Ella comienza a tener sueños de otra vida.. y cuando reencarna, se da cuenta, que al parecer, esos sueños son ahora su propia vida.. así que decide cambiar su destino..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Sueños
Desde hace días estoy teniendo sueños extraños.
No eran simples pesadillas. Se sentían demasiado reales.
Cada noche veía la misma vida, la misma casa enorme y fría, los mismos pasillos decorados con oro y candelabros interminables. Y en medio de todo eso… estaba ella.
Adele.
Una mujer hermosa atrapada en una vida miserable.
La primera vez que soñé con ella pensé que era producto del estrés. La segunda vez, me preocupé. A la quinta noche consecutiva desperté con lágrimas en los ojos y el pecho oprimido.
Porque comenzaba a sentir su dolor como si fuera mío.
En mis sueños, Adele vivía en otra época. Usaba vestidos pesados, corsés insoportables y sonrisas falsas. Siempre sonreía.
Siempre.
Incluso cuando estaba triste.
Incluso cuando temblaba.
Su abuelo, un hombre obsesionado con las apuestas y las deudas, la había entregado en matrimonio para salvar a la familia. Adele había aceptado sin protestar.
[Si me caso… todo estará bien. Al menos seguiré teniendo una familia.]
Había sido ingenua.
Su esposo era un noble elegante frente a los demás.
Pero cruel cuando las puertas se cerraban.
Nunca la golpeaba donde pudiera verse.
Nunca levantaba demasiado la voz frente a otros.
Era el tipo de hombre que destruía lentamente.
En mis sueños veía cómo Adele esperaba despierta hasta la madrugada mientras él bebía rodeado de otras mujeres. Veía cómo ella fingía no escuchar las risas detrás de las paredes.
Veía cómo él llegaba oliendo a alcohol y perfume ajeno.
Y aun así, Adele corría a recibirlo.
—Bienvenido a casa…
[Quizá hoy sí me mire.]
Pero él jamás la miraba.
A veces simplemente pasaba a su lado como si fuera un mueble más de la mansión.
Otras veces la sujetaba del brazo con fuerza y le decía..
—No pongas esa cara deprimente frente a la gente.
Y Adele sonreía otra vez.
Siempre sonreía.
Eso era lo peor.
No gritaba. No se rebelaba. No odiaba.
Solo seguía intentando ser amada.
Pero ella.. veía su sufrimiento.. por eso.. cada mañana despertaba furiosa.
Furiosa con ese hombre.
Furiosa con el abuelo.
Furiosa con Adele por soportarlo todo.
—¡Divórciate de una vez! —grité una madrugada al despertarme sobresaltada.
Luego me quedé sentada en mi cama, despeinada y respirando agitada.
Porque una parte de mí sabía perfectamente que en aquella época una mujer como Adele no podía simplemente irse.
Y eso me hacía sentir aún peor.
Los sueños continuaron.
Cada vez más largos.
Cada vez más intensos.
Comencé a recordar detalles imposibles.
El sonido de los zapatos sobre mármol.
El olor del té de rosas.
Las ventanas enormes de la habitación de Adele.
Incluso el tono exacto de la voz de su esposo cuando la humillaba.
Era absurdo.
Yo jamás había vivido algo así.
Y aun así… lo recordaba.
Una tarde salí a caminar para despejarme. Necesitaba dejar de pensar en esos sueños. Sentía la cabeza pesada.
Mientras esperaba el semáforo, seguí recordando a Adele sentada sola frente a una mesa larguísima, cenando en silencio mientras su esposo estaba de fiesta en algún otro lugar.
[Qué vida tan horrible…]
Entonces escuché una voz detrás de mí.
—¡Adele!
Me giré inmediatamente.
Y sonreí por reflejo.
Porque así se llamaba la mujer de mis sueños.
Pero no había nadie.
Solo gente caminando.
Autos pasando.
El viento frío moviendo los árboles.
Fruncí el ceño.
—¿Eh…?
Entonces sucedió.
Un dolor atravesó mi pecho.
Fuerte.
Brutal.
Como si alguien hubiera clavado algo directamente en mi corazón.
—¡Ah…!
Me doblé hacia adelante jadeando.
La gente comenzó a mirarme.
El dolor empeoró.
Y otra vez escuché esa voz.
Más desesperada.
Más cercana.
—¡ADELE!
Mi corazón latió violentamente.
La cabeza comenzó a darme vueltas.
Y de pronto imágenes desconocidas inundaron mi mente.
Un enorme candelabro.
Un vestido grande y elegante cubierto de sangre.
Una mansión
Lluvia golpeando ventanas.
El dolor se volvió insoportable.
Sentí frío.
Mucho frío.
Todo comenzó a oscurecerse.
Y justo antes de perder la conciencia, una idea imposible cruzó mi mente.
[Esa voz… me estaba llamando a mí.]
Después…
Todo se volvió negro.
El abuelo, no tiene perdón. Trabajar...no se le debe haber pasado por la cabeza, viejo vago y sinvergüenza!
🥰
Mírame fijamente hasta cegarme
Mírame con amor o con enojo
Pero no dejes nunca de mirarme
Porque quiero morir bajo tus ojos🎶