está a discusión, mañana vamos a comprar tu ajuar y todo lo que necesites.
Natasha suspiró y se fue a su habitación. Ahí, en la soledad de su cuarto, se puso a charlar con Greysi por videochat.
¿Qué pasó, amiga?, dijo ella.
No sabes todo lo que ha pasado en un solo día.
Pues dímelo.
Me voy a casar, dijo Nati sin más preámbulos.
¡¿Qué?!, Greysi no podía creer lo que escuchaba. ¿Y quién es el afortunado?, qué calladito te lo tenías.
Amiga, no estoy para tus bromas.
Perdón, pero ¿qué hay de graduarnos juntas?
Eso ya no va a ser posible, mi padre me dijo que ya no voy a ir a la uni.
Ay amiga, no permitas que corten tus sueños. ¿Amas a ese hombre como para casarte con él?
Claro que no, ni siquiera lo conozco. Mis padres arreglaron todo. Estoy prácticamente cautiva, secuestrada en mi propia casa.
¿Y qué va a pasar con Aldair?, él te ama.
Eso ya no podrá ser, mi matrimonio será en dos meses. Mi mamá irá conmigo a todas partes, "no vaya a ser que me vaya por otro camino".
Pues sí que te las vas a ver duras, déjame ver cómo te puedo ayudar. Algo se me ocurrirá.
No te preocupes, déjalo así, ya no hay nada que hacer.
Mañana no tengo clases, le pediré a Nidia y a Astrid que nos ayuden, dijo Greysi, al parecer tenía una gran idea.
¿Qué traes en mente, amiga?, dijo Natasha, sonriendo, sabía que su amiga siempre tenía muchas ocurrencias.
Ya lo verás, mañana mismo lo sabrás. Chao, amiga.
Chao.