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Los Herederos De Los Elementos

Los Herederos De Los Elementos

Status: En proceso
Genre:Escuela / Mundo mágico / Romance
Popularitas:798
Nilai: 5
nombre de autor: Itzel Velasco

En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.

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Capítulo 15: La armonía de los corazones

Las vacaciones continuaban en el Palacio Imperial.

Después de tantos entrenamientos, batallas y preocupaciones, el ambiente era completamente diferente.

Las risas comenzaron a llenar los jardines, los pasillos y los patios donde antes solo había silencio.

Por primera vez en muchos años, las familias imperiales convivían sin pensar en la guerra.

Yoselin observaba aquella escena desde una terraza.

Ver sonreír a las princesas le hacía sentir que todo el esfuerzo había valido la pena.

Aurora y Dante pasaban gran parte del día entrenando juntos.

Sin embargo, los combates ya no terminaban en discusiones.

—Otra vez perdí... —dijo Dante mientras guardaba su espada.

Aurora soltó una pequeña risa.

—Solo porque te distraes demasiado.

—¿Ah, sí?

—Sí.

—Entonces tendré que concentrarme más... aunque sea difícil cuando la persona frente a mí no deja de sonreír.

Aurora sintió cómo sus mejillas se sonrojaban.

No respondió.

Pero aquella sonrisa permaneció el resto del día.

Flora y Oliver caminaban entre los jardines del palacio.

Cada flor que Flora tocaba florecía de inmediato.

Oliver la observaba maravillado.

—Antes escondías tu poder.

Ahora haces que todo cobre vida.

Flora bajó la mirada.

—Porque ahora ya no tengo miedo.

Oliver sonrió.

—Y prometo que nunca volverás a sentirte sola.

Flora levantó lentamente la vista.

Por primera vez creyó aquellas palabras.

César y Maya recorrían el lago imperial en una pequeña embarcación.

El agua estaba completamente tranquila.

—¿Sabes qué descubrí? —preguntó César.

—¿Qué cosa?

—Que eres mucho más valiente de lo que imaginaba.

Maya rió.

—¿Hasta ahora lo notaste?

—Sí...

Y también descubrí que soy bastante torpe para demostrar lo que siento.

Ella sonrió con dulzura.

—Eso ya lo había notado.

Los dos comenzaron a reír.

En los jardines altos, Uriel enseñaba a Brisa a controlar corrientes de aire mucho más fuertes.

Cuando ella consiguió mantener un pequeño tornado entre sus manos, ambos celebraron emocionados.

Sin pensarlo, chocaron las manos.

Los dos se quedaron inmóviles.

Después comenzaron a reír con algo de vergüenza.

La confianza entre ellos crecía cada día.

Mientras tanto, León y Ángel entrenaban bajo la sombra de un enorme roble.

Cada movimiento era más sincronizado que el anterior.

—Ya casi logras vencerme —dijo Ángel.

León negó con una sonrisa.

—Todavía me falta mucho.

—Tal vez.

Pero ya no eres aquel joven que dudaba de sí mismo.

León guardó silencio.

Después respondió con sinceridad.

—Es porque ahora hay personas por las que quiero seguir haciéndome fuerte.

Ángel sonrió sin decir una palabra.

Había entendido perfectamente a quién se refería.

Muy cerca de allí, Adrián recorría los jardines con Elisabeth.

Desde que se conocieron no dejaban de conversar.

Hablaban de libros, de música, de los diferentes reinos y hasta de las travesuras que hacían cuando eran pequeños.

Elisabeth nunca imaginó que alguien pudiera hacerla reír con tanta facilidad.

—¿Siempre eres tan distraído? —preguntó divertida.

Adrián se llevó una mano a la nuca.

—Solo cuando estoy nervioso.

—¿Y por qué estarías nervioso?

Él sonrió.

—Porque estoy con alguien que me parece muy especial.

El corazón de Elisabeth dio un pequeño vuelco.

Desvió rápidamente la mirada para ocultar el ligero sonrojo de sus mejillas.

Sin darse cuenta...

Aquella amistad comenzaba a convertirse en algo más.

Desde uno de los balcones, Daniel observó a su hermana sonreír.

—Hace mucho que no la veía tan feliz.

Yoselin apareció a su lado.

—Adrián es un buen muchacho.

Daniel asintió.

—Creo que sí.

Después dirigió su mirada hacia Yoselin.

—Aunque hay alguien más que también me alegra ver sonreír.

Ella levantó una ceja.

—¿Quién?

Daniel respondió con una pequeña sonrisa.

—Tú.

Yoselin sintió que su corazón latía un poco más rápido.

No supo qué responder.

Solo bajó la mirada mientras una ligera sonrisa aparecía en su rostro.

Daniel comprendió que ya no necesitaba apresurar nada.

Cada día que pasaban juntos era un paso más para ganarse su confianza.

Y eso era suficiente.

Aquella noche, todos cenaron en los jardines del palacio.

Los reyes y las reinas observaban en silencio cómo sus hijos conversaban y reían.

La reina Elena sonrió con ternura.

—Míralos...

Hace meses apenas podían permanecer en la misma habitación sin discutir.

El rey Aldren asintió.

—Y ahora parecen una verdadera familia.

Yoselin levantó la vista hacia el cielo estrellado.

Por un instante olvidó el peligro que se acercaba.

Ver a las princesas, a León y a los príncipes felices le dio esperanza.

Sin embargo, muy lejos de allí, en el Reino del Vacío, el hombre de la máscara rota contemplaba un antiguo espejo mágico.

En él aparecía la imagen de todos disfrutando de aquellas vacaciones.

Apretó el puño con fuerza.

—Rían mientras puedan...

Porque muy pronto esa armonía será puesta a prueba.

Y cuando llegue ese día...

Descubrirán que proteger a quienes aman tiene un precio mucho más alto de lo que imaginan.

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