Después de la misteriosa muerte de su padre, la vida de Aurora Castell se convierte en un desastre. Deudas millonarias. Amenazas. Secretos. Y una familia al borde de perderlo todo. Pero la verdadera pesadilla comienza la noche en que conoce a Alessio Moretti. El hombre más poderoso y peligroso de la ciudad. CEO multimillonario. Intocable. Frío. Obsesivo. Y dueño de un imperio construido sobre dinero… y sangre. Cuando Aurora descubre que alguien pagó todas las deudas de su familia, ya es demasiado tarde. Porque Alessio no hizo aquello para ayudarla. Lo hizo para reclamarla. Ahora, atrapada en un matrimonio que jamás quiso, Aurora deberá sobrevivir a un hombre capaz de destruir cualquiera que se interponga en su camino. Pero mientras más intenta odiarlo… más peligroso se vuelve enamorarse de él. Especialmente cuando descubre que Alessio oculta un secreto capaz de destruir su vida por completo. Uno relacionado con la muerte de su padre. Y con la razón real por la que él la eligió. Porque en el mundo de Alessio Moretti… el amor no existe. Solo la obsesión.
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LA SUBASTA
Nunca imaginé que una persona pudiera arruinarse rodeada de diamantes.
Pero así comenzó todo.
Con música clásica.
Champagne francés.
Sonrisas falsas.
Y personas demasiado ricas fingiendo tener corazón en una gala benéfica donde nadie estaba realmente interesado en ayudar a nadie.
El enorme salón del Hotel Imperial brillaba bajo las lámparas doradas mientras camareros impecablemente vestidos caminaban entre empresarios, políticos y modelos que sonreían como si el mundo fuera perfecto.
Yo solo quería irme.
—Deja de apretar tanto la copa.
La voz de Vivian llegó a mi lado sin emoción.
Giré apenas la cabeza.
Mi madrastra sonreía hacia las cámaras mientras acomodaba discretamente el collar de diamantes en su cuello.
Perfecta.
Elegante.
Fría.
Como siempre.
—Si sigues así, terminarás rompiéndola —añadió sin mirarme.
Tomé aire lentamente.
—No debiste traerme aquí.
Ella soltó una pequeña risa.
—Claro que debía hacerlo.
Su perfume caro casi me mareaba.
—Necesitamos que la gente vea que la familia Castell sigue de pie.
Estuve a punto de responderle que nuestra familia ya estaba enterrada, pero me contuve.
Porque discutir con Vivian era como discutir con una pared cubierta de maquillaje caro.
Inútil.
Miré nuevamente el salón.
Todos fingían no observarnos.
Pero lo hacían.
Siempre lo hacían.
Desde la muerte de mi padre, nos habíamos convertido en un espectáculo público.
La familia perfecta destruida en menos de un mes.
Primero el accidente.
Luego las deudas.
Después los rumores.
Y finalmente…
la humillación.
—Ahí está la hija del empresario muerto.
Escuché el susurro claramente detrás de mí.
—Dicen que el banco va a quitarles todo.
—Escuché algo peor. Que debía dinero a personas peligrosas.
Mis dedos se tensaron alrededor de la copa.
Vivian sonrió aún más para las cámaras.
—Ignóralos.
—Qué fácil para ti.
Ella finalmente me miró.
Y ahí estaba esa expresión que tanto odiaba.
Cálculo.
—Las personas importantes siempre sobreviven, Aurora.
No respondí.
Porque mi padre había sido importante.
Y aun así terminó muerto dentro de un automóvil destruido en una carretera vacía.
El accidente apareció en todas las noticias.
Pero algo nunca tuvo sentido.
Mi padre odiaba conducir de noche.
Odiaba las carreteras mojadas.
Y jamás viajaba sin escoltas.
Sin embargo, aquella noche estaba completamente solo.
Apreté los labios.
No.
Ese no era el momento de pensar en eso.
Un camarero pasó junto a mí ofreciendo champagne.
Tomé otra copa sin necesitarla realmente.
Solo quería mantener las manos ocupadas.
El enorme escenario principal empezó a llenarse de flashes cuando apareció un senador junto a varios empresarios conocidos.
Vivian enderezó inmediatamente la postura.
—Sonríe.
—No tengo ganas.
—Pues invéntalas.
Dios.
La odiaba.
Desde que se casó con mi padre, todo en ella parecía ensayado.
Las sonrisas.
Las lágrimas.
Las palabras perfectas.
A veces sentía que jamás había conocido a una persona real debajo de aquella apariencia impecable.
Entonces sentí algo extraño.
Esa sensación incómoda que aparece cuando alguien te observa demasiado.
Mi cuerpo se tensó lentamente.
Y antes incluso de levantar la cabeza…
supe que algo iba a cambiar.
Miré hacia el otro extremo del salón.
Y el aire abandonó mis pulmones.
Un hombre me observaba fijamente desde el área VIP.
Traje negro.
Camisa oscura.
Sin corbata.
Una mano dentro del bolsillo mientras la otra sostenía un vaso de whisky.
No sonreía.
No hablaba con nadie.
Simplemente observaba.
Como un depredador paciente.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Porque había algo aterrador en su tranquilidad.
Era absurdamente atractivo.
Pero no de una forma normal.
No parecía un hombre que intentara impresionar.
Parecía un hombre acostumbrado a que el mundo se moviera a su alrededor.
Y sus ojos…
Dios.
Sus ojos eran peores.
Oscuros.
Fríos.
Demasiado inteligentes.
Como si pudiera ver cosas que nadie más veía.
No apartó la mirada ni un segundo.
Y eso me puso nerviosa.
Muy nerviosa.
—No lo mires demasiado.
La voz de Vivian apareció otra vez a mi lado.
No aparté los ojos de él.
—¿Quién es?
Ella tomó lentamente un sorbo de champagne.
—Alessio Moretti.
El nombre golpeó algo dentro de mí.
Claro que sabía quién era.
Todo el mundo conocía a Alessio Moretti.
CEO de Moretti Group.
Dueño de hoteles, bancos, empresas tecnológicas y propiedades en media Europa.
Las revistas lo llamaban:
“El multimillonario más influyente de la nueva generación.”
Internet lo llamaba otra cosa.
El Diablo de Manhattan.
Porque donde Alessio aparecía…
alguien terminaba destruido.
—Pensé que era mayor —murmuré.
Vivian soltó una leve risa.
—Créeme… eso es lo menos peligroso de él.
Volví a mirarlo.
Seguía observándome.
Sin disimulo.
Sin vergüenza.
Sin intención de ocultarlo.
Y por alguna razón…
sentí miedo.
No miedo físico.
Algo peor.
La sensación de estar siendo analizada.
Como si él ya supiera algo sobre mí.
Algo importante.
Entonces Alessio levantó lentamente su vaso hacia mí.
Un brindis silencioso.
Elegante.
Oscuro.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
Aparté la mirada inmediatamente.
—¿Por qué me está mirando así?
Vivian guardó silencio unos segundos.
Demasiados.
Luego respondió:
—Porque probablemente ya tomó una decisión.
Fruncí el ceño.
—¿Qué significa eso?
Pero antes de que pudiera responder…
una voz masculina habló detrás de nosotras.
—Señora Castell.
Giramos ambas.
Uno de los asistentes del evento sonreía nerviosamente.
—El señor Moretti desea hablar con Aurora.
Sentí un vacío extraño en el estómago.
—No estoy interesada en hablar con nadie.
El hombre tragó saliva.
—Él insistió.
Vivian dejó escapar una pequeña sonrisa.
Y eso me molestó inmediatamente.
—¿Qué está pasando?
Ella acomodó suavemente mi cabello detrás de mi hombro.
Un gesto demasiado maternal para ser real.
—Solo ve.
—Vivian—
—No hagas una escena.
Odiaba cuando usaba ese tono.
Ese tono que significaba:
“Ya decidí por ti.”
Miré nuevamente hacia el área VIP.
Alessio seguía allí.
Esperando.
Completamente tranquilo.
Como si supiera que tarde o temprano terminaría caminando hacia él.
Y lo peor…
era que tenía razón.
Porque unos segundos después estaba avanzando entre la multitud mientras sentía decenas de miradas clavadas sobre mí.
Los tacones resonaban sobre el mármol elegante del hotel.
Mi respiración empezó a sentirse más pesada.
No sabía por qué estaba nerviosa.
Solo era un hombre.
Un empresario.
Nada más.
Pero mi instinto seguía gritándome otra cosa.
Peligro.
Cuando finalmente llegué frente a él…
comprendí algo inmediatamente.
Las fotografías no le hacían justicia.
Era mucho más intimidante en persona.
Más alto.
Más serio.
Más peligroso.
El aroma de whisky y madera oscura me envolvió lentamente.
Alessio dejó el vaso sobre la mesa sin apartar los ojos de mí.
Y por primera vez en toda la noche…
habló.
—Aurora Castell.
Su voz era profunda.
Controlada.
Demasiado tranquila.
Sentí un escalofrío.
—Señor Moretti.
Sus ojos descendieron lentamente por mi vestido negro.
Sin prisa.
Sin vergüenza.
Como si tuviera derecho a hacerlo.
Luego volvió a mirarme directamente.
—El negro te queda mejor que el blanco.
Fruncí el ceño.
—¿Perdón?
Pero él ignoró completamente mi reacción.
—Lamento la muerte de tu padre.
No sonó realmente arrepentido.
Sonó como alguien diciendo algo que debía decir.
—Gracias.
Silencio.
La tensión entre nosotros empezó a sentirse extraña.
Pesada.
Entonces Alessio dio un paso hacia mí.
Uno solo.
Pero bastó para que mi corazón se acelerara.
—Dime algo, Aurora.
Su voz bajó ligeramente.
—¿Cuánto estarías dispuesta a hacer para salvar a tu familia?
Mi respiración se detuvo.
Ahí estaba.
La verdadera razón.
Esto no era casualidad.
No era una conversación social.
Era algo más.
Algo cuidadosamente planeado.
Intenté mantener la calma.
—No entiendo la pregunta.
Alessio sonrió apenas.
Y fue peor que si hubiera amenazado gritando.
Porque aquella sonrisa no tenía calidez.
Tenía intención.
—Pronto lo harás.
Entonces alguien apareció detrás de él y le entregó discretamente una carpeta negra.
Alessio la tomó sin dejar de mirarme.
Después la extendió lentamente hacia mí.
—Léelo cuando llegues a casa.
No me moví.
—¿Qué es?
Sus ojos oscuros parecieron atravesarme.
—El comienzo de tu nueva vida.
Sentí el corazón golpeando demasiado fuerte dentro de mi pecho.
Tomé lentamente la carpeta.
Pesaba más de lo normal.
O tal vez eran mis manos las que empezaban a temblar.
Entonces Alessio se inclinó apenas hacia mí.
Lo suficiente para que solo yo pudiera escucharlo.
Y sus siguientes palabras destruyeron completamente mi tranquilidad.
—Tu padre me debía algo mucho más valioso que dinero, Aurora.
El mundo pareció detenerse.
—¿Qué…?
Pero Alessio ya estaba retrocediendo.
Elegante.
Frío.
Inalcanzable.
Como si acabara de lanzar una bomba y no tuviera intención de explicar nada.
Y mientras lo veía alejarse entre las luces doradas del salón…
entendí algo aterrador.
Conocer a Alessio Moretti había sido un error.
Uno que estaba a punto de arruinarme la vida.