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La Esposa Olvidada Del Rey De La Mafia

La Esposa Olvidada Del Rey De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Jaureguy

Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.

NovelToon tiene autorización de Lina Jaureguy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El precio de una mentira

El sonido de la lluvia golpeando las ventanas acompañó a Valeria durante toda la noche.

Dormía poco desde hacía cinco años.

Cada vez que cerraba los ojos, el mismo recuerdo volvía como una pesadilla.

La noche en que Alessandro dejó de creer en ella.

Abrió los ojos antes de que sonara el despertador. Durante unos segundos observó el techo de la habitación de su infancia, intentando convencerse de que estaba a salvo.

—Mamá...

La pequeña voz de Sofía la hizo sonreír de inmediato.

—¿Ya es de día?

—Sí, mi amor.

La niña se estiró y bostezó.

—¿Hoy vamos a conocer la ciudad?

Valeria le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Sí, pero primero vamos a desayunar con la bisabuela.

Sofía sonrió con entusiasmo.

—¡Quiero hacerle panqueques!

Valeria rio por primera vez desde que había regresado.

—Creo que ella estará encantada.

Mientras preparaban el desayuno, la casa volvió a sentirse viva.

La abuela Isabel observaba a su bisnieta con lágrimas discretas en los ojos.

Hacía años que aquellas paredes no escuchaban una risa infantil.

—Es igual de inquieta que vos cuando eras chica —dijo con una sonrisa.

Valeria bajó la mirada.

—Ojalá solo hubiera heredado eso...

La anciana entendió el peso de aquellas palabras.

Sofía también había heredado los ojos grises de su padre.

Un detalle imposible de ocultar para cualquiera que conociera a Alessandro De Luca.

A varios kilómetros de allí...

La residencia De Luca despertaba como un reloj perfectamente sincronizado.

Los escoltas ocupaban sus puestos.

Los cocineros preparaban el desayuno.

Los empleados caminaban en absoluto silencio.

Cuando Alessandro estaba de mal humor, nadie quería llamar su atención.

Marco, su hombre de mayor confianza, golpeó la puerta del despacho.

—Adelante.

—Buenos días, señor.

Alessandro permanecía de pie frente al ventanal.

No había dormido.

Desde el encuentro bajo la lluvia, la imagen de aquella mujer no abandonaba su cabeza.

Había algo en ella...

Algo que le resultaba demasiado familiar.

—¿Encontraste algo?

Marco dejó una carpeta sobre el escritorio.

—Todavía no sabemos quién es, pero ya tenemos imágenes de las cámaras del aeropuerto.

Alessandro abrió la carpeta.

En una de las fotografías aparecía una mujer de espaldas, tomada mientras caminaba de la mano de una niña.

El rostro apenas podía distinguirse.

Pero había algo que hizo que su respiración se detuviera.

La forma de caminar.

Era exactamente igual a la de Valeria.

—Ampliá esta imagen.

—Ya lo intentamos.

No se distingue el rostro.

Alessandro cerró la carpeta lentamente.

—Quiero saber quién es.

No importa cuánto cueste.

Mientras tanto, Valeria decidió salir a comprar algunas cosas para la casa.

La abuela insistió en quedarse con Sofía.

—No tardaré.

Caminó por las calles intentando pasar desapercibida.

Llevaba una gorra, lentes de sol y ropa sencilla.

Había aprendido que la mejor forma de esconderse era no llamar la atención.

Sin embargo...

No se dio cuenta de que alguien la observaba desde el otro lado de la calle.

Un hombre vestido con un traje oscuro levantó discretamente el teléfono.

—Señor Marco...

Creo que encontramos a la mujer que llegó ayer.

La estoy siguiendo.

Marco guardó silencio unos segundos.

Después respondió con calma.

—No hagas nada.

Solo averiguá dónde vive.

El hombre colgó y comenzó a caminar a una distancia prudente.

Valeria seguía sin sospechar que cada uno de sus pasos estaba siendo vigilado.

Y, por primera vez en cinco años...

El pasado empezaba a alcanzarla.Valeria salió del almacén con dos bolsas en las manos.

Revisó el reloj.

Había pasado más tiempo del que imaginaba y no quería preocupar a su abuela ni dejar a Sofía esperándola demasiado.

Comenzó a caminar por una calle tranquila, bordeada de árboles antiguos.

Intentaba convencerse de que todo estaba bien.

Sin embargo, una sensación incómoda no dejaba de acompañarla.

Era como si alguien la observara.

Se detuvo frente a la vidriera de una tienda y fingió acomodarse el cabello. Aprovechó el reflejo del vidrio para mirar hacia atrás.

Un hombre con traje oscuro cruzó la calle unos metros más atrás.

No parecía un vecino.

No llevaba bolsas.

No hablaba por teléfono.

Solo caminaba... manteniendo la misma distancia.

Valeria sintió un nudo en el estómago.

—No puede ser... —murmuró.

Aceleró el paso.

El hombre también.

Doblaron la esquina.

Ella entró a una farmacia sin intención de comprar nada. Esperó unos segundos entre los estantes y, desde la ventana, observó al desconocido.

Él no entró.

Simplemente sacó el teléfono y habló en voz baja.

—La tengo a la vista. Se dirige hacia el barrio Moretti.

Del otro lado de la llamada, Marco respondió con serenidad.

—No intervengas. Solo confirmá la dirección.

—Entendido.

Valeria salió por la puerta trasera de la farmacia y tomó un camino diferente. Conocía esas calles desde niña y logró perderlo entre los pasajes del barrio.

Cuando finalmente llegó a la casa de su abuela, cerró la puerta con llave y apoyó la espalda contra ella.

Respiraba con dificultad.

La abuela Isabel notó enseguida que algo ocurría.

—¿Qué pasó?

—Creo que me estaban siguiendo.

El rostro de la anciana perdió el color.

—¿Estás segura?

—No... pero no pienso esperar para averiguarlo.

En ese momento, Sofía apareció corriendo con un dibujo en la mano.

—¡Mamá! ¡Mirá lo que hice!

Valeria dejó de lado el miedo y sonrió.

El dibujo mostraba a una mujer, una niña y un hombre alto tomados de la mano bajo un enorme sol.

—¿Quién es él, princesa? —preguntó con suavidad.

Sofía bajó la mirada.

—No sé... pero todas mis amigas tienen un papá. Yo también lo imaginé.

Las palabras atravesaron el corazón de Valeria.

Se arrodilló frente a su hija y la abrazó con fuerza.

—Perdoname, mi amor...

Sofía le acarició la mejilla.

—¿Mi papá era bueno?

Valeria sintió que las lágrimas amenazaban con escapar.

Pensó en Alessandro.

En el hombre que una vez la hizo sentir la mujer más feliz del mundo.

Y en el mismo hombre que, creyendo una mentira, la expulsó de su vida sin escucharla.

—Sí... —respondió casi en un susurro—. Antes era un buen hombre.

A varios kilómetros de allí, Alessandro permanecía en su despacho observando la lluvia caer sobre la ciudad.

Marco entró sin hacer ruido.

—Tenemos la dirección.

Alessandro levantó la vista.

—Habla.

—La mujer vive en la antigua casa de Isabel Moretti.

El silencio fue absoluto.

Alessandro sintió un vuelco en el pecho.

—¿La abuela de Valeria?

—Sí.

—¿Y la niña?

—Vive con ellas.

Alessandro caminó lentamente hasta la ventana.

No quería hacerse ilusiones.

Cinco años atrás había enterrado el recuerdo de Valeria junto con todas las preguntas que nunca tuvieron respuesta.

Pero aquella coincidencia era demasiado grande.

Una mujer misteriosa.

Una niña de cinco años.

La casa de la familia Moretti.

No podía ignorarlo.

Se dio vuelta con la mirada endurecida.

—Prepará el auto.

Marco asintió.

—¿Va a ir usted mismo?

Alessandro tomó su saco negro del respaldo de la silla.

—Sí.

Quiero descubrir quién es esa mujer...

Aunque tenga que enfrentar los fantasmas de mi pasado.

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Yolanda Morocho
yo creo q su mano derecha es el enemigo por los guardias no le dejaban entrar cuando ella quería esplicarlo lo sucedido y el no lo sabía
Maru
Es cierto! En el mundo de la mafia y Stratus alto del hampa los enemigos siempre atacan dónde más duele a los parientes cercanos: hijos/as, cónyuge, madre - padre e incluso ahijados/as; por eso se cuidan de mostrar sentimientos incluso dentro de su casa 🏠 por aquello de que las paredes tienen oídos
Maru
Interesante comienzo 🙂
Mercedez Peréz
bueno dejo su historia es pura a aguetefia creo que poreso no tiene comdntarios parese chisme de viejas que no tienren.nada que acdr
Mercedez Peréz: quise desir pura acagueteria escribi mal la palabra
total 2 replies
Mercedez Peréz
muchasbueltas.a la historia aburre un y otra vez lo mismo
Mercedez Peréz
donde quefo la abuela
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