Aria,una asesina letal marcada por una enfermedad incurable, acepta su muerte con serenidad…hasta que despierta en el cuerpo de Alaysha, un personaje de su novela favorita cuya vida fue arrebatada, inesperadamente vuelve al día en el que el padre de la original entrega las cartas de compromiso que decidirá el destino de ambas hermanas. Con los recuerdos intactos de la original y un don que viaja con ella, Aria elegirá su propio camino. Pero inesperadamente descubre que Rosse ha renacido, cuando esta se apresuró en tomar la carta de compromiso del segundo príncipe .Sin decir palabra alguna -Aria- ahora Alaysha sonríe con frialdad y acepta el compromiso con el temido primer príncipe . Si bien Rosse recuerda su pasado , no imagina que la mirada que la observa desde el rostro de su hermana pertenece a otra persona …alguien que conoce la historia al detalle y ha vuelto a reescribirla..
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Escena 8
DOS NOVIAS, DOS DESTINOS (Dia de la boda)
El gran salón de los espejos estaba en silencio, solo se escuchaba los pasos de tacones sobre el mármol. Primero apareció Alaysha ; con aquel vestido rojo sangre : escote , corazón, cintura de avispa, falda pesada que arrastraba una cola de tres metros bordada con rosas doradas. Llevaba consigo un ramo de rosas blancas y rojas, y Livia sostenía la cola de su vestido con ambas manos, con la mirada baja y orgullosa.
Segundos después llegó Rosse. Vestido blanco, acampanado, capas de tul y perlas, cuello alto, mangas de encaje, y corona hecha de flores blancas. El velo caía como una cascada de nieve, parecía una muñeca de porcelana recién salida de la caja. Sus doncellas la rodeaban ajustando cada pliegue.
Ambas se detuvieron frente al duque Alarick. Las miró un instante largo, serio,casi triste pero orgulloso. Después alzó la mano, les dio su bendición y luego salió a la puerta donde esperaba la duquesa.
Cuando la puerta se cerró, solo quedaron ellos dos y en silencio. Rosse fue la primera en hablar, con esa voz dulce que siempre sonaba a miel envenenada.
—Te ves…preciosa, hermana. He de admitir que el color rojo te sienta de maravilla.. Aunque… debo advertirte, la vida en el palacio del príncipe heredero no será tranquila. Sobre todo con su hija. Es lo único que de verdad le importa en su corazón. No será fácil ganarte su cariño… ni su respeto.
—Rosse…hablas como si lo conocieras muy bien… como si hubieras estado ahí—dijo Alaysha mirándola de reojo.
—Ja,ja,ja. Que tonterías dices hermana… solo te cuento lo que he oído. No me malentiendas , solo me preocupo por ti.
Alaysha la miró sin parpadear. Después habló en voz baja, limpia pero como una hoja afilada.
—Si. Claro, pero deberías preocuparte más por ti. Sé perfectamente cómo ocuparme de mis asuntos. No necesito que te entrometas.—dijo y sin esperar respuesta, giró con elegancia y empezó a caminar. Livia soltó una pequeña risita, soltó la cola para abrirle paso y luego volvió hacia ella tomándola del brazo. Juntas salieron sin mirara atrás
La sonrisa del rostro de Rosse desapareció, dando paso a una expresión fría.
—Ya veremos si sigues tan segura cuando él no aparezca en la boda…—añadió y un recuerdo invadió su momento por unos segundos— En mi vida anterior me dejó plantada frente a tantos nobles , y esa noticia se supo en todo el reino. Después de eso, solo lo vi al tercer día de casados…después desapareció. Solo venia a ver a esa mocosa , a mi ni siquiera me prestaba atención—sus dedos apretaron el ramo hasta que las espinas ocultas le cortaron la piel— Ahora te toca a ti probar lo que se siente ser despreciada.
Alzó la barbilla, y su sonrisa volvió.— ¿Qué esperan? Vámonos.—ordenó a sus doncellas, saliendo del lugar.
……
Rosse subió a su carruaje con una sonrisa radiante. Todos los del pueblo se habían reunido en las calles, aplaudiendo y lanzando pétalos de rosas mientras el vehículo avanzaba hacia la catedral central, donde las campanas ya repicaban en celebración. Su velo ondeaba con la brisa, y en su mente solo había triunfó; el príncipe Dorian la esperaba en el altar, el reino entero la veía como la nueva princesa de Aldoria, y por fin había dejado atrás a su hermana en el polvo. Finalmente el carruaje se detuvo frente a las puertas enormes, adornadas con guirnaldas de flores blancas y lazos dorados; los guardias reales abrieron paso con una reverencia y Rosse descendió con gracia, con el ramo de lirios en sus manos enguantadas. La multitud murmuraba con admiración, las damas envidiaban su belleza etérea soltando comentarios desagradables sobre ella. Camino por la alfombra extendida hasta los escalones, sintiendo cada paso como una corona invisible que se colocaba sobre su cabeza.
Dentro de la catedral, el aire estaba cargado de incienso y murmullos de nobles invitados, todos vestidos con seda y joyas que brillaban bajo los vitrales multicolores. El novio esperaba en el altar, alto y regio en su uniforme negro con bordados plateados, y la corona de compromiso ya lista sobre un cojín de terciopelo. Rosse avanzó por el pasillo central, el órgano tocando una marcha triunfal que resonaba en todo el lugar; mientras sus doncellas le seguían detrás sujetando la cola del vestido. El sacerdote, con su túnica blanca, sonrió benigno cuando ella llegó al altar; el príncipe tomó su mano con firmeza, y la ceremonia comenzó sin contratiempos, votos pronunciados con voz clara y anillos intercambiados bajo la bendición solemne. Cuando el sacerdote los declaró marido y mujer, el beso fue casto pero público, y la catedral estalló en aplausos ensordecedores, flores lanzadas al aire y vítores que se oían hasta la plaza exterior.
Rosse, ahora como princesa real, sonrió para la multitud reunida en el atrio, con el velo echado hacia atrás y la tierra nueva bailando en su cabeza; los invitados se acercaban a ella besando su mano y murmurando cumplidos sobre la pareja ideal. En su mente mientras posaba para los retratos oficiales con el príncipe a su lado, pensó con una satisfacción profunda y venenosa que a esa hora su querida hermana debía seguir esperando en el altar a que el príncipe apareciera, pero ella sabía que era imposible que eso pasara ya que cuando ella estuvo en su lugar el nunca llego. La imaginaba sola, con su vestido, el ramo marchito en sus manos y la humillación quemándole el rostro mientras los invitados susurraban y se burlaban de ella a sus espaldas.
“ Que lastima Alaysha “ —se dijo para sí misma con una sonrisa interna que nadie vio —” Esta vez la buena vida, el trono, el poder y el hombre que quieres son míos; tu quédate con las migajas y el desprecio de un hombre que en pocos días… quedará lisiado.
Los aplausos continuaron mientras salían en procesión hacia el banquete real, el carruaje ahora adornado con cintas y flores, y Rosse se permitió un suspiro de puro placer, sabiendo que por fin había conseguido lo que tanto había deseado.
QUE PUTERIA
QUE NOVELAZA
ESTÁ DE INFARTO
ES BRILLANTE
UNA DE LAS MEJORES QUE ESTO LEYENDO HASTA AHORA
QUE GRANDE LA ESCRITORA
QUE MENTE TAN PRIVILEGIADA
OJALÁ Y NOS DE MÁS HERMOSOS CAPÍTULOS PRONTO
MIS RESPETO A LA DAMA ESCRITORA👏👏👏😘🥰