Zadie fue una genio de la tecnología, una mujer de 24 años creadora de la inteligencia artificial más avanzada de su época, pero despreciada, ignorada y rechazada por un mundo que no entendía su genio ni su valor. Murió en un accidente mientras conectaba su propia conciencia con esa IA, y renació siglos atrás, en la antigua Macedonia, con un nuevo nombre: Zamira. Ahora, su mente y su cuerpo están integrados con esa tecnología, que le da conocimientos infinitos, habilidades sobrehumanas y la capacidad de analizar y dominar cualquier situación. Llega al palacio del príncipe Lixandro, un vampiro de sangre real, hermoso pero terriblemente frágil, viudo y padre soltero de trillizos: Lixan, Lucian y Luciana. Los tres son niños con poderes sobrenaturales, inteligencia desbordante y una fama de traviesos insoportables, que ha ahuyentado a todas las mujeres contratadas para ser su madre sustituta. Zamira acepta el contrato sin esperar amor, solo un lugar donde ser respetada.
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Esto no ha terminado.
—Señorita Zamira… lo sentimos mucho de verdad. Nos portamos mal, lo sabemos. Pero es que nadie nos entiende. Todos nos tratan como si fuéramos monstruos, y solo somos niños que quieren jugar… ¿verdad, hermanitos? —miró a los otros dos, que asintieron con caritas de cordero, imitándola a la perfección—. Por favor, no se enfade. Si nos perdona, le prepararemos un regalo precioso. Un ramo de las flores más bonitas del jardín secreto. Solo tiene que seguirnos…
Era su truco favorito, el que nunca fallaba. La dulzura de Luciana era su arma más poderosa. Llevaban a las personas al jardín secreto, un lugar cerrado lleno de plantas carnívoras, espinas mágicas y caminos que se movían solos, y las dejaban perdidas allí durante horas, hasta que tenían que ser rescatadas avergonzadas y furiosas.
Pero Zamira ya había analizado su comportamiento. Sabía que cuando Luciana se volvía tan dulce, era porque estaba tramando algo peor. Sabía también, por los mapas que había estudiado y por la información que su mente procesaba a velocidades increíbles, exactamente dónde quedaba ese jardín y qué peligros tenía.
—Qué amable eres, Luciana —dijo Zamira con una sonrisa igual de dulce—. Pero gracias, hoy prefiero quedarme aquí. Además, conozco ese jardín. Las flores que crecen allí tienen espinas que inyectan un suero de verdad, ¿no es así? Si las tocas, empiezas a decir todo lo que piensas, todo lo que planeas, todo lo que escondes. Creo que sería más divertido si ustedes me traen las flores. Así podremos ver qué secretos tienen en esa cabecita tan lista.
La expresión dulce de la niña se congeló, para luego convertirse en pura sorpresa. Lixan abrió los ojos de par en par. Nadie sabía lo de las flores. Nadie. ¿Cómo podía saberlo ella?
—¿Cómo… cómo sabes eso? —preguntó Lixan, dando un paso atrás, por primera vez inseguro.
—Porque todo lo que existe tiene una explicación —respondió Zamira, levantándose y caminando hacia ellos, que ahora, por primera vez, parecían no saber qué hacer—. Ustedes creen que son impredecibles, pero la inteligencia, por muy alta que sea, sigue patrones. Yo estudio esos patrones. Ustedes calculan consecuencias, yo calculo sus cálculos. Ustedes planean travesuras, yo ya tengo preparada la solución antes de que empiecen a planearlas.
Se detuvo frente a ellos, mirando a los tres a los ojos, y por primera vez, su tono cambió: dejó de ser solo lógica para convertirse en autoridad firme y tranquila.
—Escuchen bien lo que les digo: sé que creen que nadie puede con ustedes, que son demasiado inteligentes para las reglas de los demás. Y en parte tienen razón. Los que vinieron antes que ustedes intentaron vencerlos con fuerza, con gritos o con autoridad, y perdieron porque usaron las armas equivocadas. Yo no voy a jugar a ganar ni a perder, porque eso es lo que ustedes quieren: un juego donde ser los ganadores. Yo voy a enseñarles algo nuevo: a usar esa inteligencia, esa astucia y esa capacidad de ver lo que otros no ven… para crear, no solo para destruir o engañar.
Lixan, Lucian y Luciana se miraron entre sí. La sustancia pegajosa ya se había deshecho por sí sola, tal como funcionaba la magia de aquel lugar, pero la sensación de superioridad que siempre los acompañaba se había desvanecido mucho más rápido. Aquella mujer no se había enfadado, ni había gritado, ni había huido. Había desmontado su primera broma antes de que empezara, había descubierto su mentira dulce sin esfuerzo y hablaba su mismo idioma: el de la lógica y la estrategia.
—Esto no ha terminado —murmuró Lixan, aunque ya no sonaba tan seguro—. Tenemos mil planes más. Cosas que nunca nadie ha imaginado.
Zamira sonrió, abrió la puerta y les hizo un gesto invitándolos a pasar al estudio, como si ya fueran alumnos obedientes.
—Lo sé —respondió ella con calma—. Y yo ya sé cuáles van a ser. Adelante, príncipes. La clase de hoy trata sobre: cómo anticiparse a los problemas antes de que estos se vuelvan en tu contra. Creo que hoy aprendieron la lección práctica.
Los tres trillizos volvieron a mirarse, confundidos, curiosos y, por primera vez en su vida, intrigados. No sabían cómo, ni por qué, pero la mujer que tenían enfrente era diferente a todo lo que habían conocido. Y en las mentes de Lixan y Luciana, comenzó a nacer una nueva idea: quizás, solo quizás, por fin habían encontrado a alguien que valía la pena desafiar.
Muy... creativos 🙄😒