Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 3 — Las cicatrices que nos unen
Hay heridas que no se ven.
No todas las cicatrices están marcadas en la piel. Algunas permanecen escondidas en los recuerdos, en las palabras que nunca dijimos y en los momentos que preferimos olvidar.
Yuki comenzó a entenderlo desde el momento en que conoció a aquellas personas.
Al principio pensó que eran simplemente desconocidos que habían aparecido en su camino. Personas con diferentes personalidades, diferentes formas de pensar y diferentes historias.
Pero con el paso del tiempo empezó a notar algo.
Todos tenían algo en común.
Todos cargaban con algo que no mostraban.
La tarde avanzaba lentamente mientras Yuki permanecía junto al grupo. Escuchaba sus conversaciones, sus bromas y la manera en que intentaban hacer que todo pareciera normal.
Pero había pequeños detalles que llamaban su atención.
La forma en que Shuto se quedaba en silencio cuando alguien mencionaba el pasado.
La manera en que Asher cambiaba de tema cuando una conversación se volvía demasiado personal.
La sonrisa de Zamir, que a veces parecía esconder cansancio.
La mirada de Xoam, como si estuviera recordando algo que ya no podía recuperar.
Thiago y Amets también tenían esa misma expresión.
Una mezcla entre fortaleza y tristeza.
Yuki conocía esa sensación.
Porque él también la había sentido.
Durante años había aprendido a sonreír aunque por dentro estuviera luchando contra sus propios pensamientos. Había aprendido a decir "estoy bien" incluso cuando esa era la mentira más repetida de su vida.
Quizás por eso podía reconocerlo en los demás.
—Todos ustedes parecen tener una historia complicada —dijo Yuki sin darse cuenta.
El grupo quedó en silencio por unos segundos.
No era una pregunta.
Era una observación.
Kento miró a Yuki con tranquilidad.
—Todos tienen una historia complicada —respondió—. La diferencia está en que algunas personas deciden esconderla mejor que otras.
Aquellas palabras quedaron en el aire.
Yuki bajó la mirada.
Sabía que Kento tenía razón.
Nadie caminaba por la vida sin haber perdido algo.
Nadie llegaba hasta donde estaba sin enfrentar momentos difíciles.
—¿Y tú? —preguntó Shuto—. ¿También tienes una historia que estás escondiendo?
La pregunta tomó a Yuki por sorpresa.
Durante unos segundos no supo qué responder.
Porque la respuesta era demasiado grande.
Demasiado dolorosa.
Finalmente sonrió ligeramente.
—Supongo que sí.
Nadie insistió.
Y eso fue lo que más sorprendió a Yuki.
Por primera vez, no sintió que tenía que explicar sus heridas para que alguien entendiera su silencio.
Aquellas personas simplemente lo aceptaron.
Tal vez porque ellos también sabían lo que era cargar con cosas que no podían decir.
Kento observó al grupo desde la distancia.
Había algo diferente en ese momento.
Personas que antes caminaban solas ahora estaban empezando a compartir el mismo camino.
No porque fueran iguales.
Sino porque entendían el dolor del otro.
El pasado podía haberlos lastimado.
Podía haber dejado marcas difíciles de borrar.
Pero quizás esas mismas cicatrices eran las que les permitían comprenderse.
Yuki todavía no sabía cuánto cambiarían esas personas su vida.
No sabía que algunos de ellos se convertirían en recuerdos importantes.
No sabía que también enfrentarían momentos donde sus heridas volverían a abrirse.
Pero por ahora, por primera vez en mucho tiempo, sintió algo que había olvidado.
La sensación de pertenecer a algún lugar.
Porque a veces las personas que llegan después de los peores momentos no vienen a borrar nuestras cicatrices.
Vienen a recordarnos que no tenemos que cargarlas solos.
Y quizás ese era el verdadero significado de encontrar un nuevo comienzo.
No empezar desde cero.
Sino empezar acompañado.