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La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

—¡Iré enseguida! —respondió Valeria.

El guardaespaldas asintió y se apartó para dejarla pasar.

Valeria caminó hacia la habitación de Damián con el fajo de billetes todavía guardado en el bolsillo de su falda. Había pasado los últimos minutos preguntándose cómo demonios iba a sobrevivir en aquella mansión, y ahora tenía que enfrentarse otra vez al hombre que amenazaba con matarla cada vez que abría la boca.

Tranquila, Valeria. Es un hombre adulto. Un hombre adulto, rico, peligroso y con muy mal carácter. Pero sigue siendo un hombre.

Llegó a la puerta y escuchó un golpe.

Después otro.

—¡LARGO! ¡HE DICHO QUE SE LARGUEN TODOS!

Valeria abrió.

La habitación estaba hecha un desastre otra vez.

Una silla yacía de costado junto a la ventana. Había almohadas en el suelo y una bandeja volcada cerca de la cama. Dos empleados intentaban acercarse al joven, pero Damián los mantenía a raya agitando los brazos con furia.

—¡NO QUIERO QUE NADIE SE ACERQUE! ¡LOS ODIO! ¡ODIO A TODOS!

—Señor, por favor, necesitamos ayudarlo…

—¡FUERA!

Uno de los hombres retrocedió justo cuando Damián lanzó un objeto contra la pared.

Valeria se quedó en el umbral, observándolo.

No parecía estar enfadado por algo tan simple como una comida o una medicina.

Su respiración era agitada. Tenía el cabello pegado a la frente y una mano aferrada al borde de la cama. Cada pocos segundos se encogía, como si algo le provocara un dolor insoportable.

—¡Damián! —lo llamó uno de los empleados—. ¡Tiene que tranquilizarse!

—¡CIERRA LA BOCA!

El hombre miró desesperadamente a sus compañeros.

Valeria comprendió que ninguno sabía qué hacer.

Suspiró y entró en la habitación.

—Vayan.

Todos se volvieron hacia ella.

—¿Qué? —preguntó uno.

—Que se vayan. Yo me encargo.

—Pero el señor…

—¿Quieren ayudarlo o quieren seguir aquí esperando a que les arroje una silla a la cabeza?

Los hombres intercambiaron miradas.

No necesitaron que se lo repitiera.

En pocos segundos, la habitación quedó vacía, salvo por ella y el joven mafioso.

Damián seguía respirando con dificultad.

—¿Tú también quieres que te mate? —preguntó con voz ronca—. ¡Lárgate!

Valeria cerró la puerta.

—No.

—¿Qué has dicho?

—Que no voy a marcharme.

—¡TE HE DICHO QUE TE VAYAS!

Damián se volvió hacia el sonido de su voz y extendió una mano, intentando localizarla.

Valeria se acercó despacio.

—¿Te duele algo?

—¡NO TE IMPORTA!

—Está bien. No me importa.

Él apretó los dientes.

—Entonces, ¿por qué sigues aquí?

Valeria no respondió inmediatamente.

Porque tenía miedo de los hombres de aquella casa.

Porque su marido la había engañado.

Porque no tenía ni idea de cómo salir de allí sin terminar muerta.

Y porque, a pesar de todo, el hombre que tenía delante parecía estar sufriendo de verdad.

—Porque no tienes a nadie aquí que pueda escucharte sin salir corriendo —respondió al final.

Damián se quedó inmóvil.

Solo un instante.

Después soltó una risa amarga.

—No necesito que nadie me escuche.

—Perfecto. No diré nada.

Valeria se acercó un poco más.

—Tampoco tienes que hablar conmigo.

—¿Puedes dejar de decir tonterías?

—Puedo intentarlo, pero no te prometo nada.

Él soltó un gruñido y volvió a encogerse, llevándose una mano a la cabeza.

Valeria dejó de bromear.

—Damián…

—¡NO ME TOQUES!

Pero ella ya había llegado hasta él.

Y, antes de que pudiera pensarlo demasiado, lo abrazó.

Lo rodeó con ambos brazos, apretándolo contra su pecho como si intentara impedir que se desmoronara.

Damián se quedó rígido.

Durante un segundo pareció que no comprendía lo que estaba ocurriendo.

Después estalló.

—¡¿QUÉ DEMONIOS HACES?! ¡SUÉLTAME AHORA MISMO!

Intentó apartarla, empujándola por los hombros.

Valeria no lo soltó.

—Tranquilo…

—¡HE DICHO QUE ME SUELTES!

—Lo he oído.

—¡ENTONCES HAZLO!

—No.

Damián perdió el control.

Giró el rostro hacia ella y hundió los dientes en su hombro.

Valeria soltó un grito ahogado.

El dolor fue tan repentino que sus brazos se aflojaron durante un instante. Sintió cómo los dientes le atravesaban la tela de la blusa y le mordían la piel.

Podría haberlo apartado.

Podría haberle gritado.

Podría haber salido de la habitación y dejarlo solo con su furia.

Pero no lo hizo.

Respiró hondo y mantuvo el abrazo, aunque las lágrimas le picaron en los ojos.

—Está bien —susurró.

Damián seguía aferrado a su hombro.

—Descarga tu ira en mí si lo necesitas. Puedo soportarlo.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.

Poco a poco, la presión de los dientes disminuyó.

Damián abrió la boca y se apartó de golpe.

Su respiración se volvió irregular.

—Yo…

Valeria no se movió.

—Está bien.

—Te he hecho daño.

Su voz había cambiado.

Ya no sonaba furiosa.

Sonaba aterrada.

Damián levantó las manos, palpando el espacio frente a él, como si necesitara comprobar que ella seguía allí.

—¿Estás sangrando?

Valeria miró su hombro. La tela estaba rasgada y empezaba a mancharse de rojo.

Le dolía.

Mucho.

Pero, al escuchar el temblor en la voz del joven, comprendió que él estaba asustado por lo que acababa de hacer.

—Es solo una mordida.

—¡No es solo una mordida!

Damián se llevó las manos a la cabeza.

—Maldita sea…

Su voz se quebró.

Valeria sintió que el cuerpo del joven empezaba a temblar.

—Yo no quería…

No terminó la frase.

Se cubrió el rostro con ambas manos.

Y entonces comenzó a llorar.

No fue un llanto discreto ni silencioso. Fue un sonido desgarrador, contenido durante demasiado tiempo, que parecía arrancarle algo del pecho cada vez que intentaba respirar.

Valeria se quedó inmóvil.

Jamás había imaginado que aquel hombre pudiera llorar.

Damián, el heredero de la mafia. El joven que amenazaba a sus empleados, destrozaba habitaciones y la insultaba cada vez que intentaba ayudarlo.

Ahora estaba sentado en el borde de la cama, con los hombros encogidos y las manos cubriéndole el rostro, llorando como si no pudiera detenerse.

Valeria se acercó de nuevo.

Esta vez, no lo abrazó inmediatamente.

Se sentó a su lado y esperó.

Cuando Damián intentó apartarse, ella le rodeó los hombros con un brazo.

Él no se resistió.

—Está bien —murmuró Valeria—. Está bien.

—No está bien…

Las palabras salieron entrecortadas.

—Nada está bien.

Valeria tragó saliva.

—Lo sé.

—¡No sabes nada!

—Tienes razón. No sé nada.

Ella apoyó suavemente la mejilla contra su cabello.

—No sé qué te ha pasado, no sé por qué estás sufriendo y no sé por qué odias tanto que alguien se acerque a ti.

Damián apretó los puños.

—Entonces déjame solo.

Valeria cerró los ojos.

—Podría hacerlo.

Él dejó de llorar durante un segundo.

—Pero no quiero.

El joven volvió a estremecerse.

Valeria lo abrazó un poco más fuerte, procurando no rozar su propio hombro herido.

—Descarga tu ira. Llora si lo necesitas. Puedes gritar, puedes insultarme, puedes decirme que me vaya otras veinte veces.

Hizo una pausa.

—Voy a fingir que no te escucho.

Damián soltó una risa ahogada que terminó convertida en otro sollozo.

—Eres una idiota…

—Sí.

—Una idiota insoportable.

—También.

—Te odio.

Valeria le acarició despacio la espalda.

—Lo sé, cariño.

—¡No me llames cariño!

—Está bien, señor gruñón.

Damián soltó un sonido extraño, a medio camino entre una risa y un llanto.

Y después se derrumbó por completo.

Apoyó la frente contra el hombro sano de Valeria y lloró sin intentar ocultarlo.

Ella no le preguntó por qué.

No le exigió explicaciones.

Tampoco le dijo que todo estaría bien, porque no sabía si eso era cierto.

Simplemente permaneció a su lado.

Acariciándole la espalda.

Sosteniéndolo cuando parecía que ya no podía sostenerse a sí mismo.

Durante mucho tiempo, Damián había aprendido a soportar el dolor en silencio. Había aprendido que mostrar debilidad era peligroso, que la compasión de los demás podía convertirse en un arma y que nadie debía verlo perder el control.

Pero Valeria no intentó aprovecharse de sus lágrimas.

No le pidió nada a cambio.

Ni siquiera intentó descubrir qué estaba ocultando.

Cuando el llanto comenzó a disminuir, el joven seguía aferrado a su ropa.

—No le digas a nadie —murmuró.

Valeria bajó la mirada hacia él.

—¿Qué cosa?

Damián apretó los labios.

—Esto.

Ella fingió pensarlo.

—¿Que el temible señor Damián llora?

Él se tensó inmediatamente.

Valeria le dio unas palmaditas suaves en la espalda.

—Tranquilo. Mi boca está sellada.

—Si se lo cuentas a alguien…

—Me mandarás con los peces. Sí, ya conozco la amenaza.

Damián permaneció callado.

Después, casi en un susurro, preguntó:

—¿Por qué no te has marchado?

Valeria contempló la puerta.

Pensó en su esposo.

En la mentira que la había llevado hasta aquella mansión.

En el dinero que le había entregado el padre de Damián.

Y en la posibilidad de que, si intentaba escapar, aquellos hombres cumplieran sus amenazas.

—Porque no puedo marcharme.

El joven levantó ligeramente la cabeza.

Valeria sonrió con tristeza.

—Pero, aunque pudiera hacerlo, no me habría gustado dejarte así.

Damián no respondió.

Su mano buscó la de ella y, al encontrarla, se aferró a sus dedos.

Fue un gesto pequeño.

Casi involuntario.

Pero Valeria no lo apartó.

—Descansa un poco —susurró—. Voy a quedarme aquí.

Damián cerró los ojos detrás de sus gafas oscuras.

—No te vayas.

Las palabras fueron tan débiles que ella casi no las escuchó.

Valeria sintió una punzada en el pecho.

—No me voy a ir.

Y, por primera vez desde que había llegado a aquella mansión, Damián dejó de luchar contra todo lo que lo rodeaba.

No porque su dolor hubiera desaparecido.

Ni porque confiara de pronto en aquella mujer que apenas conocía.

Sino porque, durante unos minutos, alguien lo había abrazado sin pedirle que fuera fuerte.

Y él estaba demasiado cansado para seguir fingiendo.

Valeria permaneció a su lado hasta que su respiración se tranquilizó.

Solo entonces intentó levantarse.

Pero Damián apretó sus dedos.

—¿Adónde vas?

Ella miró su mano aferrada a la suya.

Después miró su hombro herido.

—A buscar algo para curarme, querido. Porque alguien me ha mordido como si fuera un filete.

Damián se quedó inmóvil.

La vergüenza le subió hasta las orejas.

—Yo…

Valeria sonrió débilmente.

—Tranquilo. No pienso cobrarte la mordida.

Hizo una pausa.

—Aunque, considerando lo que pagan en esta casa, quizá debería empezar a cobrarte por cada cosa que me hagas.

Damián soltó sus dedos despacio.

Y, por primera vez, cuando ella se levantó para marcharse, no la amenazó.

Solo preguntó:

—¿Volverás?

Valeria se volvió hacia él.

—Claro que sí.

—¿Lo prometes?

Ella lo observó durante un instante, sorprendida por la vulnerabilidad que se escondía detrás de aquella pregunta.

—Lo prometo.

Damián asintió.

Valeria salió de la habitación y cerró la puerta con cuidado.

En cuanto estuvo sola en el pasillo, se apoyó contra la pared y miró la mordida en su hombro.

—Maldito loco…

Se le escapó una pequeña risa.

Después suspiró.

—Pero qué triste debes de estar para llorar así, condenado.

No sabía qué había provocado tanto dolor en Damián.

Tampoco sabía que aquella noche acababa de cruzar una frontera invisible.

Porque el joven que no soportaba que nadie lo tocara acababa de pedirle que no se marchara.

Y Damián no era un hombre que pidiera nada.

Mucho menos dos veces.

1
Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
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