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Las Consecuencias De Una Noche...

Las Consecuencias De Una Noche...

Status: Terminada
Genre:CEO / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:50
Nilai: 5
nombre de autor: Quel Santos

Evelyn Moore creía en el amor hasta que sorprendió a su novio en los brazos de la madrina de boda. Destrozada, huye hacia el caos de Manhattan, buscando anestesiar su dolor en una discoteca lujosa. Allí, su camino se cruza con el de Alexander Carter, un poderoso multimillonario que, después de ser drogado en una trampa, pierde el control de su fría realidad. Entre luces y sombras, dos almas en ruinas chocan. Lo que debió ser solo una huida impulsiva y anónima sella sus destinos para siempre, demostrando que las cenizas de una traición pueden alimentar un amor indomable.

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Capítulo 17

Los corredores blancos y el olor metálico a antiséptico del hospital, que antes parecían las paredes de una prisión de incertidumbres, se habían convertido en el escenario de una construcción silenciosa y profunda. Los quince días que siguieron a la internación de Victoria fueron un punto de inflexión para Evelyn y Alexander. El tiempo allí dentro parecía correr a una velocidad diferente al resto de Nueva York; mientras el mundo allá afuera giraba en torno a bolsas de valores y tráfico caótico, dentro de aquella habitación, el universo giraba en torno a un conteo de plaquetas y la sonrisa de una niña.

La rutina de relevo entre los dos funcionaba con la precisión de un reloj suizo. Cuando el sol comenzaba a despuntar entre los rascacielos, Evelyn partía para la casa de sus padres para un baño rápido y un cambio de ropa, sintiendo el peso del cansancio ser sustituido por la adrenalina de saber que, al volver, encontraría a Alexander sentado en el sillón, con Victoria acurrucada en su pecho. Alex, por su parte, había transformado la habitación del hospital en una extensión de su oficina. Él trabajaba como podía, con el notebook sobre las rodillas, pero su atención nunca estaba totalmente en los gráficos.

Mark y Cristina se convirtieron en el puente con el mundo exterior. Mark traía los contratos, pilas de papeles que representaban millones de dólares, todos revisados minuciosamente por él y por Cristina. Evelyn confiaba en la amiga con los ojos cerrados, sabía de su competencia, pero Alexander, fiel a su naturaleza meticulosa, examinaba cada cláusula nuevamente antes de firmar. Era su forma de mantener el control mientras su corazón estaba vulnerable, entregado a aquella pequeña niña que ahora dominaba sus días.

Victoria, por su parte, estaba radiante. A pesar de los pinchazos de aguja y de los exámenes, ella florecía con la atención redoblada. Ella se dividía: jugaba a dibujar con la madre, pero bastaba que Alexander entrara en la habitación para que ella soltara los lápices de color. El vínculo entre padre e hija era algo que desafiaba la lógica del tiempo. Siempre que Alex necesitaba ausentarse para una reunión inevitable o para cuidar de su propia higiene, Victoria se agitaba. Ella llamaba por él, sus ojitos buscaban la puerta a cada ruido. Para evitar el sufrimiento de la pequeña, Alex desarrolló la táctica de solo salir cuando ella caía en el sueño profundo de la tarde. Él la besaba en la frente, susurraba un "ya vuelvo, princesa" y salía casi sin respirar.

Finalmente, tras dos semanas de batalla contra el dengue, el día de la victoria llegó. Victoria estaba totalmente recuperada, los colores volvieron a sus mejillas y la energía era tanta que los enfermeros ya bromeaban con que ella era la dueña del ala pediátrica.

—Bueno, todo listo. Voy a volver a la casa de mis padres ahora, Alex. Necesito organizar las cosas de Victoria y ver cómo quedan mis próximos pasos —dijo Evelyn, mientras cerraba la última maleta de pertenencias de la hija.

Alexander, que estaba con Victoria de la mano, se detuvo en medio de la habitación. Él miró a Evelyn con una seriedad que mezclaba deseo y una determinación inquebrantable.

—No sé si voy a conseguir separarme de mi pequeña ahora, Evelyn. Y para ser sincero, no quiero separarme de ti tampoco. ¿Por qué no vamos para la casa que compré? Ya está todo preparado para recibirlas a ustedes dos.

Evelyn titubeó, el corazón disparado. —Alex, nosotros conversamos sobre ir despacio. No quiero parecer que estoy siendo comprada o que perdí mi independencia.

—Lo sé, y respeto eso —Alex dio un paso adelante, disminuyendo la distancia entre ellos—. Por eso, pensé en una solución. Yo sigo en mi apartamento por ahora, y tú vas para la casa con Victoria. Ella está toda preparada, con todo lo que una niña necesita. Contraté una niñera excelente, con referencias impecables; Vick no necesita volver para aquella escuelita ahora mientras se recupera totalmente. Ella tendrá compañía constante. Y tiene más... mandé hacer un ala infantil allá en la empresa. Siempre que podamos, vamos a llevarla para el trabajo. Quiero que ella crezca viendo lo que los padres construyen.

Evelyn sintió las defensas derretirse. No era solo sobre lujo o dinero; era sobre cuidado, sobre un padre queriendo recuperar el tiempo perdido y dar una estructura que ella, sola, llevaría años para alcanzar. Ella pensó en el confort de la hija, en la seguridad de tener una red de apoyo real y en la alegría de Victoria al estar cerca de Alex.

—Está bien, Alex —ella dijo, con una sonrisa suave surgiendo en los labios—. Si es para el bien de nuestra hija, acepto vivir en la casa que escogiste. Tú eres el padre de ella y mereces participar de todas las decisiones sobre el futuro de ella.

—Solo quiero dar lo mejor para nuestra pequeña —Alex susurró, aproximándose aún más. Él sujetó el mentón de Evelyn con delicadeza, obligándola a mirar en sus ojos—. Y quiero cuidar de ti también, Evelyn. Quiero tener un futuro contigo. Quiero repetir aquella noche todos los días de mi vida, pero ahora con la luz encendida y sabiendo exactamente quién eres. Ya sé lo que quiero... y te quiero a ti.

El beso que siguió fue profundo, sellando no solo un acuerdo de vivienda, sino una promesa de alma. No obstante, el momento romántico fue interrumpido por un carraspeo seco e irónico. Brian estaba apoyado en la puerta, sujetando a Victoria en brazos tras hacer la última evaluación clínica.

—Esta jovencita está óptima y espero no verte por aquí nuevamente en los próximos seis meses, ¿oíste bien, jovencita? —Brian bromeó, entregando a la niña para el padre.

—¡Combinado! —Victoria repitió, imitando el tono serio del tío, lo que arrancó risas de todos.

—¿Vamos para casa, mi amor? —Alex preguntó, acomodándola en sus brazos.

—¡Vamos, Papá! —ella respondió con entusiasmo.

Evelyn tomó su bolso, sintiendo una leve punzada de celos tontos de la rapidez con que la hija se había adaptado. —¿Y la mamá no va, no? ¿O ahora solo tienes padre, Victoria?

Victoria rió, estirando el brazo para tirar de la mano de Evelyn. —¡Mamá también va!

Los tres salieron del hospital de manos dadas, dejando atrás los días de angustia. Para Evelyn, aquel era el inicio de una vida que ella nunca imaginó. Durante tres años en Brasil, ella vivió bajo la sombra del miedo del juicio, de la soledad de ser madre soltera y de la amargura de una traición. Ahora, el escenario era completamente diferente. Ella tenía el apoyo incondicional del padre de su hija, un hombre que la respetaba y la deseaba. Ella tenía su propio trabajo, su competencia reconocida y, por encima de todo, una red de seguridad que garantizaba que Victoria nunca más estaría desamparada.

Al entrar en el coche que los llevaría para la nueva residencia, Evelyn miró el paisaje de Nueva York pasando por la ventana. La ciudad que había sido escenario de su mayor dolor ahora presenciaba el renacimiento de su felicidad. No había más secretos, no había más fugas. Era el inicio de la independencia real, aquella que nace cuando tenemos la seguridad de ser amados. Era, finalmente, el inicio de la historia que aquella noche de tres años atrás había apenas bosquejado.

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