Laura Una arquitecta brillante intentando llevar una vida normal, en medio de todo su caos, llegará para cambiarle la vida a él.
—Ojalá el amor se pesara, porque siento que hoy acabo de subir una tonelada
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capitulo 14
Laura se fue sin mirar atrás, llegó a casa de sus padres adoptivos y esa primera semana fue lo que ella llamó su retiro espiritual de carbohidratos y despecho. Mientras el mundo exterior seguía girando, ella se había atrincherado en su antigua habitación, la misma que aún conservaba posters de bandas de rock y un olor nostálgico a talco y sueños de adolescente. Su madre, una mujer que creía que el caldo de pollo curaba desde un resfriado hasta una traición corporativa, no dejaba de entrar con bandejas de comida.
—Laura, hija, tienes que comer. Los gemelos no pueden alimentarse solo de indignación y de ver maratones de series turcas
le dijo su madre, dejando un plato de comida calientes sobre la mesita de noche.
—No es indignación, mamá, es estrategia de supervivencia
respondió Laura, metiéndose un trozo de queso en la boca mientras miraba de reojo su teléfono, que vibraba por centésima vez en la mañana.
—Mira, otro ramo de flores de Marco. Si sigue así, vamos a poder abrir una floristería en el garaje.
Marco Alarcón estaba desesperado. Había pasado de ser el CEO más temido del país a ser el cliente favorito de todas las mensajerías de la ciudad. Pero Laura se mantenía firme. Cada ramo terminaba en el asilo de ancianos de la esquina y cada mensaje de texto era borrado sin ser leído, aunque por dentro, el corazón de Laura daba un vuelco cada vez que veía aparecer el nombre Marco en la pantalla.
Sin embargo, el drama no venía solo de Marco. Carla Azuaje, con esa elegancia afilada que solo el dinero y un desprecio olímpico por las calorías pueden comprar, no iba a dejar que su presa se escapara tan fácilmente. A media mañana, mientras Laura intentaba concentrarse en los planos del viñedo para no pensar en el color de los ojos de Marco, recibió un correo electrónico de una dirección privada.
Era Carla.
Querida Laura, comenzaba el texto con una condescendiencia que se sentía como un arañazo. He visto las noticias. Me apena que una chica tan... peculiar como tú haya malinterpretado una cena de negocios entre iguales. Marco y yo compartimos un mundo de etiquetas, protocolos y, sobre todo, una estética que tú, claramente, desconoces. No te culpo por soñar, todas las cenicientas modernas creen que un zapato de cristal les quedará bien, pero olvidan que el cristal no cede ante... presiones excesivas. Déjale el mundo de Marco a quienes sabemos caminar en él sin romper el suelo. Quédate con tu viñedo, si es que puedes gestionarlo, y deja que Marco vuelva a la elegancia que se merece.
Laura apretó la tableta digital hasta que sus nudillos se pusieron blancos. El humor negro que siempre la rescataba emergió de las cenizas de su tristeza.
—Presiones excesivas, ¿eh?
murmuró Laura, con una sonrisa que habría hecho temblar a Montes.
—Esta barbie logística cree que puede sacarme de la jugada con un comentario sobre mi peso. Pobre ilusa.
Se levantó de la cama, se puso sus leggings más cómodos y una camiseta que decía Not Today, y decidió que ya bastaba de llorar. Si Carla Azuaje quería guerra estética, Laura le daría una lección de arquitectura humana.