Ella no necesita que la rescaten.
Él no cree en el amor.
Luciana Ríos es una mujer que manda. Jefa en su oficina, independiente y acostumbrada a tomar decisiones que otros solo se atreven a sugerir. No depende de apellidos ni de fortunas ajenas… y jamás pensó convertirse en la esposa de nadie.
Alexander Montclair es el hombre más poderoso del continente. Exmilitar, magnate y heredero de un imperio que no admite errores. Frío, reservado y meticuloso, su vida se rige por contratos, reglas y control absoluto.
Un encuentro inesperado los enfrenta.
Un acuerdo los une.
Un matrimonio por contrato lo cambia todo.
Mientras una influencer caída en desgracia intenta recuperar el estatus que perdió, y un exnovio poderoso se consume entre celos, secretos y traiciones, Luciana descubre que ceder el control no siempre significa perder el poder… especialmente cuando el hombre que intenta dominarla es el único capaz de mirarla como un igual.
En un mundo donde el dinero compra silencios y los contratos
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Capitulo 1
Luciana Ríos
Escucho a uno de mis colaboradores hablar desde hace al menos diez minutos.
Asiento. Parpadeo. Respiro.
Nada de lo que dice sirve.
No porque sea incompetente, sino porque hay personas que confunden explicar un problema con resolverlo. Y yo no tengo tiempo para rodeos.
—Gracias —lo interrumpo con una sonrisa educada, pero firme—. Ya entendí el panorama.
El silencio en la sala es inmediato. Todos me miran.
Me pongo de pie y camino hacia la pantalla.
—El inconveniente no es operativo, es estratégico. Si seguimos esperando una respuesta de la otra empresa, vamos a perder tiempo y dinero. Así que vamos a adelantarnos.
Empiezo a dar instrucciones claras, concisas. Decisiones. Plazos. Acciones.
Uno a uno asienten. Anotan. Ejecutan.
Cuando termino, miro a mi asistente.
—Agenda una reunión hoy mismo con el gerente general de la otra empresa. Presencial.
—¿Hoy? —pregunta, sorprendida.
—Hoy —repito—. Dile que no es negociable.
La reunión dura horas. Tensiones, silencios incómodos, miradas que intentan medir fuerzas. Al final, firmamos. Salgo cansada, sí, pero victoriosa. Como siempre.
Decido comer algo cerca antes de volver a la oficina. Un restaurante elegante, discreto. Perfecto para pasar desapercibida…
Mientras espero mi pedido, saco el celular y abro Instagram.
Bárbara Lux aparece en todas partes.
Nueva polémica. Nuevos titulares. Nuevos comentarios venenosos.
Dicen que ya no tiene el mismo poder adquisitivo. Que su fama se sostenía gracias a su ex pareja. Que quizá estaba involucrada en actividades de testaferro. Nadie prueba nada, pero todos opinan.
Cierro la aplicación con desinterés. El mundo de las apariencias siempre me ha parecido aburrido.
Termino de comer y pido la cuenta. Cuando me levanto, lo veo.
Rodrigo Salazar.
Mi ex pareja.
El segundo hombre más rico del país.
Y uno de los errores mejor maquillados de mi vida.
Está de espaldas, pero lo reconozco de inmediato. Su postura rígida. Su necesidad constante de control. El recuerdo me provoca una mezcla de fastidio y alivio. Le terminé sin anestesia. Se había vuelto aburrido en todos los sentidos: sentimental, sexual, humano. Celoso, posesivo, controlador. Y lo peor: convencido de que yo debía agradecerle por existir a su lado.
Nuestra relación nunca fue pública, pero eso no impidió que él me detestara por haberlo dejado.
No pienso cruzármelo.
Me acerco al camarero y bajo la voz.
—¿Podría salir por otra puerta? No me siento bien.
Le regalo mi mejor sonrisa. La profesional. La que abre puertas.
—Claro, señorita Ríos —responde—. Acompáñeme, por favor.
Me guía hacia la salida VIP del restaurante. Antes de irme, dejo una generosa propina. Él me lo agradece. Yo también.
Al cruzar la puerta, choco con alguien.
Literalmente.
No es un golpe torpe. Es sólido. Controlado. Como si el cuerpo frente a mí estuviera acostumbrado a ocupar espacio.
Mi bolso cae al suelo.
—Disculpe —digo al mismo tiempo que me inclino a recogerlo.
—No se preocupe.
La voz.
Grave. Segura. Sin prisa.
Levanto la mirada… y lo reconozco de inmediato.
Sería imposible no hacerlo.
Alexander Montclair.
El hombre más rico del continente. Exmilitar. Magnate. El apellido que no necesita presentación en ningún círculo de poder.
Traje oscuro impecable. Barba elegante. Ojos café tan oscuros que parecen medir cada movimiento. No sonríe. Me observa como si evaluara una situación, no a una mujer.
Se adelanta y recoge mi bolso antes que yo.
—Luciana Ríos —dice.
No es una pregunta.
—Veo que mi reputación me precede —respondo, tomando el bolso—. Pero no recuerdo haber cruzado caminos con usted.
Una mínima curva aparece en su boca. Apenas un gesto.
—No lo ha hecho —admite—. Aún.
Ese aún se me instala bajo la piel.
Desde el interior del restaurante, una voz lo llama:
—Señor Montclair, lo esperan.
Asiente sin apartar la mirada de mí.
—Fue un… encuentro inesperado, señorita Ríos.
—Lo fue —respondo—. Aunque suelo mirar por dónde camino.
Esta vez, su sonrisa aparece. Breve. Privada.
—Yo no —dice—. Prefiero los accidentes bien dirigidos.
Da un paso atrás, pero antes de irse, añade:
—Espero no volver a encontrarla por casualidad.
Frunzo el ceño.
—¿Y eso?
Sus ojos se oscurecen apenas.
—Porque la próxima vez —dice con calma—, no será un accidente.
Se da la vuelta y desaparece entre la gente.
Yo me quedo ahí, inmóvil.
Con una certeza incómoda clavándose en mi pecho.
Alexander Montclair no era un hombre que tropezara con desconocidas.
Y si acababa de cruzarse en mi camino…
Era porque había decidido hacerlo.
Luciana Ríos, 29 años
déjense de tanto juego 🤦🏼♀️
a cuidarse las espaldas /Shy//Slight/