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La Vida Es Un Regalo

La Vida Es Un Regalo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / Época / Completas
Popularitas:74.2k
Nilai: 4.9
nombre de autor: LunaDeMandala

Renace en una época diferente.. ahora es rica y hermosa por lo que su único objetivo es disfrutar la vida..

* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**

NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Documentos

Los días siguientes transcurrieron con una calma calculada… al menos por parte de Abigail.

Fue al palacio lo estrictamente necesario. Entregó algunos documentos, respondió consultas breves de los ministros y evitó cuidadosamente coincidir con el rey. Si le informaban que Su Majestad se encontraba en determinada ala, ella elegía otra. Si intuía que podía cruzarlo en un pasillo, cambiaba de horario.

No era desinterés.

Era estrategia.

En casa, dedicó largas horas a escribirle a su madre. Las cartas eran más íntimas que las dirigidas a su padre. Le contó del jardín, del té, de la oficina, pero no detalló las miradas ni los silencios cargados. Solo dejó entrever que la capital resultaba… interesante.

También recibió noticias.

Su hermana aún no daba a luz. El embarazo avanzaba lento, y su madre describía la casa llena de expectativa. Abigail sonrió al imaginarlo.

Días después llegó carta de su padre desde el sur del reino. El sello llevaba aún restos de polvo de viaje. Al leerla, sus ojos brillaron.

Él estaba orgulloso.

Orgulloso del acuerdo con el palacio real. Orgulloso de que el vino Stevens representara oficialmente a la corona. Orgulloso de ella.

Abigail dobló la carta con cuidado y la sostuvo contra el pecho unos segundos.

Todo estaba saliendo bien.

Y entonces centró su atención en lo siguiente.. el banquete.

En su habitación, junto a Mila, comenzó la verdadera preparación.

Sobre la cama se desplegaron varias opciones, pero solo una hizo que ambas guardaran silencio al verla extendida por completo.

Rojo burdeo..

Profundo.

Elegante.

El vestido tenía un corset ceñido al cuerpo, trabajado con delicada pedrería que capturaba la luz sin caer en el exceso. La falda caía con fluidez refinada, sin demasiado volumen, permitiendo movimiento y gracia. No era ostentoso.

Era poderoso.

—Es perfecto —susurró Mila.

Abigail recorrió la tela con los dedos.

—No quiero parecer desesperada.. Quiero parecer inolvidable.

El corset marcaba su figura con precisión, pero el diseño mantenía una sobriedad impecable. Nada vulgar. Nada exagerado. Solo seguridad.

Eligieron joyas discretas, un peinado que dejara parte del cuello descubierto, y un maquillaje que resaltara su mirada sin endurecerla.

Abigail se miró al espejo una vez terminada la prueba.

No era una niña esperando ser elegida.

Era una mujer que sabía exactamente lo que valía.

Y si el rey quería algo más que amistad… tendría que demostrarlo.

Mientras tanto, en el palacio, la atmósfera era distinta.

El rey estaba inquieto.

No la había visto en días.

Había recibido reportes, por supuesto. Siempre recibía reportes.

“Se encuentra bien.”

“Ha estado en su residencia.”

“Está preparando su asistencia al banquete.”

Nada fuera de lo normal.

Y, sin embargo, su ausencia se sentía.

Caminaba por el ala este sin motivo claro. Pasaba frente a la oficina que él mismo había mandado preparar, recordando el brillo en los ojos de Abigail cuando la vio.

Se preguntaba si pensaba en él.

Se decía que no tenía derecho a exigir nada.

Después de todo… eran amigos.

Esa palabra volvía una y otra vez como una ironía.

El banquete se acercaba, y con él una imagen inevitable comenzó a formarse en su mente.

Abigail entrando al gran salón.

Abigail vestida para la ocasión.

Abigail bailando.

Con otros hombres.

La idea le tensaba el pecho.

Sabía que no podía intervenir. No podía prohibirle nada. No podía reclamar un derecho que nunca había declarado.

Porque eran solo amigos.

Y eso le molestaba.

Le molestaba no haber dicho más.

Le molestaba haber elegido prudencia en lugar de claridad.

Le molestaba imaginar que otros hombres podrían tomar su mano, inclinarse hacia ella, susurrarle cumplidos.

La noche del banquete se acercaba.

Y por primera vez en mucho tiempo, el rey no estaba preocupado por la política, ni por alianzas, ni por estrategias.

Estaba preocupado por una mujer vestida de rojo burdeos que, oficialmente, solo era su amiga.

El día del banquete llegó envuelto en expectación.

La residencia Stevens estaba iluminada desde temprano. Sirvientas iban y venían, Mila supervisaba cada detalle, y Abigail permanecía sentada frente al espejo mientras daban los últimos toques a su peinado.

Cuando finalmente se puso el vestido rojo burdeos, la habitación quedó en silencio.

El corset ceñido delineaba su figura con precisión impecable, la pedrería en el pecho capturaba la luz con destellos sutiles, jamás excesivos. La falda caía con elegancia fluida, permitiendo movimiento sin perder sobriedad. Las joyas eran justas.. pendientes delicados, un brazalete fino, nada más.

El maquillaje resaltaba sus ojos, profundizando su mirada sin endurecerla. Sus labios llevaban un tono natural, apenas más intenso que su color habitual.

Abigail se observó en el espejo y sonrió.

No necesitaba más.

Cuando el carruaje se detuvo frente al palacio, la noche estaba llena de luces doradas. La escalinata brillaba bajo candelabros altos y la música del salón principal ya se filtraba hacia el exterior.

Mila bajó primero. Luego ofreció la mano a Abigail.

Al poner un pie en el suelo, varias miradas se volvieron hacia ella.

Era imposible no hacerlo.

Pero apenas cruzó el umbral, el mayordomo real se acercó con expresión seria.

—Señorita Stevens.. Ha surgido un problema con uno de los contratos. Su presencia es requerida en la oficina de inmediato.

Abigail frunció apenas el ceño.

—¿Qué tipo de problema?

—Si no se resuelve esta noche, el vino Stevens no podrá ser servido en el banquete.

La preocupación reemplazó cualquier otra emoción.

—Lléveme ahora mismo.

Mila la siguió con rapidez, el sonido de la música quedando atrás mientras se dirigían al ala administrativa.

En la oficina la esperaba el ministro de comercio, visiblemente nervioso. Sobre el escritorio descansaban varios documentos abiertos.

—Señorita Stevens.. Hubo una modificación de última hora en las cláusulas de representación y necesitamos su firma… y la de Su Majestad.

Abigail se acercó sin perder tiempo.

—Muéstreme.

Revisó los documentos con atención. Eran varias páginas, ajustes formales, pero debían quedar registrados esa misma noche para que el servicio del banquete incluyera oficialmente el vino Stevens como representante de la corona.

—Entiendo.. Firmaré.

Tomó la pluma y comenzó.

Su letra era firme y elegante, trazando su nombre con seguridad.

Minutos después, la puerta volvió a abrirse.

El rey entró.

Y se detuvo.

El ministro hizo una reverencia rápida y explicó la situación en pocas palabras. Luego, con prudencia evidente, recogió los papeles ya firmados por Abigail y dejó el resto sobre el escritorio.

—Les dejaré unos minutos —dijo, retirándose discretamente para permitir que firmaran.

Cuando la puerta se cerró, el silencio se volvió distinto.

El rey no había dicho nada.

Porque al verla de pie bajo la luz cálida de la oficina, con el vestido rojo burdeos abrazando su figura y la pedrería capturando el brillo de las lámparas… se había quedado sin palabras.

Abigail levantó la vista y notó su expresión.

Sonrió.

—Parece que firmaré más esta noche que en toda mi vida —bromeó, regresando la atención al documento.

Él se acercó al escritorio, todavía observándola.

—Nunca había visto tantos contratos para un solo banquete —respondió finalmente, aunque su voz tenía un matiz distinto.

Tomó la pluma para firmar, pero antes de hacerlo volvió a mirarla.

El vestido resaltaba cada movimiento suyo. El rojo profundo contrastaba con la sobriedad de la oficina, haciéndola parecer aún más vibrante.

—Está… —empezó, y se detuvo.

Abigail inclinó la cabeza.

—¿Sí, Majestad?

Él firmó el documento con trazo firme antes de responder.

—Muy apropiada para la ocasión.

No era la frase que había pensado.

No era lo que realmente quería decir.

Abigail lo notó.

Y sonrió con suavidad.

—Me alegra no haber firmado esto con un vestido común.

Él dejó la pluma sobre la mesa.

—No tiene nada de común esta noche.

Sus miradas se encontraron.

Por unos segundos, los documentos dejaron de importar.

Pero aún quedaban páginas por firmar.

Así que continuaron.

En silencio.

Con la tensión creciendo entre cada firma..

1
FairyTessa
por qué aparece como terminada?
Liz Camacho
siiii bodaaa
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Por Dios
Daniela
🥰🥰🥰dos meses
Lisett Esther Pernalete
Ella sin ninguna intensión lo enamoro hasta los huesos 🤭
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Ni flash fue tan rápido 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS: me hiciste el día con tu comentario 🤣🤣🤣🤣
total 1 replies
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Lo bueno es que al menos los dejo que terminaran de comer antes de soltarles semejante bomba porque de seguro alguno de los dos se ahogaba con la comida o talvez ambos
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
15 años... Es solo un número
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Directo y sin escalas 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Como cuando no sabes que decir y usas el clima cambiante para salir del paso 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Justo lo que faltaba, el papá celoso /Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Pobre hombre /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Alma Morales
Autora que paso🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔 termino🤔🤔🤔🤔🤔
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Un poquito tóxico pero aun así lo quiero
Alma Morales
Ella ya deveria saber que su palabra es y será la última decisión 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
/Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Natty Suleika Salvatierra Clavijo
Hasta yo sentí la presión 😅🤣🤣🤣🤣
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Eso me gusta de un hombre
Alma Morales
Que emoción siento 👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
😍♥️Clau de la Rose🌹♥️😍
Que tierno
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