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EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

Status: En proceso
Genre:Romance / Enfermizo
Popularitas:26.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

El perdió todo un día, excepto a mi

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 19

La luz del sol entraba por la rendija de la cortina, dibujando una línea dorada sobre la cama. Ricardo abrió los ojos lentamente, sin prisa. A su lado, Mariana dormía profundamente, con el cabello revuelto sobre la almohada y los labios entreabiertos. Parecía un cuadro. Una de esas pinturas antiguas que cuelgan en los museos, donde la luz y la paz se funden en algo sagrado.

Él sonrió. No pudo evitarlo. Allí, en la penumbra tibia de la habitación, con el calor del cuerpo de ella pegado al suyo, sintió una oleada de gratitud tan grande que casi le dolía. Después de todo lo que había pasado, el accidente, el coma, la silla de ruedas, las palabras de su padre, seguía ahí. Y ella también.

La miró un largo rato. El ritmo de su respiración. El modo en que sus pestañas rozaban sus mejillas. La curva de sus labios, ligeramente húmedos. Era tan hermosa que a veces le costaba creer que fuera real.

Se inclinó. Con una suavidad que bordeaba la reverencia, rozó sus labios con los de ella.

Fue un beso leve, casi un susurro. Pero ella se movió apenas, sin despertar. Él sonrió contra su boca y besó de nuevo, esta vez un poco más firme. Luego bajó a su mandíbula. A su cuello. La piel de Mariana olía a jabón de coco y a ella, a algo íntimo que él reconocería entre mil.

Mientras besaba su cuello, una de sus manos se deslizó hacia abajo. Encontró el borde de la camiseta vieja que ella usaba para dormir una de él, enorme, que le llegaba a los muslos y se deslizó por debajo. Sus dedos encontraron su vientre desnudo, subieron lentamente, acariciando cada centímetro de piel hasta llegar a su pecho.

Mariana tenía los pechos suaves, cálidos, perfectos para el tamaño de sus manos. Él los acarició con una lentitud deliberada, rodeando los monticulos rosados con la yema de los dedos, sintiendo cómo se endurecían bajo su toque.

—Mmm

gimió ella, sin abrir los ojos, pero con una sonrisa floreciendo en sus labios.

— Buen día.

—Buen día

respondió él, sin dejar de acariciarla.

—¿Siempre vas a despertarme así?

—Todos los días que me dejes.

Ella abrió los ojos. Sus verdes se encontraron con sus cafés, y en ese cruce hubo todo lo que no necesitaban decir. Se amaban. Se habían elegido. Y a pesar de todo, seguían ahí.

Mariana estiró los brazos por encima de la cabeza, arqueando la espalda. La camiseta se le subió, dejando al descubierto su vientre. Ricardo bajó la mirada y sonrió.

—Eres un peligro

dijo.

—Tú empezaste

respondió ella, incorporándose para besarlo.

El beso se prolongó, se profundizó. Las manos de Ricardo seguían jugando con sus pechos, y las de ella se enredaban en su cabello. Por un momento, el mundo exterior desapareció. Solo existían ellos, la cama, la luz dorada de la mañana.

—Hoy tenemos terapia

susurró ella, entre beso y beso.

—Falta una hora

respondió él, bajando las manos a sus caderas.

—Vas a llegar tarde

—Voy a llegar feliz.

Ella rio. Y esa risa, pensó Ricardo, era la música que quería escuchar el resto de su vida, se amaron, el la hizo suya como tantas veces ya,y ella se entregó con toda la pasión que tenía.

––––

Llegaron al centro de rehabilitación con diez minutos de retraso y una sonrisa que no podían disimular. Federico los recibió con una mirada de complicidad que no llegó a ser comentario. Miguel, en cambio, no tuvo filtro.

—¡Vaya, vaya!

exclamó desde su camilla, con una ceja alzada.

— Los tortolitos llegan tarde y con cara de haber dormido poco. ¿Qué pasó, Se les escapó el gallo?

—Cállate

respondió Ricardo, pero estaba sonriendo.

—No me callo. Yo también quiero una novia que me ponga esa cara. ¿Dónde consigo una?

—En la sección de productos agotados

respondió Mariana, con una picardía que sorprendió a Ricardo.

—Ay, qué mala

dijo Miguel, poniendo una mano en el pecho como si le hubieran disparado.

— Me muero.

—Ojalá

respondió ella, guiñándole un ojo.

Ricardo observó la escena con una sensación extraña. No eran celos. Era algo más parecido a la alegría. Hacía mucho que no veía a Mariana bromear con alguien que no fuera él. Y Miguel, a pesar de su humor ácido y su lengua afilada, le caía bien. Le caía de verdad.

La sesión fue intensa. Federico los puso a hacer ejercicios de carga y resistencia. Ricardo logró mantenerse de pie con apoyo durante quince segundos un récord personal y Miguel lo felicitó con un.

—¡Eso, campeón,Pronto vas a ganar el maratón!

que lo hizo reír.

En el descanso, mientras tomaban agua, Miguel se acercó en su silla.

—Oye, ¿has pensado en grupos de apoyo?

preguntó, en un tono más serio de lo habitual.

—¿Grupos de qué?

respondió Ricardo.

—De gente como nosotros. Los que nos estrellamos contra cosas y despertamos en sillas. Hay uno los martes en la biblioteca pública. Voy a veces. Es… no sé. Útil. Escuchar a otros que están igual.

Ricardo dudó.

—No soy mucho de grupos

admitió.

—Yo tampoco. Pero a veces, hablar con alguien que entiende el mierdero en el que estás metido… ayuda. Piensa lo.

—Lo pensaré

dijo Ricardo, y esta vez fue sincero.

Mientras Ricardo y Miguel continuaban con la terapia, Mariana se fue a la sala de espera a repasar apuntes. Allí encontró a una chica sentada en una de las sillas, con una tableta en las manos y una expresión de concentración absoluta. Era delgada, de cabello rojizo recogido en una cola de caballo, y llevaba una sudadera de la facultad de medicina.

—¿Estudias medicina?

preguntó Mariana, señalando la sudadera.

La chica levantó la vista. Tenía ojos color miel y una sonrisa.

—Sí. Segundo año. ¿Tú también?

—Primero. Me llamo Mariana.

—Sofía.

Extendió la mano y la estrechó con firmeza.

— ¿Vienes con alguien?

—Mi… mi pareja. Está en terapia. ¿Y tú?

—Mi hermano. Miguel. El insoportable de los tatuajes.

Mariana soltó una carcajada.

—¿Miguel es tu hermano?

—Desgraciadamente, sí. Pero no se lo digas. Le subiría el ego y ya no lo soportaría nadie.

—Es un secreto entre nosotras.

Se sentaron juntas. Sofía resultó ser todo lo que Miguel no era, ordenada, estudiosa, con una capacidad de concentración que Mariana envidiaba. Pero también tenía un sentido del humor seco y afilado que la hacía increíblemente divertida.

—¿Y cómo conociste a tu pareja?

preguntó Sofía, mientras ambas repasaban apuntes de anatomía.

—En la prepa

respondió Mariana, con una sonrisa que delataba más de lo que decía.

— Me pidió una goma de borrar.

—¿Y te enamoraste así nomás?

—Así nomás.

—Qué bonito

dijo Sofía, con una sinceridad que conmovió a Mariana.

—Miguel solía tener una novia, pero lo dejó después del accidente. Dice que no estaba preparada. Yo creo que era una cobarde.

—No todas somos así

respondió Mariana.

—Eso lo sé. Por eso me caes bien.

Intercambiaron números de teléfono. Quedaron en estudiar juntas los fines de semana. Mariana salió de la sala de espera con la sensación de haber encontrado no solo una amiga, sino algo que no sabía que necesitaba, alguien que entendiera el vértigo de la medicina y la dureza de cuidar a alguien que sufre.

Al salir del centro de rehabilitación, Mariana y Ricardo se encontraron con una sorpresa desagradable.

Estacionado justo enfrente de la salida, había un auto negro de lujo. Apoyado en el capó, con una sonrisa que pretendía ser amistosa pero resultaba aceitosa, estaba Juancho.

—Ricardo, Mariana

dijo, levantando una mano en señal de saludo.

— Qué casualidad encontrarlos.

—No es casualidad

respondió Ricardo, con la voz helada.

— ¿Qué quieres?

Juancho se enderezó. Era alto, bien parecido, con el cabello engominado hacia atrás y una ropa que gritaba dinero en cada costura. El mismo Juancho que había manejado borracho la noche del accidente. El mismo que había salido del hospital con una multa y una advertencia, mientras Ricardo aprendía a usar una silla de ruedas.

—Solo quería ver cómo estabas

dijo, con un tono que pretendía ser humilde.

— Me siento mal por lo que pasó. He pensado mucho en ti.

—¿Ah, sí?

La voz de Ricardo cortaba como vidrio.

— ¿Y en estos meses, cuántas veces viniste a verme, Cuántas llamadas hiciste, Cuántos mensajes mandaste?

Juancho bajó la mirada.

—No supe cómo acercarme

admitió.

—La culpa es…

—¿La culpa es tuya?

lo interrumpió Mariana, dando un paso al frente.

— Sí, la culpa es tuya. Por manejar borracho. Por ir rápido. Por estrellarte contra un poste. Ricardo casi muere por tu culpa. Así que no vengas ahora con tu carita de arrepentido.

Juancho la miró. En sus ojos, por un segundo, apareció algo que no era culpa. Era otra cosa. Interés. Y no del tipo que a Mariana le gustaba.

—Solo quiero ayudar

dijo, sacando una tarjeta del bolsillo de su chaqueta.

—Mi familia tiene dinero. Podemos pagar terapias privadas, especialistas, lo que necesiten. Solo acepten mi ayuda.

Ricardo tomó la tarjeta. La miró un segundo. Y luego, con una lentitud deliberada, la rompió en pedazos.

—No quiero tu dinero

dijo, dejando caer los trozos al suelo.

— Quiero que te vayas. Y que no vuelvas a acercarte a nosotros. ¿Está claro?

Juancho lo miró. Su sonrisa se había borrado. En su lugar, había una mueca fría, casi peligrosa.

—Está claro

dijo, subiendo a su auto.

—Pero esto no termina aquí, Ricardo. Yo no olvido las deudas.

Arrancó y se fue, dejando una estela de humo y una tensión que flotaba en el aire.

Mariana tomó la mano de Ricardo. Estaba temblando.

—¿Estás bien?

preguntó.

—No

respondió él, con la mirada fija en el auto que se alejaba.

— Pero voy a estarlo.

Esa noche, mientras cenaban en silencio, ninguno de los dos mencionó a Juancho. Pero ambos sabían que aquel encuentro no había sido una casualidad.

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Anyeli Sinraiza
Amo esta novela y esta pareja que supera las dificultades
Anyeli Sinraiza
😭 lo sabia lo sabía
Anyeli Sinraiza
ojalá eviten algo peor yo creo algo hará ese juancho
Ana Mosqueado
excelente buena ortografía y emotivo cada capítulo en la lucha de ricardo
Laura Gaza
una trama entretenida atrapante y hermosa
Laura Gaza
😭se pudo evitar tenían q tomar previsiones
Laura Gaza
en este caso ricardo tiene razón esto pierde traer consecuencias peores
Paula Perez
este desgraciado nooo
Paula Perez
tremenda historia de superación personal
carmen Payares
😭😭 noooo ahora falta q le haga algo
carmen Payares
hermosa historia de amor
Paula Perez
ese Juancho es un desastre completo ya esta dando su verdadera cara
carmen Payares
creo que ese Juan hoy será más que un dolor de cabeza
carmen Payares
la oportunidad de la vida Ricardo
Sofia Vermel
buena novela una excelente trama
Lavaña Sierra
ricardo y mariana que lección dan a la vida de superación
Payal Gugta
emotiva hermosa y sencilla
Cushy Cumary
excelente novela me gustó mucho gracias autora
María Osorio
muy buena
Andreina Mesa
simplemente me encanta la novela
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