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Horizonte Sagrado

Horizonte Sagrado

Status: En proceso
Genre:Aventura / Héroes / Mitos y leyendas
Popularitas:165
Nilai: 5
nombre de autor: Proa94

el viaje de un sangre bastarda para convertirse en un héroe.

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el reino enano

Dejando atrás las colinas verdes, tras una semana de marcha ascendente, alcanzamos finalmente las legendarias cordilleras del norte. Frente a nosotros se alzaba la majestuosa capital de Scutdepiatră, la fortaleza subterránea de los enanos.

A diferencia de las construcciones de madera humana o la arquitectura orgánica de los elfos, la ciudad estaba cincelada directamente en las entrañas de la montaña. Sus avenidas principales vestían un mármol blanco pulido de forma impecable, resplandeciente bajo la luz de enormes faroles de aceite de roca. No en vano los enanos ostentaban la fama de ser los mejores arquitectos y forjadores de todo el continente.

Sin embargo, la belleza de la piedra contrastaba bruscamente con la frialdad de sus habitantes. Al cruzar las pesadas puertas dobles de la sede central del Gremio de Aventureros, la tensión en el aire se volvió tan densa que podía cortarse con un cuchillo. Un grupo de mineros y guerreros enanos, de barbas tupidas y hachas al cinto, interrumpió su bebida para clavarnos la mirada.

Uno de ellos, de hombros anchos y mirada ruda, se adelantó cerrándonos el paso.

—Oye, humano... Más te vale que no vengas a este reino con intenciones de quedarte o de robarte a nuestras mujeres.

—Eh... no. No se preocupen por eso —respondí con absoluta frialdad, ajustando la funda de mi espada—. Además, ya estoy comprometido.

—¡Grrr! —gruñó Ania a mi lado, mostrando levemente los colmillos y pegándose a mi brazo en una clara señal de posesión.

Armia, por su parte, soltó un suspiro de fastidio y acomodó su báculo.

—Sus inseguridades raciales son verdaderamente patéticas, enanos.

El líder del grupo enano volvió la cabeza bruscamente hacia ella, arrugando la cara con desprecio.

—Vaya, pero ¿qué tenemos aquí? Una maldita elfa. ¿Qué pasó, mujer? ¿Te cansaste de los afeminados de tus bosques sagrados y viniste a buscar hombres de verdad a estas tierras?

Armia arqueó una ceja y soltó una carcajada burlona y cristalina.

—¿Hombres? Jojo... ¿Medios hombres no querrás decir?

—¡¿Qué dijiste, puta?! —rugió el enano, llevando la mano al mango de su hacha de combate—. ¡Te cortaré los pechos y se los daré de comer a mis cerdos!

—¡Inténtalo cuando quieras, enano barbón! —replicó la maga, encendiendo un destello mágico en la punta de su vara.

—¡Armia, basta! —la interrumpe tajante, poniéndome entre ambos y sujetando el hombro de la elfa—. Modera tu estúpida arrogancia por una vez. Ten en cuenta dónde estamos y contrólate; venimos a registrar el grupo y solicitar un ascenso de rango, no a iniciar una pelea racial en medio del gremio.

El guerrero enano soltó una risotada rasposa, ajustándose el cinturón.

—Hazle caso al mocoso, elfa... No querrás buscarte problemas con... —Se detuvo en seco. Sus ojos se clavaron en la rodela de metal oscuro que llevaba sujeta a mi brazo izquierdo—. Oye, oye... ¿De dónde sacaste ese escudo, muchacho?

—Me lo entregaron como parte de la recompensa por un encargo que completé en el Reino Humano —explicé, manteniendo la guardia.

—¡Eso le pertenece a nuestra gente! —exclamó otro de los suyos, señalándome con un dedo tosco—. Un humano no tiene derecho a portar un artefacto de nuestras forjas. ¡Entrégalo ahora mismo!

Ania se dio la vuelta bruscamente, erguida en toda su imponente estatura. Sus orejas se pegaron a su cabeza y sus garras de lince brotaron de sus dedos en un chasquido.

—¡Atrévete a tocar el escudo de mi macho y te arrancaré la mano de un mordisco! —amenazó la felina con un rugido que hizo eco en las paredes de piedra.

—¡Silencio, maldita bestia de bosque! Te voy a...

—¡SILENCIO! —retumbó una voz femenina, grave y cargada de autoridad, desde el fondo del pasillo.

Una enana anciana, de vestido sobrio y cabellos trenzados con hilos de plata, caminó hacia el grupo con paso firme. Su presencia bastó para que el ambiente se congelara.

—¡M-Madre! —exclamaron al unísono los guerreros, dando un paso atrás con marcada sumisión.

—Malditos muchachos impertinentes... —refunfuñó la anciana, repartiendo un par de miradas severas a su alrededor—. Dejen de causar problemas a los visitantes. Disculpen a mis hijos, jóvenes; son demasiado problemáticos y tienen la cabeza llena de serrín.

La mujer se detuvo a un metro de mí y clavó sus ojos cansinos en los relieves rúnicos de mi brazo izquierdo.

—Me llama la atención ese escudo que portas, chico... Como bien dijeron estos tontos, efectivamente le pertenecía a nuestra familia. Fue el escudo de armas de mi difunto esposo.

Armia dio un paso al frente, bajando ligeramente el tono de su voz pero manteniendo la compostura.

—El escudo fue entregado de forma legítima como pago por una misión de Nivel Platino, Sra. Enana. Si perteneció a su esposo, lamento su pérdida, pero ahora le pertenece a Adamas.

—¡Cállate, puta! Mi madre está...

¡ZAS!

Una bofetada sonora y seca resonó en todo el salón. La anciana le había cruzado el rostro a su propio hijo con una fuerza sorprendente.

—¡Cállate tú! —regañó la matriarca con severidad—. ¡¿Cómo te atreves a hablarle a una mujer de esa forma?! ¿Acaso no ves que yo también soy una mujer? Debería darles vergüenza... Más bien, me da vergüenza a mí haber criado a unos hijos tan inútiles y bocas flojas.

—Perdón, madre... —murmuró el enano, sobándose la mejilla descolorida y bajando la cabeza.

La anciana volvió a mirarme, dejando escapar un suspiro cansado.

—Escuchen... No les estoy pidiendo que me regalen nada. Son aventureros; si ganaron ese artefacto de forma legítima, sé que estará en buenas manos. Sin embargo, creo que podemos llegar a un acuerdo conveniente para ambas partes. Son guerreros de Rango Profesional, ¿no es así? Para ser tan jóvenes, alcanzar ese estatus es una hazaña increíble. Los felicito.

Hizo una breve pausa y continuó:

—Yo conozco personalmente al encargado de administración del gremio en esta jurisdicción, quien asigna los contratos de alto nivel. Puedo usar mi influencia para que a su grupo le otorguen las misiones de mayor prestigio y pago, acelerando su camino al Rango Diamante. Además, puedo ofrecerles alojamiento, comida caliente y la mejor cerveza del mundo en mi establecimiento, completamente gratis... a cambio de que me devuelvan el escudo de mi esposo. ¿Qué dicen?

Sopesé la propuesta durante unos segundos. Pasé los dedos por las correas de cuero del artefacto; aunque era un objeto valioso, mi estilo de esgrima se basaba en la velocidad a dos manos y la fluidez del ataque, por lo que embrazar una rodela pesada entorpecía mis movimientos natos.

—Suena como un trato justo —asentí, desabrochando las hebillas y entregándole el Escudo del Alma con respeto—. De todos modos, no estoy acostumbrado al combate con escudo. Acepto su propuesta. Ellas son Armia y Ania; yo me llamo Adamas Skógarins.

—¡Oh, es verdad! ¿Dónde están mis modales? ¡Qué barbaridad! —sonrió la anciana con calidez, tomando la reliquia entre sus manos con nostalgia—. Les pido disculpas de nuevo. Mi nombre es Louirna, y estos tontos de aquí son mis hijos, Erwimg y Jonas. Es un verdadero placer. Vengan, lleven sus pertenencias a mi posada: será su nuevo hogar mientras permanezcan en Scutdepiatră.

Con la reliquia devuelta a sus dueños originales y con la alianza de la matriarca asegurada, caminamos tras sus pasos. El Reino Enano nos abría sus puertas; el Rango Diamante y la consolidación de nuestra leyenda estaban cada vez más cerca.

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