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Me Engañaste… Ahora Me Casaré con el Esposo de Tu Hermana

Me Engañaste… Ahora Me Casaré con el Esposo de Tu Hermana

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Posesivo / Maltrato Emocional / Dominación / Juego de roles / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:1M
Nilai: 4.5
nombre de autor: Erchapram

Ximena Elara Mendoza… aunque, desde hace un año, dejó atrás su apellido. La mujer alta, de cintura esbelta y actualmente con cinco meses de embarazo, eligió ocultar su verdadera identidad demi casar-se con el hombre que ama.

Leonardo Fuentes, un hombre de origen humilde, había sido su senior en la universidad.

—Leonardo, ¿cuándo piensas casarte con mi amiga? Dijiste que ella también está embarazada —dijo su hermana, haciendo que los ojos de Leonardo se abrieran de par en par.

—¡Shhh! No hables de eso aquí.

—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que tu esposa se entere? Sería mejor, así ya no tendrían que esconder más su relación. No quiero que juegues con los sentimientos de Dulce Marquez. Sabes bien que ella es una mujer respetable, de una familia influyente. No permitas que la gente descubra que está embarazada fuera del matrimonio.

Lo que ninguno de ellos sabía… es que alguien estaba escuchando toda la conversación.

“Muy bien… seguiré su jueguito. Vamos a ver quién gana al final.”

NovelToon tiene autorización de Erchapram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mulai Curiga

Capítulo 1: Primeras sospechas

—Gilang, ¿por qué últimamente llegas tan tarde a casa? —preguntó una mujer hermosa, con el vientre abultado pero de aspecto innegablemente sensual.

—Perdóname, cariño, he tenido mucho trabajo. Hay muchas reuniones con nuevos inversionistas que quieren establecer alianzas —respondió el hombre mientras se aflojaba la corbata y comenzaba a desabotonarse la camisa, antes de irse a bañar.

Anyelir Almera Galenka, aunque hacía ya un año que había dejado de usar su apellido. Aquella mujer alta y de cintura esbelta, que ahora cursaba su quinto mes de embarazo, había aceptado ocultar su identidad con tal de casarse con el hombre que amaba.

*Gilang Pradipa* era un hombre de origen humilde, su compañero de generaciones anteriores en la misma universidad.

Gilang ocupaba ahora el cargo de *CEO* en la empresa de su esposa. Desde el inicio del embarazo, Anye sufría de náuseas y vómitos severos que la habían debilitado al punto de impedirle seguir trabajando. Gilang, que antes de casarse con Anye no era más que un empleado común, fue designado para asumir la dirección de la empresa que ella misma había levantado.

Gilang salió del baño con una bata de baño puesta; el aroma fresco del jabón que desprendía y las gotas de agua que le caían del cabello le daban un aspecto irresistible. Desde que quedó embarazada, hacía ya *cinco meses* que Gilang no la tocaba. Su excusa era el temor de lastimar al bebé que crecía en el vientre de su esposa. Y esa noche, Anye deseaba con todas sus fuerzas que Gilang la tocara.

—Cariño... Hace mucho que no me tocas. ¿Ya no me extrañas? ¿Ya no me amas? —Si normalmente Anye callaba sin pedir caricias ni protestar ante la indiferencia de Gilang, esa noche fue distinto: por alguna razón, fue ella quien tomó la iniciativa, casi como si mendigara.

La mano de Anye se extendió para abrir la bata que cubría el cuerpo de su esposo.

—Estoy agotado, Nye. Déjame dormir, ¿sí? —dijo Gilang, bloqueando las manos de Anye que se volvían cada vez más atrevidas. No quería que lo que ocultaba a propósito quedara al descubierto cuando su plan aún no estaba *al cien por ciento* consumado.

El corazón de Anye dio un vuelco.

"¿Nye...? Sin llamarme cariño... ¿Y mi esposo rechaza mis deseos? ¿Será porque ahora estoy embarazada?", se preguntó en silencio.

Pero Anye no sería Anye si se rindiera tan fácilmente ante un rechazo. Con toda la intención, se quitó la ropa. Luego, gateando, se montó sobre el cuerpo de Gilang y se colocó justo encima de su virilidad. Lo acarició despacio hasta que se endureció y entonces lo introdujo con su propia mano.

Lo sintió deslizarse dentro de ella de golpe.

Gilang se sobresaltó ante la actitud tan inusual de su esposa.

Quiso protestar, pero los movimientos salvajes de Anye sobre él le arrancaron un gemido involuntario.

—Ahhh... Cariño... Ohhh... Qué rico... —Era una locura, una verdadera locura; el cuerpo de Anye resultaba extraordinario.

—¿Qué dices ahora, cariño? ¿Todavía me rechazas? —preguntó Anye sin dejar de moverse.

—¿Cómo es posible que sigas tan estrecha estando embarazada? —preguntó Gilang.

—Porque lo cuido solo para ti. Además, durante todo el embarazo no me has tocado ni una vez. ¿Ya sientes lo bien que se siente lo que es tuyo, mi amor? —dijo Anye entre sus propios gemidos.

Perdido en el placer, Gilang no se dio cuenta de que Anye ya le había desatado el nudo de la bata, dejándole el pecho al descubierto.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Los ojos de Anye casi se le salieron de las órbitas al ver la cantidad de chupetones que cubrían su pecho.

Ella no le había dejado ninguna marca; lo había penetrado sin más preámbulos. Entonces, ¿quién se las había hecho? El deseo que momentos antes la consumía se desplomó de golpe y murió por completo. Anye se puso de pie, separándose de su miembro que aún seguía erecto. Luego, sujetándose el vientre, dejó a Gilang sin haber llegado al clímax y se encerró en el baño.

—¡Nye...! ¡Cariño...! ¿Por qué me dejas así? Esto no se queda a medias. Ni siquiera terminé, no me hagas esto —gritó Gilang, pero Anye lo ignoró. Se escuchó correr el agua y Gilang supuso que a su esposa le habría dado un dolor de estómago.

A regañadientes, Gilang se las arregló solo sobre la cama durante un buen rato.

"Maldita Anye, le dije que no y se empeñó. Ahora le duele, que se aguante."

—¡Ahhh...! —Gilang soltó un grito al alcanzar por fin la liberación, justo en el momento en que Anye salía del baño con el rostro hinchado de tanto llorar.

—¿Por qué te fuiste así de repente? Por tu culpa tuve que arreglármelas solo —le reclamó Gilang con una mirada dura. Una mirada que Anye jamás había recibido de él antes de esa noche.

—Perdón, de pronto me dieron calambres en el vientre. Voy a dormir ya, ¿sí?

—Por eso, si ya sabes que estás embarazada, no hagas tonterías. No te rechacé porque ya no te ame, sino porque me preocupa tu embarazo. Pero tú vas y te comportas como una cualquiera —las palabras de Gilang fueron tan afiladas que Anye solo pudo esbozar una sonrisa amarga.

—Perdóname, de ahora en adelante no volveré a pedírtelo. No quiero que me llamen CUALQUIERA.

—Eh... No, cariño, no quise decir eso, se me salió sin pensar —Gilang se puso nervioso al darse cuenta de su error. Sería un desastre si Anye se enfurecía cuando su misión aún no estaba cumplida.

—No te preocupes. Ahora descansa, debes estar agotado después de trabajar todo el día —dijo Anye, acostándose de espaldas a Gilang y cubriéndose con la sábana.

"Voy a averiguarlo, Gilang."

A la mañana siguiente, como de costumbre, Anye ya estaba en pie y ocupada cocinando. Aquella casa enorme, que parecía un palacio, le pertenecía a ella, pero no le pedía a la servidumbre que preparara la comida para la familia. Anye creía que esa devoción haría que Gilang la amara más, al igual que toda la familia de él que vivía con ellos desde hacía un año. Anye se sentía feliz de tener una familia.

Como Anye era huérfana, todo lo que había logrado era fruto de su propio esfuerzo. Casarse con Gilang le dio la sensación de tener por fin una familia completa. Esposo, suegra, hermanos políticos... todo eso lo obtuvo al casarse.

Sobre la mesa del desayuno se desplegaba un sinfín de platillos, porque no todos se conformaban con pan y leche por las mañanas.

Tap, tap, tap.

Se oyeron pasos acercándose al comedor.

—Anye, ¿ya está listo? —preguntó su suegra, Ambar Sari.

—Sí, Mamá, siéntese por favor —respondió Anye con su sonrisa amable de siempre.

Enseguida apareció Ginata Evorya, la hermana mayor de Gilang, que llevaba cinco años casada con Arrayan Ezra sin haber tenido hijos.

Arrayan no era más que un mecánico en un taller de autos. No habían logrado comprar casa a pesar de llevar tanto tiempo de matrimonio, porque Gina exigía una mansión en una zona residencial exclusiva. Hasta la fecha, Arrayan no podía cumplir las exigencias de su esposa. Y como Gilang se había casado con una mujer adinerada, la pareja vivía de arrimada.

Se oyeron dos pares de pasos más: eran Gilang, el esposo de Anye, y Gavin Sayudha, el hermano menor.

—Todos siéntense a comer. Anye, tú comes al último. Como eres la única desocupada aquí, puedes cocinar otra vez después para llenar esa panza tuya —dijo Mamá Ambar, con ese tono que ya se había vuelto costumbre cada mañana.

—Oye, cariño, hoy tengo cita para el control prenatal. ¿Podrías llevarme? —le preguntó Anye a su esposo, con la esperanza de que la acompañara. Al fin y al cabo, cinco meses significaban *cinco citas* con el médico, y Gilang nunca había querido ir con ella a ninguna.

—Ve sola, no molestes a Gilang. Él es el CEO de la empresa, seguro tiene mil cosas que hacer. No seas caprichosa.

Las palabras de Mamá Ambar hicieron que algo hiciera clic en la mente de Anye: había algo que no cuadraba con la familia de su esposo. Porque la empresa era suya, y Gilang solo la reemplazaba temporalmente; no era el dueño.

—Esa empresa es mía, Mamá. ¿Se le olvidó? Estoy sin trabajar porque estoy embarazada —dijo Anye.

Al darse cuenta de que había hablado de más, Mamá Ambar se apresuró a corregirse.

—No es lo que piensas. Mamá quiso decir que, como Gilang te está reemplazando, también tiene que encargarse de todo el trabajo que te correspondía a ti —dijo Mamá Ambar, buscando una excusa.

—Entiendo, Mamá. Sé que ustedes no traicionarían mi confianza. Buen provecho, voy a lavar la ropa —dijo Anye, y se retiró dejando a la familia en un silencio tenso.

—Yo también me voy a trabajar —dijo Arrayan, empujando su silla hacia atrás antes de alejarse de la mesa.

—Trabaja todos los días, sale temprano, llega de noche, y nunca trae un peso —se quejó Gina.

—¡Arrayan! ¿Escuchaste lo que dijo tu esposa? ¿Por qué te vas así sin más? —gritó Mamá Ambar con fastidio.

—Ya, Mamá, deje de refunfuñar. ¿Dónde está mi dinero para la semana? —pidió Gavin.

—Pídeselo a Anye, Mamá ya no tiene dinero —dijo Mamá Ambar, a quien nada le molestaba más que sus hijos le pidieran plata.

—Pero la mensualidad que me da Anye la maneja toda usted. ¿Dónde está, Mamá? No se vuelva tacaña. Le voy a decir a Anye —dijo el menor de la familia, que cursaba el último año de preparatoria.

—Ya, basta, no peleen. Toma, para tus gastos —dijo Gilang.

—Gracias. Bueno, me voy a la escuela —se despidió Gavin.

Después de eso, solo quedaron tres personas en la mesa.

—Gilang, ¿cuándo vas a casarte con mi amiga? Dice que ella también está embarazada —soltó Gina, haciendo que Gilang abriera los ojos como platos.

—¡Shh...! Aquí no.

—¿Le tienes miedo a tu esposa? ¿No sería mejor que se enterara? Así ya no tendrían que seguir escondiéndose para tapar su relación. No voy a permitir que juegues con los sentimientos de Zemira Adele. Es una mujer respetable, de una familia distinguida. No puede saberse que está embarazada sin estar casada.

—¿Y qué quieres que haga, hermana? Anye también está embarazada, y ya la he dejado sola demasiado últimamente. Todo mi tiempo se me va acompañando a Zemi en su embarazo, que apenas lleva *dos meses* —dijo Gilang con frustración.

—Me da igual, tienes que casarte con Zemi lo antes posible, Gilang. Así tu posición se fortalece: la empresa de la familia de Zemi puede respaldarte.

—Estoy de acuerdo —intervino Mamá Ambar—. Zemi es más bonita y tiene más clase que tu esposa. Mírala, aun estando embarazada siempre se ve elegante. ¿No te enorgullece tener una secretaria personal como ella?

—Y aunque esté embarazada, Zemi no es quejumbrosa. Sigue trabajando bien en la empresa. No como Anye, que se la pasa enferma.

—Está bien. Mamá, Gina, encárguense de organizar todo para la boda. Dentro de un mes será el momento indicado. Ahora no, porque todavía no logro cambiar la titularidad de la empresa ni las escrituras de esta casa. Tengan paciencia, y sobre todo tú, Mamá: no cometas más imprudencias que delaten nuestros planes —dijo Gilang, clavando una mirada amenazante en su madre y su hermana.

Lo que ninguno de ellos advirtió fue que alguien había escuchado toda la conversación. Anye captó por casualidad los cuchicheos que despertaron sus sospechas. Había vuelto a la cocina por un trapo para lavar, y lo que encontró en cambio fue una conversación que le destrozó el corazón.

"Muy bien. Voy a seguirles el juego. Ya veremos quién gana."

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Yuris González de Peinado
esos merecen una buena lección 🤣
Elizabeth Vivas
que fastidio con el......pero ella ya me parece demasiado insensible tanto amor y no espera nada para maletearlo
Alejandra Revelante
autora me cambiaste los nombres ya me hice un kilombo, otra cuanto tiempo más van a estar así de tontos los hrnos de esconderse , perder más el tiempo
Carmen
Aquí hay un Revolú, el diálogo, en los personajes, una pila de horrores ortográfico,
no no vi el amor de pareja Xime quiero un esclavo por Dios
Liliana Maria Pico
disculpe autora, pero la novela parece un jeroglífico
Maria Esperanza Roa Rojas
Ami no me gusta la actitud de Ximena se esta volviendo muy caprichosa ademas ella debe aconsejar al marido y no estar atacandolo yamenazandolo con el divorcio entonces donde esta el amor que dice tenerle ya se pasa
Evangelina Murillo
bonita historia no me gustó el final y el prólogo?
Leticia Baeza Vazquez
pero enserio de dónde salió tanta estupidez para escribir
Leticia Baeza Vazquez
no mames escritora pones al protagonista como un pendejo manipulable y sin carácter osea asco y al hermano de la idiota lo contrario y ella estúpida pendeja inmadura solo sabe quejarse de dónde diablos eres para escribir esa estupidez y más con religión osea q asco de verdad
Militza Santana
yo tampoco, me perdí
Luisa Maria Prada
Buena trama la de esta novela. Te aconsejo releer antes de publicar ya que tú confundes a los protagonistas o sea que te copiaste de otra novela y la uniste a la tuya, se más responsable al publicar. Espero que las próximas sean mejores editadas. Suerte y Bendiciones
Leticia Baeza Vazquez
con todo respeto escritora escribes Alos personajes estúpidos e inútiles viendo la situación osea asco mira bien lo q escribes que tío en su sano juicio no ba a proteger así sobrino viendo los problemas q están ala vista y lo pones como un idiota inútil incapaz de proteger y dejarce intimidar
Leticia Baeza Vazquez
x q diablos les cambia los nombres osea
Geni Arana Díaz
En síntesis la historia es buena, solo que al ser una traducción hay demasiadas inconsistencias, de repente todos las personas que rodean a los protagonistas se llaman Xime e Ignacio entonces tienes que usar mucho la imaginación para entender que habla de terceras personas que NO SE LLAMAN ASI.
Geográficamente hablando empieza supuestamente en México pagando con Rupias????, después dicen que están en indonesia, luego escapan a Dinamarca y resulta que es Suecia, y así entre otros tiene muchísimos errores que dificultan el poder disfrutar de una buena historia que si no fuera por eso la calificaría con 5 estrellas
Nancy De Castro
/Smile//Smile//Smile/
Maria Ochoa Barajas
Que novela tan más rebuscada y que mente tan retorcida tiene la autora de la novela 😡😡
Ivania Flores
gue bueno gue xime no tono represalia con Adrian y lo acogió cono su familia buena obra3
Dalia Brito
Primera vez que la protagonista, pico adelante DEL marido traidor bien, Lo que no me gustó es lo del esposo casado con la prosti casera 😂😂😂😂, una familia muy pu-tañera luguriosos hasta la vieja por dios, porque poner un cooprotagonista con esa historia tan dramatica
Nora Reyes
se hace difícil leer,cada capítulo tiene un nombre distinto no se entiende quien es quien.
Luna
tarántula, vampiros y animal rastrero son la familia de Leonardo menos mal que saldrás libre de ellos 😎😎😎
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