Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Jack 2
Fue entonces cuando el hermano del mago Jack vio a Emma.
Sus ojos se desplazaron hacia ella, recorrieron brevemente su uniforme y se detuvieron en las insignias de capitana.
Su sonrisa cambió.
Se volvió más interesada.
—Vaya.. ¿Ahora necesitas una niñera para que te cuide, Jack?
El mago siguió su mirada.
Al ver a Emma, su expresión se iluminó.
—¡Capitana Viceroy! Qué alegría verla.
Emma parpadeó.
[¿Por qué parece tan aliviado? ¿Acaso espera que lo rescate?]
Jack señaló al desconocido con una sonrisa que resultaba sospechosamente satisfecha.
—Tengo magia, no necesito niñera. Además, la capitana puede darte la vuelta de un solo golpe, hermano.
Emma giró lentamente la cabeza hacia él.
[¿Perdón?]
El hombre de cabello blanco soltó una carcajada.
—¿De verdad?
Jack asintió con entusiasmo.
—Absolutamente.
—Qué interesante.
El desconocido se volvió hacia Emma e inclinó ligeramente la cabeza.
—Permítame presentarme. Soy Jared Kovacic, duque de Kovacic.
Emma lo miró.
El apellido le resultaba conocido. La casa Kovacic pertenecía a la nobleza de Sunderland y tenía una influencia considerable en los asuntos políticos del reino.
Un duque.
Por supuesto.
Porque aquella tarde necesitaba desesperadamente otro noble con una opinión excesivamente elevada de sí mismo.
Emma hizo una reverencia formal.
—Capitana Emma Viceroy, a su servicio, su gracia.
Jared la observó con atención.
—Viceroy. ¿La hija de Lord Viceroy?
—La misma.
—He oído hablar de usted.
Emma mantuvo la expresión neutral.
—Espero que hayan sido comentarios favorables.
Jared sonrió.
—Oh, no se preocupe. Si hubieran sido desfavorables, seguramente serían mucho más interesantes.
Emma sintió una inmediata antipatía hacia él.
No tenía una razón concreta.
Todavía.
Pero había algo en aquella sonrisa que le recordaba a los cadetes que disfrutaban provocando a los demás solo para comprobar cuánto tardaban en perder la paciencia.
Y Emma había pasado demasiados años lidiando con hombres así.
Jack, mientras tanto, parecía encantado de que su hermano hubiera encontrado un nuevo objetivo.
—Jared, ya has molestado bastante. ¿Por qué no te marchas?
El duque lo miró con fingida sorpresa.
—¿Quieres que me vaya?
—Sí.
—¿Ahora mismo?
—Sí.
—Qué decepción. Y yo que pensaba comenzar a visitarte más seguido.
Jack se quedó inmóvil.
—No te atreverías.
Jared sonrió.
—Por supuesto que me atrevería.
—Tengo responsabilidades.
—Precisamente. Ahora tienes responsabilidades más interesantes.
El mago parecía a punto de sufrir una crisis.
Emma decidió intervenir antes de que Jack comenzara a invocar un relámpago en mitad del corredor.
—Su gracia, quizá debería permitir que el mago Jack continúe con sus obligaciones.
Jared volvió la mirada hacia ella.
Durante un instante, su expresión se suavizó.
Después apareció nuevamente aquella sonrisa burlona.
—¿Está ordenándome que me marche, capitana?
—Le estoy recordando que el mago tiene trabajo pendiente.
—Qué considerada.
Emma sostuvo su mirada.
—Intento serlo.
Jared inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces procuraré no abusar de su amabilidad.
Emma sospechó que acababa de decir exactamente lo contrario de lo que pensaba hacer.
El duque se volvió hacia su hermano.
—Hasta pronto, Jack.
—Espero que sea dentro de varios meses.
—Yo también te quiero.
—¡No he dicho eso!
Jared se echó a reír.
Después volvió a mirar a Emma.
—Ha sido un placer conocerla, capitana Viceroy.
—El sentimiento no es necesariamente mutuo, su gracia.
Jack abrió los ojos.
El duque se quedó en silencio.
Y, por primera vez desde que había aparecido, Emma consiguió sorprenderlo.
Jared comenzó a reír.
No una risa educada, sino una carcajada auténtica.
—Excelente.
Emma frunció el ceño.
—¿Disculpe?
—Nada. Simplemente comienzo a comprender por qué mi hermano parece tan contento de haberla encontrado.
Jack aprovechó la distracción para alejarse.
—¡Me voy a trabajar! ¡Y tú no vuelvas a buscarme hasta la próxima semana!
—Por supuesto, querido hermano.
—¡Jared!
—¡Te quiero!
El mago desapareció por el corredor, murmurando algo sobre las familias, la magia y la necesidad de trasladarse a un reino donde nadie conociera su nombre.
Emma lo observó marcharse.
Después volvió la mirada hacia el duque.
Jared seguía sonriendo.
—Parece que mi presencia no es particularmente apreciada en el palacio..
Emma cruzó los brazos.
—No me corresponde opinar sobre sus relaciones familiares, su gracia.
—Pero sí puede opinar sobre mí.
—No veo ninguna razón para hacerlo.
—¿Ni siquiera una pequeña?
Emma lo miró con absoluta frialdad.
—Ninguna.
Jared sonrió todavía más.
—Qué lástima. Me habría encantado escucharla.
La capitana tuvo que recordarse que estaba hablando con un duque.
Un noble de alto rango.
Un miembro de una familia influyente.
Un hombre al que debía tratar con la cortesía que correspondía a su posición.
[Qué hombre tan irritante.]
Jared dio un paso atrás.
—Volveremos a vernos, capitana.
Emma no respondió.
El duque inclinó la cabeza y se marchó con una tranquilidad que resultaba ofensiva.
Ella permaneció en el corredor, observándolo alejarse.
No sabía qué había querido decir con aquello de volver a verse.
Tampoco le interesaba descubrirlo.
Tenía planos que revisar, rutas que comprobar y una alumna que, con toda probabilidad, volvería a asegurarle al día siguiente que el rey era maravilloso.
Aquello ya constituía suficiente trabajo para una mujer.
No necesitaba añadir un duque insoportable a sus responsabilidades.
Emma regresó a su oficina, cerró la puerta y se sentó frente al escritorio.
Tomó la pluma.
Miró el plano.
Intentó concentrarse.
Pero, por alguna razón, recordó la sonrisa de Jared Kovacic.
La forma en que la había observado.
La manera en que parecía divertirse cuando ella se negaba a seguirle el juego.
Emma frunció el ceño.
—No..
Volvió a mirar el plano.
—Absolutamente no.
Tomó una regla y comenzó a marcar la ruta de seguridad.
[He sobrevivido a una academia militar, he conseguido un rango que muchos hombres consideraban imposible para una mujer y ahora trabajo directamente para la familia real. No voy a permitir que un duque arrogante me haga perder la concentración.]
La pluma se detuvo.
Emma apretó los labios.
[Especialmente uno con una sonrisa tan irritante.]
Se quedó inmóvil.
Después dejó la pluma sobre el escritorio con un suspiro.
—Esto es absurdo.
Se levantó, caminó hasta la ventana y contempló los jardines.
A lo lejos, algunos guardias realizaban sus rondas mientras los funcionarios cruzaban los senderos con documentos bajo el brazo.
La vida continuaba.
El palacio seguía lleno de obligaciones.
Lady Alana probablemente estaría buscando al rey para contarle alguna nueva idea.
Jack estaría intentando encontrar una excusa para regresar a casa.
Eric seguramente estaría interrogando a Ellie sobre Anthony Parisi.
Y Emma...
Emma Viceroy tenía la firme intención de continuar con su trabajo sin distraerse por un duque que parecía disfrutar demasiado de su propia existencia.
No tenía tiempo para hombres arrogantes.
No tenía paciencia para juegos sociales.
Y definitivamente no tenía ningún interés en Jared Kovacic.
Absolutamente ninguno.
Aunque, si hubiera sido un poco más observadora, quizá habría notado que el duque no había preguntado su nombre por cortesía.
Ya lo conocía.
Había escuchado hablar de la capitana que había conseguido abrirse camino en un ejército que no estaba acostumbrado a aceptar mujeres entre sus oficiales.
Y había acudido al palacio aquella tarde esperando encontrar a su hermano.
No esperaba encontrarla a ella.
Mucho menos descubrir que la capitana Viceroy tenía una lengua tan afilada como su espada.
Jared Kovacic abandonó el corredor con una sonrisa satisfecha.
[Esto acaba de volverse mucho más interesante.]
Y, por primera vez en mucho tiempo, el duque encontró una razón excelente para regresar al palacio al día siguiente.
Emma, por supuesto, todavía no lo sabía.
Pero su tranquilidad tenía los días contados.
Eso quiere decir que ya no serán de Época Antigua???😨😨😨
Yo espero con ansias historias del Reino Mágico donde hay Cambia Formas (disculpr olvide el nombre).