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Bajo La Máscara De La Venganza.

Bajo La Máscara De La Venganza.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la traición y el deseo son moneda corriente, una mujer se alza entre las sombras para reclamar su lugar en el trono del poder, desatando una tormenta de venganza y seducción.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

El salón principal de la mansión de los Mendoza nunca se había sentido tan frío. A pesar de las llamas que rugían en la chimenea de mármol, un aire sepulcral envolvía a los doce hombres sentados a la larga mesa de caoba. Eran los "Capitanes de la Niebla", los líderes de las facciones que conformaban el sindicato más poderoso del continente. Durante años, habían creído tratar con intermediarios, con hombres de paja, mientras la verdadera líder, la "Sombra", permanecía en el anonimato.

Clara entró en el salón no como la heredera afligida, sino como la verdugo. Vestía un traje sastre negro azabache, el cabello recogido en una coleta tirante y los ojos ocultos tras una máscara de indiferencia glacial. A su lado, Gabriel caminaba como una extensión de su propia sombra, con la mandíbula apretada y la mano siempre cerca de su arma.

El silencio fue absoluto cuando Clara se sentó en la cabecera, la silla que una vez ocupó su padre.

—Señores —comenzó ella, su voz fluyendo como seda sobre navajas—, hoy termina la era de los secretos. Durante mucho tiempo habéis buscado el rostro de quien firma vuestros cheques y decide quién vive o muere en vuestras fronteras. Aquí me tenéis.

Un murmullo de incredulidad recorrió la mesa. Un hombre corpulento, conocido como "El Carnicero" de la zona norte, soltó una carcajada seca.

—¿Una mujer? ¿Tú eres la Sombra? Lorenzo Beltrán nos dijo que la Sombra era un consejo de ancianos. Tú solo eres la hija de Mendoza, una niña jugando a ser reina.

Clara no se inmutó. Se inclinó hacia delante, apoyando los codos en la mesa.

—Lorenzo Beltrán está ahora mismo en una celda de la Interpol, llorando como el cobarde que es. Y Viktor Volkov... bueno, Viktor está en mi sótano, experimentando una agonía que ni en vuestras peores pesadillas podríais imaginar.

Sacó un pequeño dispositivo y lo puso sobre la mesa. Un holograma proyectó una lista de nombres y transacciones bancarias.

—Sé quiénes de vosotros aceptaron el oro de Volkov para permitir que sus mercenarios cruzaran mis muelles. Sé quiénes votaron en secreto para mi eliminación. Y sé quiénes de vosotros creísteis que Julián era el eslabón débil que rompería mi cadena.

La tensión en la sala subió hasta un punto de ruptura. Dos de los capitanes intentaron levantarse, pero el clic simultáneo de doce fusiles de asalto resonando tras las cortinas los dejó petrificados. El equipo de élite de Clara, liderado por Esteban, había rodeado el perímetro.

—Esto no es una negociación —continuó Clara, su voz elevándose con una autoridad que los hizo estremecer—. Es una purga. Aquellos cuyos nombres están subrayados en rojo tienen treinta segundos para pedir perdón a Dios, si es que todavía creen en él.

—¡No puedes matarnos a todos! —gritó otro capitán, el pánico desfigurando sus facciones—. ¡El sindicato se colapsará! ¡Habrá guerra en las calles!

—El sindicato ya está muerto —respondió Clara con una calma aterradora—. Mi padre lo construyó sobre la lealtad, y vosotros lo convertisteis en un nido de ratas. Voy a quemar este nido hasta los cimientos.

Hizo una señal con la mano. Gabriel dio un paso al frente y, con una rapidez sobrehumana, disparó tres veces. Los tres capitanes que habían estado conspirando activamente con Volkov cayeron hacia atrás, sus cuerpos golpeando el suelo con un sonido sordo. La sangre comenzó a manchar la alfombra persa de valor incalculable.

Clara ni siquiera parpadeó. Miró a los supervivientes, que estaban pálidos, temblando de puro terror.

—Para los demás, tengo una oferta diferente. Julián murió hoy. Murió por proteger a su hija, una niña que Viktor Volkov asesinó de todos modos. Esa es la clase de mundo que vosotros ayudasteis a crear. A partir de este momento, vuestras rutas, vuestros activos y vuestra lealtad me pertenecen. Aquel que intente ocultar un solo centavo o una sola bala, recibirá la misma cortesía que vuestros colegas en el suelo.

Se puso de pie, su presencia llenando la habitación de una manera que hacía que el aire pareciera insuficiente.

—Salid de mi casa. Ahora. Esteban os dará las nuevas instrucciones. Y llevaos estos desperdicios con vosotros. No quiero que el olor a traición manche mi cena.

Uno a uno, los hombres más peligrosos del país salieron de la sala con la cabeza baja, como perros apaleados. La confrontación final no había sido una batalla de ejércitos, sino una demostración de voluntad pura. Clara Mendoza había reclamado su trono, pero el precio se leía en la palidez de su rostro y en el vacío de su mirada.

Cuando la sala quedó vacía, a excepción de Gabriel y los cadáveres que estaban siendo retirados, Clara se dejó caer de nuevo en la silla. Sus manos, antes firmes, comenzaron a temblar violentamente.

—¿Estás satisfecha? —preguntó Gabriel, acercándose a ella con cautela.

—Satisfecha es una palabra extraña, Gabriel —respondió ella, mirando la mancha de sangre que se extendía por la alfombra—. Siento que me he convertido en aquello que juré destruir. He matado a hombres que me vieron crecer. He sellado mi destino.

—Hiciste lo que era necesario para sobrevivir.

—¿Sobrevivir? —Clara se levantó y caminó hacia la ventana, observando la lluvia que comenzaba a azotar los cristales—. Julián está muerto. Mi padre me mintió desde la tumba. Y tú... tú eres un producto de su laboratorio de lealtad. ¿Qué queda de Clara Mendoza en medio de todo este poder?

Gabriel se situó detrás de ella, pero no la tocó.

—Queda la mujer que tiene el valor de destruir el imperio si eso significa encontrar la paz. Dijiste que querías liquidar todo. ¿Sigue siendo ese el plan?

Clara se giró para mirarlo. El dolor en sus ojos era tan profundo que Gabriel sintió que se ahogaba en él.

—No lo sé, Gabriel. No lo sé. Solo sé que esta noche, el peso de esta corona me está aplastando el alma.

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Mar Sol
Clara está confiada en que está vez va a resultar su plan, ella es astuta, espera no haya errores.
Equipo Motorola
excelente felicitaciones escritora, muy diferente a todo lo recurrente, solo me quedo la duda de Julian, osea, no murió jajaja
Mar Sol
Al igual que Julián, hay otra persona que no sabe de lealtad, la ambición es tan fuerte que no le importó vender información a los enemigos de Clara.
Mar Sol
¡¡Que interesante!! ¡¡esto apenas va a empezar!!
Mónica Aulet
Que fuerte!!
Mónica Aulet
Y que se queme todo!!!!
Mónica Aulet
Impresionante ,la verdad que me tiene atrapada la historia.
Irma Ruelas
❤️😍😍😍😍😍😍
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