Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Duque Laurent 2
La habitación permaneció en un agradable silencio durante algunos segundos.
Los cuatro pequeños seguían profundamente dormidos.
Sarah observó a uno de los bebés acomodarse entre las mantas.
Sonrió.
—Definitivamente son idénticos, es imposible distinguirlos.
El comentario hizo que Laurent soltara una suave risa.
—Es cierto, además se parecen demasiado a Joel, es increíble.
Sarah lo miró con curiosidad.
—¿Conoce bien al duque Reed?
—Desde que éramos niños.
Respondió con naturalidad.
—Aunque mucha gente cree que siempre está enfadado.
Sarah sonrió.
—Yo también lo creía.
Laurent negó ligeramente con la cabeza.
—Joel solo es muy serio.
Después miró hacia una de las cunas.
—Pero cuando se trata de su esposa... deja de parecer el hombre más temido del reino.
Sarah recordó aquella tarde del desmayo.
La mano del duque sobre la espada.
El miedo en sus ojos.
Y luego la desesperación con la que tomó a Vesta en brazos.
Sonrió con dulzura.
—Eso ya tuve oportunidad de comprobarlo.
Laurent la observó con curiosidad.
—Joel me contó lo ocurrido.
Hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—Le agradezco haber protegido a su esposa.
Sarah negó inmediatamente.
—Cualquiera habría hecho lo mismo.
—No todos.
Respondió él con sinceridad.
—Muchos se habrían apartado por miedo a salir heridos.
Sarah bajó un momento la mirada hacia su brazo.
—Ni siquiera tuve tiempo de pensarlo.
Laurent sonrió.
—Precisamente por eso tiene tanto mérito.
Aquella respuesta hizo que Sarah cambiara rápidamente de tema.
Nunca le había gustado que la elogiaran demasiado.
—Vesta me contó que usted también participa en varios proyectos para su ducado.
Los ojos de Laurent se iluminaron.
—¿Le interesan esos temas?
Sarah soltó una pequeña risa.
—Muchísimo.
Y aquello bastó.
La conversación comenzó a fluir con una naturalidad inesperada.
Hablaron sobre administración.
Sobre comercio entre ducados.
Sobre la importancia de construir caminos seguros para el transporte.
Sobre sistemas de riego.
Incluso terminaron comparando distintas formas de administrar los impuestos agrícolas.
Sarah hablaba con seguridad.
Explicaba cada idea con entusiasmo.
Movía ligeramente las manos mientras desarrollaba sus argumentos.
Y, cuando algo le parecía divertido...
No dudaba en hacer alguna broma.
—Mi padre dice que un contrato mal redactado puede causar más problemas que un ejército enemigo.
Laurent rió.
—No creo que esté exagerando.
—Yo tampoco.
Sarah sonrió.
—He leído algunos contratos antiguos que parecían escritos por personas que odiaban los signos de puntuación.
Los dos terminaron riéndose.
Laurent no podía apartar la vista de ella.
[Es extraordinaria...]
Había conocido muchas jóvenes nobles.
Algunas eran muy hermosas.
Otras muy educadas.
Algunas brillaban en los bailes.
Pero Sarah...
Era distinta.
No solo era hermosa.
También era inteligente.
Segura de sí misma.
Escuchaba con atención.
Respondía con argumentos.
Y, además...
Tenía una alegría tranquila que hacía muy fácil conversar con ella.
Cada vez que sonreía...
La habitación parecía volverse un poco más luminosa.
[Podría escucharla hablar durante horas.]
Pensó sin darse cuenta.
Sarah, por su parte...
También estaba gratamente sorprendida.
[Qué agradable conversación.]
El duque Laurent conocía una enorme cantidad de temas.
Nunca intentaba imponer su opinión.
Escuchaba antes de responder.
Hacía preguntas.
Se interesaba genuinamente por las ideas de los demás.
Y cuando no sabía algo...
Lo reconocía sin ningún problema.
Aquello le pareció muy poco común entre la nobleza.
Además...
No pudo evitar fijarse un instante en él.
Su cabello claro resaltaba bajo la luz que entraba por la ventana.
Y sus ojos celestes...
Eran tan claros que parecían contener el reflejo del agua.
[Ahora entiendo por qué dicen que la magia también deja huellas en quienes la poseen.]
No era solo un hombre atractivo.
Transmitía una calma muy parecida a la superficie de un lago.
Sin darse cuenta...
Ambos continuaron conversando.
Ni uno de los dos notó cuánto tiempo había transcurrido.
Hasta que...
—¡Aaah!
Un pequeño sonido rompió el silencio.
Los dos giraron la cabeza al mismo tiempo.
Uno de los bebés acababa de despertar.
Movía lentamente las pequeñas manos mientras abría los ojos.
—Parece que alguien decidió unirse a la conversación.
Comentó Laurent con una sonrisa.
Sarah se acercó un poco.
—Buenos días, pequeño mini duque.
El bebé respondió con un bostezo enorme.
Los dos soltaron una pequeña risa.
En ese momento...
La puerta volvió a abrirse.
Vesta y Joel regresaron.
—¡Ya volvimos!
Anunció Vesta alegremente.
Al entrar...
Su mirada pasó inmediatamente de Sarah...
A Laurent.
Y después nuevamente a Sarah.
Los dos seguían sonriendo.
Conversaban con absoluta naturalidad.
La tensión inicial había desaparecido por completo.
[¡Ay, qué bien se ven juntos!]
Pensó Vesta, completamente emocionada.
Joel reconoció inmediatamente aquella expresión.
[Ya empezó...]
Vesta dio un par de palmadas.
—Perfecto.
Todos la miraron.
—Ya que están aquí...
Se acercó a las cunas.
—¿Por qué no me ayudan un momento?
Sarah sonrió.
—Claro.
Laurent también asintió.
Joel, que ya sabía que negarse era inútil, simplemente aceptó.
Pocos minutos después...
Cada uno sostenía cuidadosamente a uno de los pequeños.
Vesta solo con las miradas, le indico a Joel que se alejaran un poco de Sarah y el duque Laurent.
Sarah observó al bebé que descansaba entre sus brazos.
Era tan pequeño...
Que apenas parecía llenar el espacio de sus manos.
—Hola...
Susurró.
—Espero que cuando crezcas no seas tan serio como tu padre.
El pequeño abrió un ojo.
Y volvió a quedarse dormido.
Laurent soltó una risa.
—Creo que acaba de ignorar completamente su consejo.
—Definitivamente heredó ese talento.
Respondió Sarah entre risas.
Mientras tanto...
Vesta apenas podía contener su entusiasmo.
Miraba discretamente a Laurent.
Después a Sarah.
Luego otra vez a Laurent.
[Lo está mirando...]
[¡Y él no deja de sonreír!]
Joel observó a su esposa de reojo.
Conocía perfectamente aquella expresión.
Se acercó disimuladamente hasta quedar a su lado.
Sin que Sarah ni Laurent lo notaran.
Y murmuró en voz muy baja.
—Vesta.
Ella respondió sin apartar la vista de la escena.
—¿Sí?
Joel habló con absoluta seriedad.
—Deja de mirar a otro hombre con tanta atención.
Vesta tardó un segundo en comprender.
Después giró lentamente la cabeza.
—¿Estás... celoso?
Joel respondió con total naturalidad.
—Sí.
Como si fuera la cosa más evidente del mundo.
Vesta no pudo contener una sonrisa.
Se inclinó apenas.
Y dejó un suave beso sobre los labios de su esposo.
—Solo tengo ojos de amor para ti.
Joel relajó inmediatamente el gesto.
—Bien.
Ella soltó una pequeña risa.
[Tan temible para todo el reino...]
[Y tan fácil de tranquilizar.]
Mientras tanto...
A pocos pasos de ellos...
Sarah y Laurent seguían completamente ajenos a aquella escena.
Los dos observaban a los bebés.
Laurent inclinó ligeramente la cabeza.
—Creo que el que usted sostiene tiene la nariz de Lady Vesta.
Sarah comparó ambos pequeños.
—Puede ser.
Luego miró al bebé que llevaba Laurent.
—Pero ese tiene exactamente el mismo ceño del duque Reed.
Los dos volvieron a comparar a los pequeños con toda la seriedad del mundo.
⸺No creo que no, definitivamente son idénticos a Joel
⸺Asi parece.
Como si estuvieran resolviendo el asunto más importante del reino.
Y ninguno de los dos notó que, desde el otro extremo de la habitación, una duquesa llamada Vesta Reed ya estaba imaginando, con enorme entusiasmo, futuros almuerzos, visitas y reuniones... en las que haría todo lo posible para volver a sentarlos uno al lado del otro.
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶