NovelToon NovelToon
El Peso De Las Sombras

El Peso De Las Sombras

Status: En proceso
Genre:CEO / Casos sin resolver / Romance de oficina
Popularitas:37
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

Elena Marín ha construido una vida perfecta sobre la precisión de su trabajo como restauradora de arte: reparar lo roto y disimular las grietas. Sin embargo, la noche en que su prometido, el influyente magnate Julián Valdés, es brutalmente asesinado, su fachada de control se desmorona por completo.

Mientras las pistas comienzan a incriminarla y una sustancia sintética amenaza la claridad de sus propios recuerdos, Elena deberá descifrar la verdad detrás del imperio Valdés antes de que las mentiras reprimidas y la trampa orquestada a su alrededor la condenen para siempre.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: EL INTERROGATORIO A SANGRE FRÍA

—Quédate aquí y no respires —ordenó Damián en un susurro imperceptible.

Antes de que Elena pudiera detenerlo, se deslizó como una sombra hacia el fondo del pasillo, desapareciendo tras la cortina de terciopelo pesado que daba al almacén de marcos antiguos y la salida de incendios.

El timbre de la puerta principal del taller sonó dos veces, seguido de tres golpes firmes con los nudillos sobre el cristal.

Elena se pasó las manos por la cara, tratando de eliminar el rastro de pánico. Ajustó el cuello de su camisa, recogió el bisturí de la mesa para guardarlo en el cajón y caminó hacia la entrada principal. Al abrir la mirilla de la puerta de madera, la silueta de Gabriel Prado, cubierto con su gabardina oscura y goteando agua de lluvia, ocupaba casi todo el marco.

Elena quitó el cerrojo y abrió unos centímetros.

—Inspector Prado... Es casi la cuatro de la mañana.

—Lo sé, señorita Marín. Lamento la interrupción a esta hora —dijo Gabriel, sin pedir permiso para dar un paso al frente, obligando a Elena a retroceder para dejarlo entrar al vestíbulo. El detective traía una pequeña linterna en la mano y la mirada alerta, moviéndose rítmicamente por los rincones del taller—. Pasaba a verificar que la patrulla de custodia estuviera cumpliendo su función. Pero al ver la luz de la trastienda encendida, creí conveniente revisar que todo estuviera en orden.

—Estaba tratando de organizar mis herramientas... No puedo dormir —mintió Elena, colocándose de espaldas a la cortina del fondo para bloquear la vista.

Gabriel avanzó despacio hacia la mesa de trabajo. Se detuvo a medio metro, observando la lupa de aumento, las soluciones químicas y la mancha de agua que la chaqueta de Damián había dejado sobre el borde de madera.

—Tiene un taller impresionante, señorita Marín. Un lugar donde lo roto vuelve a parecer nuevo. Una lástima que el pasado no se pueda restaurar con la misma facilidad con la que usted arregla un lienzo.

—¿A qué se refiere, inspector?

Gabriel no contestó de inmediato. Pasó el dedo índice sobre la superficie de la mesa y luego se detuvo junto al perchero. Inclinó la cabeza. En el suelo, junto a las patas del mueble, yacía un objeto pequeño que brillaba bajo la luz halógena: un gemelo de camisa de plata con la insignia grabada de la familia Valdés.

Gabriel se agachó con parsimonia, sacó un pañuelo de su bolsillo y recogió el gemelo.

—Julián no usaba este modelo —comentó Gabriel, sosteniendo el objeto a la altura de los ojos de Elena—. Este diseño pertenece a las colecciones antiguas de la familia. Específicamente, a la línea personalizada que solía encargar su cuñado, Damián Valdés, antes de su súbita marcha del país.

Elena sintió que el aire se le resecaba en la garganta.

—Ese gemelo debe llevar meses ahí... Damián solía visitar el taller cuando aún vivía en la ciudad.

—Curioso —dijo Gabriel, acercándose un paso más a Elena, fijando sus ojos grises en los de ella con una presión sofocante—. Porque el metal no tiene una sola mota de polvo. Y la mancha de barro que tiene en el reverso está tan fresca como la que traía usted en los zapatos cuando la encontré en la mansión.

Gabriel inclinó la cabeza hacia el pasillo del fondo, olfateando sutilmente el aire.

—¿Huele eso, señorita Marín? Tabaco rubio y lluvia. Un aroma demasiado masculino para una mujer que afirma estar sola organizando sus herramientas a las cuatro de la madrugada.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play