Luego de morir, reencarna en el cuerpo de la villana de un juego. Decidida a no morir, se va de vacaciones con su fortuna. Pero su paz es interrumpida con la llegada de un huevo de dragón.
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Capitulo 17
Malakor nunca traicionó a Seras, ni dijo quienes eran sus aliados con precisión. Eso llevó a que el mismo emperador lo ejecutará.
Después de lo sucedido con el ministro. Gariel no tuvo más remedio que cambiar la mayoría de su consejeros.
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El palacio imperial de piedra negra no solía recibir visitas del reino humano.
Mucho menos en mitad de una tensión fronteriza tan evidente.
Por eso, cuando la delegación diplomática cruzó el gran arco de la entrada, porque así el emperador lo permitió, la corte entera murmuró. Los nobles dragón observaban desde las galerías superiores con desconfianza. Los guardias mantenían las manos cerca de sus armas.
El rey viudo de los humanos había enviado un grupo de emisarios.
El motivo oficial era simple. Facilitar las negociaciones de paz. Evitar un conflicto que nadie, supuestamente, quería iniciar.
A la cabeza del grupo caminaba una mujer de elegancia innegable.
Vestía ropajes de seda azul oscuro, típicos de la alta sociedad del sur. Su cabello castaño estaba recogido en un peinado impecable. Su rostro transmitía una calma absoluta. Se presentó ante los ministros como Lady Elene, la enviada especial de la corona humana.
Nadie sospechaba nada.
Los dragones, que confiaban ciegamente en su olfato para identificar a los intrusos, no percibieron ninguna amenaza en ella.
Oculto bajo sus ropas, un pequeño broche de plata con una gema opaca brillaba débilmente. Era un artefacto antiguo. Un objeto diseñado para ocultar por completo el olor natural de una persona y reemplazarlo por una fragancia genérica de lavanda y rosas.
Seras había regresado a su antiguo hogar.
Caminaba por los pasillos que alguna vez recorrió como futura emperatriz, pero ahora lo hacía con un nombre falso.
...
El jardín imperial era enorme.
Lleno de plantas exóticas que solo crecían gracias al calor residual de la tierra de los dragones.
Vivienne estaba sentada en un banco de piedra bajo la sombra de un gran árbol de hojas doradas. Como siempre, prefería la tranquilidad del exterior antes que las aburridas reuniones del palacio.
A su lado, en un pequeño moisés de mimbre, el pequeño Ren pataleaba con entusiasmo.
El bebé dragón sostenía un pequeño muñeco de felpa, intentando morderlo con sus incipientes colmillos.
Vivienne suspiró, apoyando la espalda contra el respaldo de piedra.
—Si sigues mordiendo eso, tendré que pedirle a Gariel que te compre juguetes de metal —murmuró ella, perezosa—. Y dudo que tengan un buen sabor.
El bebé soltó una risita, ignorando por completo la advertencia.
El sonido de unos pasos suaves sobre la grava interrumpió el silencio del jardín.
Vivienne no se movió. Solo ladeó un poco la cabeza para observar a la mujer que se acercaba. Reconoció de inmediato el vestido azul de la delegada humana que los sirvientes habían estado comentando durante toda la mañana.
Lady Elene se detuvo a una distancia prudencial. Hizo una reverencia perfecta.
—Es un hermoso día para pasear, ¿no cree? —dijo la mujer, con una voz suave, melodiosa y sumamente educada.
Vivienne la observó unos segundos.
—Depende de a quién le preguntes —respondió, con su habitual desparpajo—. A mí me parece que hace demasiado calor.
La diplomática soltó una pequeña risa, un sonido que pretendía ser cálido y amigable.
—Es cierto. El clima de este palacio puede ser un poco abrumador para nosotras, las humanas. Me llamo Elene. He venido con la delegación del sur.
—Vivienne.
—Es un placer, Lady Vivienne. He escuchado mucho sobre usted en el palacio. Dicen que es la protectora del pequeño heredero.
La mujer dirigió su mirada hacia el moisés. Sus ojos brillaron con una intensidad que intentó ocultar rápidamente tras una pestaña parpadeante.
El pequeño Ren, al notar la presencia de la extraña, dejó caer su muñeco de felpa fuera del moisés. El juguete rodó por el suelo, quedando cerca de los pies de la recién llegada.
Antes de que Vivienne pudiera moverse, la mujer se inclinó con elegancia.
Recogió el muñeco. Con un pañuelo de seda, sacudió la tierra con sumo cuidado.
—Aquí tienes, pequeño príncipe —dijo, ofreciéndole el juguete al bebé con una sonrisa tierna.
Ren la miró con curiosidad. Estiró sus manitas y tomó el muñeco, volviendo a sonreír.
La mujer se volvió hacia Vivienne, con una expresión de profunda comprensión.
—Debe ser una tarea muy pesada —comentó, sentándose en el extremo opuesto del banco con delicadeza—. Cuidar a un niño de sangre dragón no es fácil. Su energía, sus cambios de temperatura... requiere mucha paciencia. Si alguna vez necesita ayuda con las tareas sencillas, o simplemente un momento para descansar, me encantaría ofrecerle mi apoyo. Las mujeres humanas debemos ayudarnos en un lugar como este.
La mujer hablaba con una empatía perfecta.
Cualquier persona en el palacio habría pensado que era una aliada comprensiva. Una compatriota que entendía la soledad de vivir entre criaturas de fuego y escamas.
Pero Vivienne no era cualquier persona.
Desde el momento en que la mujer se había acercado, Vivienne había mantenido su magia activa. No por miedo, sino por costumbre. Su energía oscura, siempre alerta, fluctuaba en el aire como hilos invisibles.
Y lo que esos hilos detectaron no fue calidez.
Bajo la fragancia a rosas del broche de plata, había una disonancia mágica extraña. Un vacío artificial que intentaba cubrir algo mucho más denso.
Pero lo que realmente llamó la atención de Vivienne fue la corriente de aire que rodeaba a la diplomática.
A diferencia de los dragones que son más rústico en sentir la magia. Vivienne era perfecta para estos engaños.
Vivi detecto una concentración absoluta de energía dirigida exclusivamente hacia el bebé que dormía en el moisés.
La mujer no miraba a Ren con ternura.
Lo miraba como un cazador observa a su presa más valiosa.
Con codicia.
Con un deseo de posesión que resultaba casi asfixiante para cualquiera que pudiera percibir las corrientes mágicas del ambiente.
Vivienne sintió un ligero escalofrío, pero su rostro no mostró la menor alteración. Al contrario. Una pequeña sonrisa, casi imperceptible, se dibujó en las comisuras de sus labios.
La sospecha se convirtió en certeza en un segundo.
"Vaya... —pensó para sí misma—. Así que esta es la famosa Seras "
No necesitaba ver su verdadero rostro. La forma en que miraba al bebé, la vibración de su energía contenida y la audacia de presentarse en el palacio con una identidad falsa lo decían todo.
Su objetivo era el niño. Lo presentía con total claridad.
La mujer pensaba que Vivienne era solo una humana floja. Una cuidadora perezosa que no prestaba atención a su entorno y que se dejaría engañar por unas palabras amables y una sonrisa ensayada.
Seras había cometido el mismo error que el ministro Malakor. Subestimarla.
Vivienne se estiró perezosamente, bostezando a medias mientras se ponía de pie.
—Es muy amable de su parte, Lady Elene —dijo, acomodándose los pliegues de su vestido con total naturalidad—. De hecho, me vendría muy bien un poco de ayuda justo ahora.
La mujer abrió un poco los ojos, complacida por la rápida respuesta.
—Por supuesto. ¿Qué necesita que haga?
Vivienne tomó el moisés de Ren con una mano, sosteniéndolo con una facilidad que demostraba que no era tan frágil como aparentaba.
—Iba a buscar al emperador —explicó Vivienne, mirando a la diplomática con una sonrisa llena de picardía—. Gariel me pidió que le llevara al niño a esta hora, y la verdad es que odio caminar sola por estos pasillos tan largos. Son muy aburridos.
La mujer dudó por una fracción de segundo.
Ir directamente hacia Gariel no estaba en sus planes inmediatos. Su objetivo era robarse al niño. Encontrarse con el emperador tan pronto representaba un riesgo debido al broche que ocultaba su olor.
Pero rechazar la invitación de la protectora del niño sería sospechoso. Además, estar cerca de Gariel y del bebé al mismo tiempo era una oportunidad que no podía dejar pasar. Confiaba plenamente en el artefacto de su pecho.
—Será un honor acompañarla, Lady Vivienne —respondió la mujer, poniéndose de pie con una elegancia impecable—. Me encantaría presentar mis respetos al emperador en un ambiente más privado.
—Perfecto —Vivienne sonrió de lado—. Camine conmigo, Lady Elene. Quiero mostrarle algo muy interesante al emperador, y estoy segura de que a usted también le gustará verlo.
Las dos mujeres comenzaron a caminar por los senderos de piedra hacia la entrada principal del ala imperial.
Vivienne avanzaba con paso relajado, tarareando una melodía suave mientras sostenía el moisés. A su lado, la falsa diplomática mantenía su postura perfecta, convencida de que su plan estaba funcionando a la perfección y de que tenía el control absoluto de la situación.
No sabía que cada paso que daba la acercaba más a una trampa diseñada por la única persona en el palacio que no seguía las reglas de la corte.
Vivienne miró de reojo a la mujer.
La diversión apenas estaba comenzando. Y ella no pensaba perderse el espectáculo por nada del mundo.
felicidades y disfruta del don que tenes, imaginar y escribir con esas palabras es grandioso, solo 3 escritoras me pude. haver vivir todo con su escritura, y una de ella sos vos, disfruta de esto y gracias por compartirlo 🥰
Gracias por compartir tan maravillosa historia💕