Tras cansarse de la misma rutina de dos años, Jorge decide que ya no aguanta más estar así, pero una invitación inesperada hace que vea la verdad detrás de todo, ¿cambiará algo o todo seguirá siendo igual?
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Capítulo X
--Jorge--
- ¿Cuál es la tradición de hoy? -- pregunto a mi jefa.
- No estoy segura, creo que era algo sobre un tesoro bajo el agua -- responde ella con la vista fija en una revista.
Hoy estamos en la piscina, todos están con sus parejas bajo la sombra de una sombrilla y tirados sobre las tumbonas. Mi jefa está igual, recostada sobre la tumbona bajo nuestra sombrilla, con las piernas estiradas, me es imposible no verla.
Lleva puesto un traje de baño con un vestido negro casi transparente, su cabello atado con una pinza con algunos cabellos sueltos que caen sobre sus lentes de sol. A diferencia de las demás, que solo llevan puesto un traje de baño, mi jefa llevas más ropa, lo cual siento que es raro que no se deje ver como las demás, pero me agrada la idea de que nadie la vea tanto.
La vista que he tenido de ella estos días ha sido brutal, después de tantos pensamientos pecaminosos, fantasías en mi cabeza, la he tenido frente a mí usando solo un pijama corto que me ha dejado apreciar más su culo y tetas, he tenido la oportunidad de tocar su larga cabellera y las veces que me imaginé jalándolo mientras la tengo extasiada, uf, de solo pensar en eso me vuelvo loco.
- Hoy está haciendo calor -- dice ella sacándome de mis pensamientos.
- Sí -- digo rápido - ¿Quieres entrar al agua? --pregunto.
- No tengo ganas -- dice ella y señala su mano vendada.
- Yo sí quiero -- digo y me levanto de mi tumbona.
Me quito la camiseta y todos voltean a verme, pero la que me interesa que me mire no me ha quitado la vista de encima desde que estamos aquí. Tomo una respiración profunda y me acerco a mi jefa.
- Actúa natural -- digo y luego tomo su cara y pongo mis labios sobre los suyos.
Ella no reacciona, ni siquiera usa sus manos para empujarme, solo se queda quieta y yo aprovecho la oportunidad de devorar sus labios con tanta hambre que no me sacio, pero me obligo a apartarme. Luego sin esperar respuesta y también huyendo de las consecuencias, me alejo y me meto a la piscina.
Además de mí, hay otro par de personas dentro de la piscina. Mis ojos no se apartan de la rubia, ella se levanta de la tumbona y camina hacia la piscina meneando sus caderas flacas, se mete al agua y empieza a nadar en mi dirección.
Yo sonrío y me acerco a la escalera y justo cuando ella viene llegando a mí, la ignoro y me salgo para luego caminar hacia donde está mi jefa.
Ella me mira con una mirada asesina mientras tomo una toalla para secarme.
- ¿Qué acabas de hacer? -- pregunta ella, su expresión está serena, pero su tono bajo demuestra lo contrario.
- Estoy cumpliendo mi papel de novio -- digo yo con el mismo volumen.
Tomo un camarón de la mesita entre las tumbonas y lo mojo en la salsa negra para luego comerlo, ella sigue mirándome como si quisiera matarme. Sé que me estoy pasando de la raya y, al parecer, a ella no le agradó para nada, pero solo quiero ayudarla, también me estoy aprovechando de la situación, pero lo más importante para mí es que ninguna de esas víboras quieran humillarla más y sacar su lado seguro aquí frente a todos.
Ella no me habla más durante todo el rato y de los nervios, me termino comiendo todos los aperitivos de la mesita, luego uno de los empleados vuelve con más.
La rubia me ha estado observando, pero su novio la ha estado distrayendo, lo que aprovecho para ir al baño rápidamente.
Al entrar al baño hago mis necesidades y cuando salgo a lavarme las manos ella llega por detrás y la miro a través del espejo.
- Te equivocaste -- digo sin una pizca de empatia en mi voz.
- No, no lo hice -- dice ella coqueta.
Su novio entra al baño y veo como su cara pierde la sangre por completo. Yo termino de lavarme las manos y salgo del baño sin mirar a ninguno de los dos, pero antes de salir escucho su conversación.
- ¿Qué haces en el baño de hombres? -- pregunta el sujeto.
- Te estaba esperando, amor, ¿no te quedó clara mi señal? -- responde la rubia, tan natural.
- ¿Estás cachonda? -- pregunta él, su tono empieza a ser seductor.
- Mucho -- contesta ella.
Luego escucho una especie de nalgada y como se encierran en uno de los dos cubículos.
Me alejo del lugar y vuelvo con mi jefa, pero ella se levanta y empieza a caminar alrededor de la piscina, yo la sigo.
- Cuando regresemos -- dice ella volteando a verme - Estáras despedido -- agrega.
- Puedo conseguir otro trabajo -- digo despreocupado y ella se detiene.
- Eres un... Un idiota -- dice en voz baja.
- ¿Soy un idiota por preocuparme por ti? --pregunto.
- No, eres un idiota por ir... -- responde ella, pero se interrumpe cuando la rubia y el novio nos pasan por un lado.
- Eso estuvo caliente, bebé -- dice el sujeto cuando pasan y le da una nalgada suave al trasero flaco de la rubia.
- ¿Entonces? -- pregunto y mi jefa vuelve a poner su atención en mí - ¿Por qué soy un idiota? -- agrego.
Ella me mira, luego a la parejita feliz y devuelta a mí.
- No quiero hablar más de eso -- dice empieza a caminar.
- Vayamos a la habitación si quieres, allá podremos hablar mejor -- digo.
- La tradición debe estar a punto de empezar -- dice ella y luego me mira - Deberíamos volver a nuestra mesa, podrías resfriarte -- agrega y una repentina brisa me hace temblar.
Mis shorts aún están mojados y mi cuerpo se secó al aire libre, ya que, cuando iba a secarme con la toalla, ella se fue y empecé a seguirla.
Cuando volvemos, me siento en la tumbona, ella toma una toalla más grande y la coloca sobre mis hombros. Ese acercamiento hace que sus tetas jugosas queden en mi cara y sin poder evitarlo me acerco y muerdo una suavemente.
- ¿Qué crees que haces? -- pregunta ella tocándose la zona donde mordí.
- Creo que así es más creíble la actuación -- digo y cierro mis ojos esperando que esa excusa patética funcione.
- Tengo que ir al baño -- dice rápido y se va.
Yo me quedo esperando bien a gusto comiendo otro aperitivo y sujetando la toalla que mi jefa puso sobre mí. Mi sonrisa debe verse grande en estos momentos.
Después de varios minutos mi jefa vuelve y se sienta en la tumbona sin siquiera mirarme y abre la revista. Yo veo su nariz enrojecida y sin pensarlo dos veces me acerco a ella.
- Quítate de ahí -- dice ella cuando yo me siento en su tumbona.
- ¿Qué pasó? -- pregunto, la sonrisa y la sensación de hace un momento se desvanece y llega la preocupación y la rabia.
- No ha pasado nada -- responde ella.
Yo aparto la revista y bajo sus lentes de sol solo un poco, al hacerlo veo sus ojos enrojecidos y sus largas pestañas húmedas por las lágrimas que derramó.
- ¿Te conseguiste con tu madre? -- pregunto, pero ella solo se sube los lentes de nuevo y se cruza de brazos - ¿Quién fue? -- agrego.
- No es nada, ya déjalo así y no empeores las cosas -- dice ella con su voz quebrada.
Desde que la conozco, hace un poco más de dos años, nunca la había escuchado hablar así, como si las palabras la rompieran por dentro al pronunciarlas, como si dijera algo más seria su punto de quiebre para llorar desconsoladamente.
Me siento terriblemente fatal, quiero ayudarla y no sé cómo hacerlo, siento que lo que hago no la ayuda en nada, como si no pudiese liberarla de esta maldita familia.
Veo una lagrima deslizarse por su mejilla y la limpio con mi pulgar, luego intento acercarme más a ella, pero su padre llega y empieza a hablar.